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  España  Castilla y León  Del silencio mecánico al movimiento digital en La Casa Lis
Castilla y LeónEspaña

Del silencio mecánico al movimiento digital en La Casa Lis

11 de enero de 2026
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Salamanca vuelve a dialogar con uno de los sueños más antiguos de la humanidad: el de dar vida a lo inerte. Lo hace desde el Museo Art Nouveau y Art Déco-Casa Lis, que abrió al público el pasado lunes, 22 de diciembre, la exposición ‘Autómatas. De la cuerda al código’, una propuesta que conecta arte, artesanía, mecánica y tecnología para devolver simbólicamente el movimiento y el sonido a una de las colecciones más singulares del museo.. La muestra invita al visitante a adentrarse en un universo donde el ingenio humano trató de imitar la vida mucho antes de la era digital. Muñecos de cuerda creados a finales del siglo XIX, concebidos para moverse, tocar música o repetir gestos humanos, permanecen hoy expuestos de forma estática por razones de conservación. La exposición plantea una solución inédita a esa paradoja: mantener intactos los originales y, al mismo tiempo, permitir que vuelvan a moverse gracias a la creación de gemelos digitales.. El recorrido ofrece dos formas complementarias de visita. Por un lado, una experiencia analógica y tradicional, con los autómatas originales expuestos en vitrinas, perfectamente iluminados y contextualizados mediante gráficas explicativas. Por otro, una experiencia digital opcional que permite ver y escuchar a estos autómatas en movimiento a través de tablets y auriculares facilitados por el museo, escaneando códigos QR distribuidos a lo largo del recorrido.. El director del Museo Casa Lis, Pedro Pérez Castro, explica a Ical que la idea de esta exposición surge en un contexto marcado por la llegada de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías a los museos. “Estamos todos planteándonos cómo utilizar estas nuevas tecnologías para facilitar la difusión y el conocimiento de los fondos que conservamos”, señala. En el caso del Museo Casa Lis, la colección de autómatas ofrecía un campo especialmente propicio para explorar esta vía.. Los autómatas, recuerda, son “muñecos de cuerda creados a finales del siglo XIX” que, por su propia naturaleza y fragilidad, deben permanecer inmóviles en las salas del museo. Hasta ahora, estos mecanismos solo se ponían en funcionamiento de manera muy excepcional y con fines conservativos. “Normalmente los poníamos una vez al año en marcha y además lo hacíamos de forma pública”, explica Pérez Castro, subrayando que no era posible hacerlo de forma constante.. La creación de gemelos digitales ha cambiado radicalmente ese escenario. Gracias a esta tecnología, el visitante puede contemplar los autómatas “en su estado natural, tal y como se consiguieron”, con sus movimientos y sus músicas originales, sin que los delicados mecanismos centenarios sufran desgaste alguno. La antigua llave manual que activaba estos ingenios ha sido sustituida por el código digital.. La exposición no se limita a mostrar piezas excepcionales, sino que propone también un recorrido histórico por el origen y la evolución de los autómatas. Desde las primeras figuras ideadas por ingenieros egipcios hasta las esculturas impulsadas por vapor en la Grecia clásica, el deseo de imitar la vida ha acompañado al ser humano durante siglos. En el Renacimiento, estos artefactos reaparecieron como símbolos del poder de la razón y del conocimiento científico.. Sin embargo, fue en los siglos XIX y XX cuando los autómatas alcanzaron su máximo esplendor. En una Europa fascinada por el progreso técnico, estos juguetes mecánicos se convirtieron en protagonistas de los salones burgueses. Más allá de su valor decorativo, eran símbolos de innovación tecnológica y de una sociedad que confiaba en la capacidad de la máquina para reproducir la vida de forma bella y opulenta.. Los grandes talleres de la época, como Vichy, Lambert, Roullet & Decamps o Jumeau, reunían a relojeros, escultores, pintores y modistas para crear auténticas obras de arte. Cada autómata requería semanas de trabajo: los rostros se modelaban en porcelana biscuit, los trajes se cosían a mano y los mecanismos se ensamblaban con una precisión milimétrica. En su interior, sistemas de levas y cilindros musicales sincronizaban gestos y sonidos para crear una ilusión casi perfecta.. Las temáticas de estos autómatas reflejaban los gustos y valores de la época. Bailarinas y músicos evocaban la elegancia y el refinamiento artístico; payasos y acróbatas aportaban humor y fantasía; personajes folclóricos conectaban con la vida cotidiana. También eran frecuentes las figuras femeninas idealizadas, concebidas desde una mirada decimonónica que asociaba delicadeza y quietud con el ideal de refinamiento.. Actualización al método digital. Con el paso del tiempo, la conservación del patrimonio impuso un silencio forzado a estos ingenios mecánicos. Nacidos para moverse y sonar, los autómatas tuvieron que permanecer en reposo para garantizar su preservación. La exposición ‘Autómatas. De la cuerda al código’ aborda directamente esa contradicción y la convierte en el eje de su propuesta.. El proyecto de digitalización desarrollado por el Museo Casa Lis ha permitido superar esta limitación mediante un proceso técnico complejo y riguroso. Escaneado 3D con láser, sistemas multicámara sincronizados, fotogrametría, captura volumétrica 4D y animación han hecho posible preservar la geometría, la textura, los gestos y las músicas originales de cada pieza.. “Es una técnica complicada”, reconoce Pérez Castro, pero una vez obtenidos los gemelos digitales, “podemos hacer verdaderas maravillas”. No solo en el ámbito expositivo, sino también en la difusión de la colección a través de internet y las redes sociales. El resultado es una recreación virtual que, según el director del museo, se parece “al 100 por 100 a los originales”.. El visitante puede comprobarlo directamente en sala. La pieza original permanece protegida en su vitrina, acompañada de su contexto histórico, mientras que en la tablet aparece su gemelo digital, reproduciendo con exactitud sus movimientos y su música. “Puede compararlo y ver perfectamente que es una realidad virtual exacta del modelo original”, explica.. Dos modelos de visita compatibles. La exposición ofrece al público la libertad de elegir cómo quiere acercarse a los autómatas. La visita digital no es obligatoria. Quien lo prefiera puede recorrer las salas de forma tradicional, contemplando las piezas y leyendo las explicaciones. Quien opte por la experiencia digital puede hacerlo mediante un suplemento de dos euros sobre la entrada general.. Esta doble propuesta ha permitido al museo iniciar también un trabajo de investigación sobre los públicos. “Estamos haciendo un trabajo de investigación de públicos, cómo reaccionan los distintos visitantes a estas nuevas alternativas”, señala Pérez Castro. Las primeras semanas, coincidiendo con el periodo navideño, han servido como un primer laboratorio.. Según explica, la exposición está atrayendo especialmente al turismo familiar. En ese contexto, se está produciendo una escena que el director del museo describe como significativa: “Son los nietos los que están solicitando la tablet”, pero, a su vez, “el nieto lo que hace es enseñarle al abuelo esta utilización de estas nuevas técnicas”. El resultado es una interacción intergeneracional que el museo está estudiando metodológicamente.. El objetivo es analizar cómo reaccionan distintos grupos de edad, desde los más jóvenes hasta lo que Pérez Castro denomina la generación boomer, así como evaluar la integración de este tipo de experiencias en otros perfiles de visitantes, incluido el turismo internacional. “Todo esto lo vamos a estudiar y a evaluar metodológicamente”, subraya.. Tecnología, patrimonio y cautela. Más allá del impacto inmediato en el público, la exposición plantea también una reflexión sobre el uso de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en el ámbito del patrimonio cultural. Para el director del Museo Casa Lis, estas herramientas ofrecen grandes posibilidades, pero deben aplicarse con cautela.. “El uso de la inteligencia artificial es interesante desde el punto de vista de la difusión y la conservación”, afirma, aunque advierte del riesgo de crear realidades virtuales que no se correspondan con la experiencia presencial del museo. En ese sentido, defiende que la aplicación de estas tecnologías debe estar siempre al servicio del objeto patrimonial y no sustituirlo.. En el caso de los autómatas, considera que la utilización de gemelos digitales era especialmente adecuada. “Lo llamamos ‘de la cuerda al código’ porque a través del código podemos hacer que los visitantes vean algo que antes no podían ver”, explica. Esa posibilidad de recuperar el movimiento y la música sin alterar el original justifica, a su juicio, el uso de la tecnología.. La sorpresa como punto de partida. Preguntado por lo que espera que el visitante se lleve de la exposición, Pérez Castro reconoce que todavía es pronto para extraer conclusiones definitivas. La experiencia está siendo observada y analizada, pero las primeras sensaciones son “muy optimistas”, con una participación creciente y un interés especial por parte de las nuevas generaciones, que acaban implicando también a los adultos.. Si tuviera que resumir la exposición en una sola palabra, el director del Museo Casa Lis lo tiene claro: “Sorpresa”. Una sorpresa que nace del encuentro entre una tecnología que parece conocida y un patrimonio que, gracias a ella, se revela bajo una nueva luz.. ‘Autómatas. De la cuerda al código’ propone así un viaje en el tiempo que conecta el asombro de la burguesía europea de hace más de un siglo con las herramientas del siglo XXI. Un instante mágico en el que un autómata, aunque sea de forma virtual, vuelve a moverse al compás de su caja de música, preservando su memoria y su valor patrimonial para el futuro.

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La exposición ‘Autómatas. De la cuerda al código’ combina piezas originales del siglo XIX con gemelos digitales que permiten recuperar su movimiento y su música sin poner en riesgo su conservación

 

Salamanca vuelve a dialogar con uno de los sueños más antiguos de la humanidad: el de dar vida a lo inerte. Lo hace desde el Museo Art Nouveau y Art Déco-Casa Lis, que abrió al público el pasado lunes, 22 de diciembre, la exposición ‘Autómatas. De la cuerda al código’, una propuesta que conecta arte, artesanía, mecánica y tecnología para devolver simbólicamente el movimiento y el sonido a una de las colecciones más singulares del museo.. La muestra invita al visitante a adentrarse en un universo donde el ingenio humano trató de imitar la vida mucho antes de la era digital. Muñecos de cuerda creados a finales del siglo XIX, concebidos para moverse, tocar música o repetir gestos humanos, permanecen hoy expuestos de forma estática por razones de conservación. La exposición plantea una solución inédita a esa paradoja: mantener intactos los originales y, al mismo tiempo, permitir que vuelvan a moverse gracias a la creación de gemelos digitales.. El recorrido ofrece dos formas complementarias de visita. Por un lado, una experiencia analógica y tradicional, con los autómatas originales expuestos en vitrinas, perfectamente iluminados y contextualizados mediante gráficas explicativas. Por otro, una experiencia digital opcional que permite ver y escuchar a estos autómatas en movimiento a través de tablets y auriculares facilitados por el museo, escaneando códigos QR distribuidos a lo largo del recorrido.. El director del Museo Casa Lis, Pedro Pérez Castro, explica a Ical que la idea de esta exposición surge en un contexto marcado por la llegada de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías a los museos. “Estamos todos planteándonos cómo utilizar estas nuevas tecnologías para facilitar la difusión y el conocimiento de los fondos que conservamos”, señala. En el caso del Museo Casa Lis, la colección de autómatas ofrecía un campo especialmente propicio para explorar esta vía.. Los autómatas, recuerda, son “muñecos de cuerda creados a finales del siglo XIX” que, por su propia naturaleza y fragilidad, deben permanecer inmóviles en las salas del museo. Hasta ahora, estos mecanismos solo se ponían en funcionamiento de manera muy excepcional y con fines conservativos. “Normalmente los poníamos una vez al año en marcha y además lo hacíamos de forma pública”, explica Pérez Castro, subrayando que no era posible hacerlo de forma constante.. La creación de gemelos digitales ha cambiado radicalmente ese escenario. Gracias a esta tecnología, el visitante puede contemplar los autómatas “en su estado natural, tal y como se consiguieron”, con sus movimientos y sus músicas originales, sin que los delicados mecanismos centenarios sufran desgaste alguno. La antigua llave manual que activaba estos ingenios ha sido sustituida por el código digital.. La exposición no se limita a mostrar piezas excepcionales, sino que propone también un recorrido histórico por el origen y la evolución de los autómatas. Desde las primeras figuras ideadas por ingenieros egipcios hasta las esculturas impulsadas por vapor en la Grecia clásica, el deseo de imitar la vida ha acompañado al ser humano durante siglos. En el Renacimiento, estos artefactos reaparecieron como símbolos del poder de la razón y del conocimiento científico.. Sin embargo, fue en los siglos XIX y XX cuando los autómatas alcanzaron su máximo esplendor. En una Europa fascinada por el progreso técnico, estos juguetes mecánicos se convirtieron en protagonistas de los salones burgueses. Más allá de su valor decorativo, eran símbolos de innovación tecnológica y de una sociedad que confiaba en la capacidad de la máquina para reproducir la vida de forma bella y opulenta.. Los grandes talleres de la época, como Vichy, Lambert, Roullet & Decamps o Jumeau, reunían a relojeros, escultores, pintores y modistas para crear auténticas obras de arte. Cada autómata requería semanas de trabajo: los rostros se modelaban en porcelana biscuit, los trajes se cosían a mano y los mecanismos se ensamblaban con una precisión milimétrica. En su interior, sistemas de levas y cilindros musicales sincronizaban gestos y sonidos para crear una ilusión casi perfecta.. Las temáticas de estos autómatas reflejaban los gustos y valores de la época. Bailarinas y músicos evocaban la elegancia y el refinamiento artístico; payasos y acróbatas aportaban humor y fantasía; personajes folclóricos conectaban con la vida cotidiana. También eran frecuentes las figuras femeninas idealizadas, concebidas desde una mirada decimonónica que asociaba delicadeza y quietud con el ideal de refinamiento.. Actualización al método digital. Con el paso del tiempo, la conservación del patrimonio impuso un silencio forzado a estos ingenios mecánicos. Nacidos para moverse y sonar, los autómatas tuvieron que permanecer en reposo para garantizar su preservación. La exposición ‘Autómatas. De la cuerda al código’ aborda directamente esa contradicción y la convierte en el eje de su propuesta.. El proyecto de digitalización desarrollado por el Museo Casa Lis ha permitido superar esta limitación mediante un proceso técnico complejo y riguroso. Escaneado 3D con láser, sistemas multicámara sincronizados, fotogrametría, captura volumétrica 4D y animación han hecho posible preservar la geometría, la textura, los gestos y las músicas originales de cada pieza.. “Es una técnica complicada”, reconoce Pérez Castro, pero una vez obtenidos los gemelos digitales, “podemos hacer verdaderas maravillas”. No solo en el ámbito expositivo, sino también en la difusión de la colección a través de internet y las redes sociales. El resultado es una recreación virtual que, según el director del museo, se parece “al 100 por 100 a los originales”.. El visitante puede comprobarlo directamente en sala. La pieza original permanece protegida en su vitrina, acompañada de su contexto histórico, mientras que en la tablet aparece su gemelo digital, reproduciendo con exactitud sus movimientos y su música. “Puede compararlo y ver perfectamente que es una realidad virtual exacta del modelo original”, explica.. Dos modelos de visita compatibles. La exposición ofrece al público la libertad de elegir cómo quiere acercarse a los autómatas. La visita digital no es obligatoria. Quien lo prefiera puede recorrer las salas de forma tradicional, contemplando las piezas y leyendo las explicaciones. Quien opte por la experiencia digital puede hacerlo mediante un suplemento de dos euros sobre la entrada general.. Esta doble propuesta ha permitido al museo iniciar también un trabajo de investigación sobre los públicos. “Estamos haciendo un trabajo de investigación de públicos, cómo reaccionan los distintos visitantes a estas nuevas alternativas”, señala Pérez Castro. Las primeras semanas, coincidiendo con el periodo navideño, han servido como un primer laboratorio.. Según explica, la exposición está atrayendo especialmente al turismo familiar. En ese contexto, se está produciendo una escena que el director del museo describe como significativa: “Son los nietos los que están solicitando la tablet”, pero, a su vez, “el nieto lo que hace es enseñarle al abuelo esta utilización de estas nuevas técnicas”. El resultado es una interacción intergeneracional que el museo está estudiando metodológicamente.. El objetivo es analizar cómo reaccionan distintos grupos de edad, desde los más jóvenes hasta lo que Pérez Castro denomina la generación boomer, así como evaluar la integración de este tipo de experiencias en otros perfiles de visitantes, incluido el turismo internacional. “Todo esto lo vamos a estudiar y a evaluar metodológicamente”, subraya.. Tecnología, patrimonio y cautela. Más allá del impacto inmediato en el público, la exposición plantea también una reflexión sobre el uso de la inteligencia artificial y las nuevas tecnologías en el ámbito del patrimonio cultural. Para el director del Museo Casa Lis, estas herramientas ofrecen grandes posibilidades, pero deben aplicarse con cautela.. “El uso de la inteligencia artificial es interesante desde el punto de vista de la difusión y la conservación”, afirma, aunque advierte del riesgo de crear realidades virtuales que no se correspondan con la experiencia presencial del museo. En ese sentido, defiende que la aplicación de estas tecnologías debe estar siempre al servicio del objeto patrimonial y no sustituirlo.. En el caso de los autómatas, considera que la utilización de gemelos digitales era especialmente adecuada. “Lo llamamos ‘de la cuerda al código’ porque a través del código podemos hacer que los visitantes vean algo que antes no podían ver”, explica. Esa posibilidad de recuperar el movimiento y la música sin alterar el original justifica, a su juicio, el uso de la tecnología.. La sorpresa como punto de partida. Preguntado por lo que espera que el visitante se lleve de la exposición, Pérez Castro reconoce que todavía es pronto para extraer conclusiones definitivas. La experiencia está siendo observada y analizada, pero las primeras sensaciones son “muy optimistas”, con una participación creciente y un interés especial por parte de las nuevas generaciones, que acaban implicando también a los adultos.. Si tuviera que resumir la exposición en una sola palabra, el director del Museo Casa Lis lo tiene claro: “Sorpresa”. Una sorpresa que nace del encuentro entre una tecnología que parece conocida y un patrimonio que, gracias a ella, se revela bajo una nueva luz.. ‘Autómatas. De la cuerda al código’ propone así un viaje en el tiempo que conecta el asombro de la burguesía europea de hace más de un siglo con las herramientas del siglo XXI. Un instante mágico en el que un autómata, aunque sea de forma virtual, vuelve a moverse al compás de su caja de música, preservando su memoria y su valor patrimonial para el futuro.

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