El Condado de Huelva no es solo una comarca vitivinícola; es el legado de la historia de Occidente embotellado. Con 27 bodegas registradas bajo el amparo del Consejo Regulador de su Denominación de Origen Protegida (DOP), el sector afronta actualmente una encrucijada marcada por la memoria de un pasado glorioso y la crudeza de un presente climático y económico exigente. Tras un 2025 «para olvidar», según señala a LA RAZÓN el presidente de la institución, el horizonte de la cosecha de 2026 arroja rayos de esperanza sobre las cepas de la variedad autóctona Zalema, que supone más del 85% de la producción de esta zona. El ejercicio anterior estuvo marcado por la agresividad del mildiu, que mermó las viñas, por ende, el resultado final de la cosecha desde el punto de vista cuantitativo, de forma drástica. «Tuvimos unas pérdidas superiores al 50% de la producción. Fue un verdadero desastre», recuerda Pérez. Sin embargo, la naturaleza parece haber otorgado una tregua. Las lluvias registradas durante los primeros meses del año por el tren de borrascas que afectó a la región andaluza, aunque localmente intensas, han propiciado una brotación que el presidente califica de «muy importante». «La cosecha de este año, de momento, se presenta muy bien. Estamos teniendo una climatología que no está favoreciendo tanto estas enfermedades», asegura con optimismo moderado.. «Pasar de coger 20 millones de kilos de uva a coger 10 escasos tiene una repercusión muy importante en todo: en la bodega, en el campo y en el agricultor», señala, sin dejar de destacar que, a pesar de la escasez de producción en el ciclo anterior, la calidad no se ha visto comprometida. El reciente pleno del Consejo ha calificado la añada recolectada como «muy buena». Según Pérez, tras las catas y clasificaciones de los enólogos, el resultado final es un vino de excelencia, aunque el volumen no haya sido el de otras consechas. Esta falta de producto ha empujado los precios de la uva al alza, una circunstancia que, paradójicamente, señala el camino hacia la supervivencia del sector: la rentabilidad.. Actualmente, el viñedo onubense se encuentra en un punto bajo de superficie. La comarca cuenta con unas 1.800 hectáreas, habiendo caído por debajo de la barrera de las 2.000. «La disminución se debe a la falta de rentabilidad del cultivo», explica el presidente. Para revertir esta tendencia, la estrategia del Consejo Regulador es clara: valorizar el producto para atraer savia nueva al campo, es decir, impulsar el relevo generacional: «En el momento en que la uva valga dinero, será atractiva y atraerá a los jóvenes agricultores a hacer las cosas lo mejor posible», sentencia Pérez.. En esta lucha, las administraciones como la Diputación de Huelva y la Junta de Andalucía han mostrado sensibilidad, «arrimando el hombro» con ayudas directas a quienes sufrieron las mayores pérdidas. En cuanto al futuro, lo tiene claro, pasa por la diferenciación y la innovación. Ante el descenso generalizado del consumo de alcohol, la Denominación de Origen está adaptando sus pliegos de condiciones para amparar nuevas tendencias, como los vinos de baja graduación (5,5 grados) y los vinos sin alcohol. «En las bodegas se está trabajando e investigando. Un vino sin alcohol, ‘stricto sensu’, no es vino, pero al final todos nos acostumbramos», reflexiona Pérez, señalando además el impacto de las restricciones de tráfico como un factor determinante en el cambio de hábitos.. Pero si algo distingue a los caldos onubenses es su relato y así le gusta contarlo a Pérez. La historia del Condado de Niebla –germen de la actual comarca– se remonta al siglo XIV, cuando el Maestre de la Orden de Calatrava, Juan Mestre, inició las plantaciones en Villalba del Alcor en 1327. Documentos del Archivo General de Indias confirman que estos fueron los vinos que abastecieron las carabelas en 1494 y 1495. «Nuestros vinos son los vinos del Descubrimiento, los que llevó Colón a América», destaca el presidente con orgullo.. A este legado histórico se suma el valor ecológico. Los viñedos del Condado son, en esencia, las «viñas de Doñana». Un 99 % son cultivos de secano que mantienen una biodiversidad crucial alrededor del Coto. «Ese mosaico de viñas que están alrededor de Doñana, que se cultivan de forma tradicional como se ha hecho toda la vida, es una baza que tenemos que ser capaces de trasladar al consumidor», afirma Pérez.. El mercado nacional sostiene al sector. Con más de 1,6 millones de visitantes anuales en la provincia de Huelva, el objetivo es el «producto de cercanía». Pérez confía plenamente en el potencial de este público: «Si fuéramos capaces de hacer una promoción adecuada, nada más que con los visitantes que tenemos en la provincia, el potencial de consumo sería enorme».. El reto final es conseguir que el consumidor no solo descubra el vino del Condado, sino que esté dispuesto a pagar un precio que remunere dignamente el esfuerzo del viticultor, asegurando que no desaparezca «ni una sola cepa» de este patrimonio vivo de la humanidad.
El Condado de Huelva, con 27 bodegas activas, afronta con esperanza la nueva cosecha
El Condado de Huelva no es solo una comarca vitivinícola; es el legado de la historia de Occidente embotellado. Con 27 bodegas registradas bajo el amparo del Consejo Regulador de su Denominación de Origen Protegida (DOP), el sector afronta actualmente una encrucijada marcada por la memoria de un pasado glorioso y la crudeza de un presente climático y económico exigente. Tras un 2025 «para olvidar», según señala a LA RAZÓN el presidente de la institución, el horizonte de la cosecha de 2026 arroja rayos de esperanza sobre las cepas de la variedad autóctona Zalema, que supone más del 85% de la producción de esta zona. El ejercicio anterior estuvo marcado por la agresividad del mildiu, que mermó las viñas, por ende, el resultado final de la cosecha desde el punto de vista cuantitativo, de forma drástica. «Tuvimos unas pérdidas superiores al 50% de la producción. Fue un verdadero desastre», recuerda Pérez. Sin embargo, la naturaleza parece haber otorgado una tregua. Las lluvias registradas durante los primeros meses del año por el tren de borrascas que afectó a la región andaluza, aunque localmente intensas, han propiciado una brotación que el presidente califica de «muy importante». «La cosecha de este año, de momento, se presenta muy bien. Estamos teniendo una climatología que no está favoreciendo tanto estas enfermedades», asegura con optimismo moderado.. «Pasar de coger 20 millones de kilos de uva a coger 10 escasos tiene una repercusión muy importante en todo: en la bodega, en el campo y en el agricultor», señala, sin dejar de destacar que, a pesar de la escasez de producción en el ciclo anterior, la calidad no se ha visto comprometida. El reciente pleno del Consejo ha calificado la añada recolectada como «muy buena». Según Pérez, tras las catas y clasificaciones de los enólogos, el resultado final es un vino de excelencia, aunque el volumen no haya sido el de otras consechas. Esta falta de producto ha empujado los precios de la uva al alza, una circunstancia que, paradójicamente, señala el camino hacia la supervivencia del sector: la rentabilidad.. Actualmente, el viñedo onubense se encuentra en un punto bajo de superficie. La comarca cuenta con unas 1.800 hectáreas, habiendo caído por debajo de la barrera de las 2.000. «La disminución se debe a la falta de rentabilidad del cultivo», explica el presidente. Para revertir esta tendencia, la estrategia del Consejo Regulador es clara: valorizar el producto para atraer savia nueva al campo, es decir, impulsar el relevo generacional: «En el momento en que la uva valga dinero, será atractiva y atraerá a los jóvenes agricultores a hacer las cosas lo mejor posible», sentencia Pérez.. En esta lucha, las administraciones como la Diputación de Huelva y la Junta de Andalucía han mostrado sensibilidad, «arrimando el hombro» con ayudas directas a quienes sufrieron las mayores pérdidas. En cuanto al futuro, lo tiene claro, pasa por la diferenciación y la innovación. Ante el descenso generalizado del consumo de alcohol, la Denominación de Origen está adaptando sus pliegos de condiciones para amparar nuevas tendencias, como los vinos de baja graduación (5,5 grados) y los vinos sin alcohol. «En las bodegas se está trabajando e investigando. Un vino sin alcohol, ‘stricto sensu’, no es vino, pero al final todos nos acostumbramos», reflexiona Pérez, señalando además el impacto de las restricciones de tráfico como un factor determinante en el cambio de hábitos.. Pero si algo distingue a los caldos onubenses es su relato y así le gusta contarlo a Pérez. La historia del Condado de Niebla –germen de la actual comarca– se remonta al siglo XIV, cuando el Maestre de la Orden de Calatrava, Juan Mestre, inició las plantaciones en Villalba del Alcor en 1327. Documentos del Archivo General de Indias confirman que estos fueron los vinos que abastecieron las carabelas en 1494 y 1495. «Nuestros vinos son los vinos del Descubrimiento, los que llevó Colón a América», destaca el presidente con orgullo.. A este legado histórico se suma el valor ecológico. Los viñedos del Condado son, en esencia, las «viñas de Doñana». Un 99 % son cultivos de secano que mantienen una biodiversidad crucial alrededor del Coto. «Ese mosaico de viñas que están alrededor de Doñana, que se cultivan de forma tradicional como se ha hecho toda la vida, es una baza que tenemos que ser capaces de trasladar al consumidor», afirma Pérez.. El mercado nacional sostiene al sector. Con más de 1,6 millones de visitantes anuales en la provincia de Huelva, el objetivo es el «producto de cercanía». Pérez confía plenamente en el potencial de este público: «Si fuéramos capaces de hacer una promoción adecuada, nada más que con los visitantes que tenemos en la provincia, el potencial de consumo sería enorme».. El reto final es conseguir que el consumidor no solo descubra el vino del Condado, sino que esté dispuesto a pagar un precio que remunere dignamente el esfuerzo del viticultor, asegurando que no desaparezca «ni una sola cepa» de este patrimonio vivo de la humanidad.
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