España y México —y, en general, toda Hispanoamérica— comparten una relación histórica profunda que ha dejado una huella duradera en la cultura, el arte y la lengua. Este vínculo, forjado a lo largo de siglos, sigue manifestándose hoy en múltiples ámbitos. A veces, esa conexión se revela en forma de curiosidades históricas sorprendentes, como el hecho de que uno de los símbolos más representativos de México, su himno nacional, tenga raíces catalanas.. El responsable de esta historia es Jaime Nunó Roca, nacido en San Juan de las Abadesas (Gerona) en 1824. Fue un músico completo: compositor, director de orquesta y concertista, cuya carrera lo llevó a cruzar el Atlántico en varias ocasiones y a involucrarse en momentos clave de la historia mexicana.. Tras formarse en Europa, Nunó fue nombrado en 1851 director de la banda del Regimiento de la Reina en Barcelona, lo que le llevó a viajar a Cuba. Allí conoció al influyente político mexicano Antonio López de Santa Anna, quien más tarde, al recuperar la presidencia de México en 1853, lo invitó a dirigir las bandas militares del país.. Su llegada coincidió con la convocatoria de un concurso nacional para dotar a México de un himno. La letra ya había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra, pero faltaba la música. Nunó se presentó al certamen junto a otros 25 aspirantes y resultó ganador en 1854. Así nació el Himno Nacional Mexicano, cuya primera interpretación tuvo lugar el 16 de septiembre de ese mismo año en el entonces llamado Teatro Santa Anna de Ciudad de México.. Aunque no era mexicano de nacimiento, Nunó mantuvo una estrecha relación con el país. Tras pasar temporadas en España, acabó instalándose en Nueva York, donde vivió durante años hasta que, en 1901, fue redescubierto por un periodista mexicano. El hallazgo provocó que el entonces presidente Porfirio Díaz lo invitara a México, donde recibió homenajes y participó en actos conmemorativos del himno.. Falleció en 1908 en Nueva York, pero su vínculo con México no terminó ahí. En 1942, el gobierno mexicano trasladó sus restos a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde reposan junto a los de González Bocanegra, como reconocimiento a su contribución a la identidad nacional.. Décadas después, su figura volvió a cobrar relevancia gracias a investigaciones que permitieron recuperar miles de documentos inéditos de su archivo personal. Este redescubrimiento no solo ha enriquecido el conocimiento sobre su vida, sino que también ha impulsado la recuperación de su obra musical, más allá del himno que lo hizo célebre.
Su vida une Europa y América en una historia marcada por la música y la política
España y México —y, en general, toda Hispanoamérica— comparten una relación histórica profunda que ha dejado una huella duradera en la cultura, el arte y la lengua. Este vínculo, forjado a lo largo de siglos, sigue manifestándose hoy en múltiples ámbitos. A veces, esa conexión se revela en forma de curiosidades históricas sorprendentes, como el hecho de que uno de los símbolos más representativos de México, su himno nacional, tenga raíces catalanas.. El responsable de esta historia es Jaime Nunó Roca, nacido en San Juan de las Abadesas (Gerona) en 1824. Fue un músico completo: compositor, director de orquesta y concertista, cuya carrera lo llevó a cruzar el Atlántico en varias ocasiones y a involucrarse en momentos clave de la historia mexicana.. Tras formarse en Europa, Nunó fue nombrado en 1851 director de la banda del Regimiento de la Reina en Barcelona, lo que le llevó a viajar a Cuba. Allí conoció al influyente político mexicano Antonio López de Santa Anna, quien más tarde, al recuperar la presidencia de México en 1853, lo invitó a dirigir las bandas militares del país.. Su llegada coincidió con la convocatoria de un concurso nacional para dotar a México de un himno. La letra ya había sido escrita por el poeta Francisco González Bocanegra, pero faltaba la música. Nunó se presentó al certamen junto a otros 25 aspirantes y resultó ganador en 1854. Así nació el Himno Nacional Mexicano, cuya primera interpretación tuvo lugar el 16 de septiembre de ese mismo año en el entonces llamado Teatro Santa Anna de Ciudad de México.. Aunque no era mexicano de nacimiento, Nunó mantuvo una estrecha relación con el país. Tras pasar temporadas en España, acabó instalándose en Nueva York, donde vivió durante años hasta que, en 1901, fue redescubierto por un periodista mexicano. El hallazgo provocó que el entonces presidente Porfirio Díaz lo invitara a México, donde recibió homenajes y participó en actos conmemorativos del himno.. Falleció en 1908 en Nueva York, pero su vínculo con México no terminó ahí. En 1942, el gobierno mexicano trasladó sus restos a la Rotonda de las Personas Ilustres, donde reposan junto a los de González Bocanegra, como reconocimiento a su contribución a la identidad nacional.. Décadas después, su figura volvió a cobrar relevancia gracias a investigaciones que permitieron recuperar miles de documentos inéditos de su archivo personal. Este redescubrimiento no solo ha enriquecido el conocimiento sobre su vida, sino que también ha impulsado la recuperación de su obra musical, más allá del himno que lo hizo célebre.
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