David de Miranda llega a Madrid con el poso de quien ha aprendido a levantarse desde el abismo. Hubo un tiempo en que tuvo que volver a empezar desde lo más elemental, aprender a caminar, reconstruir el cuerpo y ordenar la cabeza después de que la vida y el toro le pusieran a prueba en su estación más oscura. Desde aquella herida que le partió el camino hasta la gloria reciente (y repetida) de la Puerta del Príncipe, el sevillano ha hecho de la resistencia una forma de destino. Ahora regresa a Las Ventas para afrontar dos tardes en la plaza que desvela a los toreros, la que pesa como una losa y, al mismo tiempo, alimenta los sueños más grandes. En esta plaza sabe bien lo que es salir a hombros, pero, como él mismo reconoce, llega con la necesidad de refrescar ese idilio con Madrid. Lo hace más hecho, más maduro, con la serenidad de quien ya conoce el miedo y también la felicidad de tocar el cielo con las manos, dispuesto a volver a escribir su nombre en la plaza que nunca deja de poner a prueba la verdad de un torero.. La vida le ha obligado a desarrollar la paciencia…. Desde luego, ha sido una década en una situación complicada, pero si ha sido así y he llegado hasta aquí será por algo. Seguro que quedan cosas bonitas por venir y ahora estoy disfrutando muchísimo porque soy consciente de todo.. En 2017 sufrió una grave lesión que le afectó a cuatro vértebras. Tuvo que empezar todo de nuevo. Tanto como aprender a caminar.. Fue el trance más duro de mi vida. Cuatro meses con corsé y collarín rígido, y luego otros cuatro o cinco meses de rehabilitación. Estuve tres meses ingresado en Coslada, en Madrid, en un centro de rehabilitación. Intensifiqué mucho la recuperación para reaparecer cuanto antes. Me llevó un año volver. Luego estaban las secuelas psicológicas.. ¿Le queda ahora alguna secuela de aquel percance?. Tengo una fijación en las cervicales y necesito ir al fisio varias veces a la semana. Sufro muchas contracturas, más que antes, y eso me limita en la preparación. He tenido que modificar mis entrenamientos.. Hemos hablado de la recuperación física, pero ¿cómo fue la psicológica?. En mi caso lo he trabajado yo mismo. Ha sido darle normalidad a las circunstancias que me han ido viniendo. Que haya pasado una vez no significa que tenga que pasar una segunda. Ahora echo la vista atrás y pienso que quizá no debí haber sido tan bruto y tendría que haber recurrido a un profesional. No me habría venido nada mal. Muchas veces no recurres a esa ayuda por miedo a admitir que tienes un problema psicológico o por no querer afrontar el problema.. En 2019 confirma en esta plaza y abre la Puerta Grande. Maravilla. Oxígeno. Y llega la pandemia que todos conocemos y se queda parado. De nuevo.. Ahí antes creía en la mala suerte y ahora pienso que fue buena. En ese momento, tras la Puerta Grande de Madrid, iba a torear muchas corridas. En 2020 empezábamos con Fallas, Valencia y dos tardes en San Isidro, lo que había soñado toda mi vida. Y se frena todo por la pandemia. Le di normalidad, te preguntas por qué, pero lo que no me esperaba es que al volver a la normalidad todo cayera en el olvido. Ahí sí pensé en la mala suerte. Ahora, con el tiempo, creo que fue buena porque no era mi momento. Me ha hecho crecer y madurar. Me llega todo mucho más preparado.. Temporada 2025. Sale usted por la Puerta del Príncipe camino del Guadalquivir…. Fue tocar el cielo con las manos. Es una sensación de tanta felicidad que es difícil de explicar con palabras. Llorar de alegría. Valorar de dónde vienes y ser consciente de todo. El año anterior había cortado dos orejas y no me había servido. Llegaba al año siguiente pensando en el hotel: «El año pasado corté dos orejas y no me sirvió de nada; si hoy no pasa nada igual me tengo que quitar». Y aun así seguía preparándome como si fuera el líder del escalafón.. ¿Qué pasó después?. Que vino un momento muy duro. Hasta entonces le iba dando normalidad a cómo está el sistema. Cuando me llegue el momento voy a estar preparado y no te preocupa otra cosa. Pandemia… es normal. Las empresas miran por su público y David de Miranda ya sonaba lejano. Llegan las dos orejas de Sevilla y me sirve a mí para despertarme de nuevo la ilusión. Y con la Puerta del Príncipe llega el momento muy duro y difícil, porque había abierto la Puerta del Príncipe y era la única que se abrió, y no me abrían las puertas. Psicológicamente se me hacía difícil: no tengo cabida, no tengo hueco, ya más no puedo hacer. Ya no había nada qué hacer.. Y llega Málaga.. José María Garzón tiene esa sensibilidad y me pone, Roca Rey no dice que no y entro en ese cartel con la televisión que amplifica todo. Sevilla fue la plaza que me sacó del ostracismo y Málaga me cambia la vida. En Sevilla embistieron los toros, y a eso se le da menos importancia. En Málaga fue un lote complicado, no era fácil lo que sucedió, y gracias a las cámaras se vio y refresca la memoria. Se acuerdan de que abrí la Puerta del Príncipe y la de Madrid. Ese interés y esas ganas de volver.. ¿Qué le aporta el apoderamiento de un maestro como Enrique Ponce?. Estamos muy ilusionados. Me considero un privilegiado por tener a un maestro que ha conseguido todo con la espada y la muleta para guiarme el camino y enseñarme los pasos a seguir. A veces, delante del toro, te sientes muy solo. Poder mirar a un cómplice, recibir un consejo puntual, es algo que he echado en falta a lo largo de mi carrera. Ahora percibo que el maestro me está aportando esa evolución necesaria. Creo que también es lo que el aficionado espera de mí. Estoy buscando esa vuelta de tuerca, manteniendo la personalidad, pero evolucionando y el maestro me está aportando. Creo que se ha podido ver en Olivenza o en Fallas. En otro momento de mi carrera no hubiera cortado algunas de las orejas. Hay esbozos de lo que voy buscando.. ¿Impone San Isidro?. Madrid es la plaza que nos quita el sueño y en la que todos queremos triunfar. He tenido la suerte de hacerlo y es algo tan grande… Soñar cada día de tu vida con un triunfo en Madrid es inigualable. Tener dos tardes en la feria es algo por lo que he luchado muchos años. Ojalá pueda ser una feria importante.. Es un sueño… ¿Y una losa?. Madrid pesa. Todos los compañeros lo hablamos: el toro que sale en Madrid es un toro que da miedo. Es una plaza exigente, con mucha personalidad, que hace que pasemos mucho miedo y tengamos muchas dudas. Pero cuando percibe que está pasando algo de verdad, se entrega. Y ahora llego en un momento de mayor madurez.. Una historia nada fácil de fe y superación. David de Miranda ha construido su carrera a golpe de fe, resistencia y una inquebrantable fidelidad a sí mismo. Su historia está marcada por la capacidad de levantarse una y otra vez cuando todo parecía ponerse en contra. En 2017 sufrió uno de los percances más graves de su trayectoria: una cogida le lesionó cuatro vértebras y le obligó a empezar casi desde cero. Tuvo que aprender a andar de nuevo, en un proceso de recuperación tan duro como silencioso que se prolongó durante un año entero. Aquel episodio no solo puso a prueba su cuerpo, sino también su fortaleza mental y su vocación. En 2019 llegó a Madrid para confirmar en Las Ventas y abrió la Puerta Grande, un triunfo rotundo que parecía destinado a cambiar el rumbo de su carrera. Pero la pandemia irrumpió de manera inesperada y detuvo en seco esa proyección. Cuando el toreo recuperó la normalidad, pocos parecían acordarse de él. Regresó entonces a Sevilla y cortó dos orejas, aunque tampoco fue suficiente para consolidar el sitio que merecía. Ni siquiera la histórica Puerta del Príncipe del pasado año terminó de traducirse en el reconocimiento esperado. Fue Málaga, con una tarde decisiva, la que supuso el gran giro de su carrera. En 2026 ha salido por la del Príncipe de nuevo.
El torero onubense, que cierra hoy su paso por la feria madrileña, es uno de esos seres privilegiados que ya no se asustan con el éxito ni el fracaso, pues ha estado en ambos y ha salido ileso
David de Miranda llega a Madrid con el poso de quien ha aprendido a levantarse desde el abismo. Hubo un tiempo en que tuvo que volver a empezar desde lo más elemental, aprender a caminar, reconstruir el cuerpo y ordenar la cabeza después de que la vida y el toro le pusieran a prueba en su estación más oscura. Desde aquella herida que le partió el camino hasta la gloria reciente (y repetida) de la Puerta del Príncipe, el sevillano ha hecho de la resistencia una forma de destino. Ahora regresa a Las Ventas para afrontar dos tardes en la plaza que desvela a los toreros, la que pesa como una losa y, al mismo tiempo, alimenta los sueños más grandes. En esta plaza sabe bien lo que es salir a hombros, pero, como él mismo reconoce, llega con la necesidad de refrescar ese idilio con Madrid. Lo hace más hecho, más maduro, con la serenidad de quien ya conoce el miedo y también la felicidad de tocar el cielo con las manos, dispuesto a volver a escribir su nombre en la plaza que nunca deja de poner a prueba la verdad de un torero.. La vida le ha obligado a desarrollar la paciencia…. Desde luego, ha sido una década en una situación complicada, pero si ha sido así y he llegado hasta aquí será por algo. Seguro que quedan cosas bonitas por venir y ahora estoy disfrutando muchísimo porque soy consciente de todo.. En 2017 sufrió una grave lesión que le afectó a cuatro vértebras. Tuvo que empezar todo de nuevo. Tanto como aprender a caminar.. Fue el trance más duro de mi vida. Cuatro meses con corsé y collarín rígido, y luego otros cuatro o cinco meses de rehabilitación. Estuve tres meses ingresado en Coslada, en Madrid, en un centro de rehabilitación. Intensifiqué mucho la recuperación para reaparecer cuanto antes. Me llevó un año volver. Luego estaban las secuelas psicológicas.. ¿Le queda ahora alguna secuela de aquel percance?. Tengo una fijación en las cervicales y necesito ir al fisio varias veces a la semana. Sufro muchas contracturas, más que antes, y eso me limita en la preparación. He tenido que modificar mis entrenamientos.. Hemos hablado de la recuperación física, pero ¿cómo fue la psicológica?. En mi caso lo he trabajado yo mismo. Ha sido darle normalidad a las circunstancias que me han ido viniendo. Que haya pasado una vez no significa que tenga que pasar una segunda. Ahora echo la vista atrás y pienso que quizá no debí haber sido tan bruto y tendría que haber recurrido a un profesional. No me habría venido nada mal. Muchas veces no recurres a esa ayuda por miedo a admitir que tienes un problema psicológico o por no querer afrontar el problema.. En 2019 confirma en esta plaza y abre la Puerta Grande. Maravilla. Oxígeno. Y llega la pandemia que todos conocemos y se queda parado. De nuevo.. Ahí antes creía en la mala suerte y ahora pienso que fue buena. En ese momento, tras la Puerta Grande de Madrid, iba a torear muchas corridas. En 2020 empezábamos con Fallas, Valencia y dos tardes en San Isidro, lo que había soñado toda mi vida. Y se frena todo por la pandemia. Le di normalidad, te preguntas por qué, pero lo que no me esperaba es que al volver a la normalidad todo cayera en el olvido. Ahí sí pensé en la mala suerte. Ahora, con el tiempo, creo que fue buena porque no era mi momento. Me ha hecho crecer y madurar. Me llega todo mucho más preparado.. Temporada 2025. Sale usted por la Puerta del Príncipe camino del Guadalquivir…. Fue tocar el cielo con las manos. Es una sensación de tanta felicidad que es difícil de explicar con palabras. Llorar de alegría. Valorar de dónde vienes y ser consciente de todo. El año anterior había cortado dos orejas y no me había servido. Llegaba al año siguiente pensando en el hotel: «El año pasado corté dos orejas y no me sirvió de nada; si hoy no pasa nada igual me tengo que quitar». Y aun así seguía preparándome como si fuera el líder del escalafón.. ¿Qué pasó después?. Que vino un momento muy duro. Hasta entonces le iba dando normalidad a cómo está el sistema. Cuando me llegue el momento voy a estar preparado y no te preocupa otra cosa. Pandemia… es normal. Las empresas miran por su público y David de Miranda ya sonaba lejano. Llegan las dos orejas de Sevilla y me sirve a mí para despertarme de nuevo la ilusión. Y con la Puerta del Príncipe llega el momento muy duro y difícil, porque había abierto la Puerta del Príncipe y era la única que se abrió, y no me abrían las puertas. Psicológicamente se me hacía difícil: no tengo cabida, no tengo hueco, ya más no puedo hacer. Ya no había nada qué hacer.. Y llega Málaga.. José María Garzón tiene esa sensibilidad y me pone, Roca Rey no dice que no y entro en ese cartel con la televisión que amplifica todo. Sevilla fue la plaza que me sacó del ostracismo y Málaga me cambia la vida. En Sevilla embistieron los toros, y a eso se le da menos importancia. En Málaga fue un lote complicado, no era fácil lo que sucedió, y gracias a las cámaras se vio y refresca la memoria. Se acuerdan de que abrí la Puerta del Príncipe y la de Madrid. Ese interés y esas ganas de volver.. ¿Qué le aporta el apoderamiento de un maestro como Enrique Ponce?. Estamos muy ilusionados. Me considero un privilegiado por tener a un maestro que ha conseguido todo con la espada y la muleta para guiarme el camino y enseñarme los pasos a seguir. A veces, delante del toro, te sientes muy solo. Poder mirar a un cómplice, recibir un consejo puntual, es algo que he echado en falta a lo largo de mi carrera. Ahora percibo que el maestro me está aportando esa evolución necesaria. Creo que también es lo que el aficionado espera de mí. Estoy buscando esa vuelta de tuerca, manteniendo la personalidad, pero evolucionando y el maestro me está aportando. Creo que se ha podido ver en Olivenza o en Fallas. En otro momento de mi carrera no hubiera cortado algunas de las orejas. Hay esbozos de lo que voy buscando.. ¿Impone San Isidro?. Madrid es la plaza que nos quita el sueño y en la que todos queremos triunfar. He tenido la suerte de hacerlo y es algo tan grande… Soñar cada día de tu vida con un triunfo en Madrid es inigualable. Tener dos tardes en la feria es algo por lo que he luchado muchos años. Ojalá pueda ser una feria importante.. Es un sueño… ¿Y una losa?. Madrid pesa. Todos los compañeros lo hablamos: el toro que sale en Madrid es un toro que da miedo. Es una plaza exigente, con mucha personalidad, que hace que pasemos mucho miedo y tengamos muchas dudas. Pero cuando percibe que está pasando algo de verdad, se entrega. Y ahora llego en un momento de mayor madurez.. David de Miranda ha construido su carrera a golpe de fe, resistencia y una inquebrantable fidelidad a sí mismo. Su historia está marcada por la capacidad de levantarse una y otra vez cuando todo parecía ponerse en contra. En 2017 sufrió uno de los percances más graves de su trayectoria: una cogida le lesionó cuatro vértebras y le obligó a empezar casi desde cero. Tuvo que aprender a andar de nuevo, en un proceso de recuperación tan duro como silencioso que se prolongó durante un año entero. Aquel episodio no solo puso a prueba su cuerpo, sino también su fortaleza mental y su vocación. En 2019 llegó a Madrid para confirmar en Las Ventas y abrió la Puerta Grande, un triunfo rotundo que parecía destinado a cambiar el rumbo de su carrera. Pero la pandemia irrumpió de manera inesperada y detuvo en seco esa proyección. Cuando el toreo recuperó la normalidad, pocos parecían acordarse de él. Regresó entonces a Sevilla y cortó dos orejas, aunque tampoco fue suficiente para consolidar el sitio que merecía. Ni siquiera la histórica Puerta del Príncipe del pasado año terminó de traducirse en el reconocimiento esperado. Fue Málaga, con una tarde decisiva, la que supuso el gran giro de su carrera. En 2026 ha salido por la del Príncipe de nuevo.
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