La mesa de las tentaciones volvió a golpear en Supervivientes, esta vez con Darío como protagonista tras el corte de pelo de Claudia Chacón. El concursante recibió un plato de pollo y su reacción fue inmediata. «Está aliñado igualito que el que hace mi madre», dijo anonadado. Y añadió entre risas: «¿No estará mi madre cocinando?». Lo que Darío no sabía era que su intuición era completamente acertada. Su madre estaba en Honduras y ella misma había preparado el plato. El concursante aceptó raparse el pelo a cambio de poder comérselo, sin sospechar en ningún momento lo que estaba a punto de descubrir.. Al probarlo, se dirigió a cámara con la certeza de quien reconoce un sabor de toda la vida: «¡Mamá, que les ha salido igual que a ti! Lo han calcado», recalcó. Poco después le mostraron una imagen de su madre en la playa y Darío no pudo contenerse: «¿Dónde está?», gritó emocionado varias veces.. La producción lo llevó en lancha hasta donde ella se encontraba y Darío, con una peluca de colores puesta en la cabeza, bajó corriendo en cuanto pudo. Se lanzó a sus brazos y ambos rompieron a llorar, fundidos en un abrazo que llevaban semanas esperando.. El sacrificio había merecido la pena. Darío pagó el precio que le pedía la mesa de las tentaciones y recibió a cambio mucho más de lo que esperaba cuando aceptó sentarse ante ella.
La mesa de las tentaciones le ofreció al concursante un plato que le resultó demasiado familiar y que escondía mucho más que comida.
20MINUTOS.ES – Televisión
La mesa de las tentaciones volvió a golpear en Supervivientes, esta vez con Darío como protagonista tras el corte de pelo de Claudia Chacón. El concursante recibió un plato de pollo y su reacción fue inmediata. «Está aliñado igualito que el que hace mi madre», dijo anonadado. Y añadió entre risas: «¿No estará mi madre cocinando?». Lo que Darío no sabía era que su intuición era completamente acertada. Su madre estaba en Honduras y ella misma había preparado el plato. El concursante aceptó raparse el pelo a cambio de poder comérselo, sin sospechar en ningún momento lo que estaba a punto de descubrir.. Al probarlo, se dirigió a cámara con la certeza de quien reconoce un sabor de toda la vida: «¡Mamá, que les ha salido igual que a ti! Lo han calcado», recalcó. Poco después le mostraron una imagen de su madre en la playa y Darío no pudo contenerse: «¿Dónde está?», gritó emocionado varias veces.. La producción lo llevó en lancha hasta donde ella se encontraba y Darío, con una peluca de colores puesta en la cabeza, bajó corriendo en cuanto pudo. Se lanzó a sus brazos y ambos rompieron a llorar, fundidos en un abrazo que llevaban semanas esperando.. El sacrificio había merecido la pena. Darío pagó el precio que le pedía la mesa de las tentaciones y recibió a cambio mucho más de lo que esperaba cuando aceptó sentarse ante ella.
