Hay señales que, por repetidas, corren el riesgo de volverse invisibles. Carteles de “se alquila”, “se vende” o “cerrado por jubilación” en locales que hasta hace poco estaban llenos de vida. Calles que pierden actividad. Pueblos donde el último comercio baja la persiana. No son anécdotas aisladas: son síntomas de un cambio profundo que está afectando a uno de los pilares de nuestro modelo económico y social.. En el marco del Fórum FECE 2026, celebrado en Sevilla, hemos vuelto a poner cifras a esta realidad. Y los datos no dejan lugar a dudas. En España cierran de media 38 comercios al día. Más de 1.100 al mes. Desde 2020, hemos perdido el 22,5% del tejido comercial: 144.000 establecimientos han desaparecido de nuestras calles. En el sector de electrodomésticos, la caída es aún más acusada: el 39% de los puntos de venta han dejado de existir en apenas cinco años.. Al mismo tiempo, cada día entran en España cerca de 500.000 paquetes procedentes de grandes plataformas internacionales. Más de 182 millones al año. No estamos ante un debate entre comercio físico y digital —muchos comercios de proximidad han sabido adaptarse y hoy cuentan con sus propias plataformas de e-commerce—, sino ante una creciente competencia global que opera con reglas distintas y una escala difícilmente comparable.. La cuestión, por tanto, no es elegir entre tienda o tecnología, sino entender si existe un terreno de juego equilibrado. Porque el comercio de proximidad no es solo un canal de distribución. Es empleo, es cohesión social, es vida urbana. Es el comerciante que conoce a sus clientes, que asesora, que genera confianza. Es también el único punto de acceso a determinados servicios en muchas zonas rurales, donde su desaparición no es solo económica, sino social.. Cuando desaparece un comercio, no solo se pierde una actividad económica. Se pierde un punto de encuentro, un generador de empleo local, un elemento de seguridad y dinamización del entorno. Se pierde, en definitiva, una parte de la ciudad.. Y, sin embargo, seguimos abordando este fenómeno como si fuera un daño colateral inevitable del progreso.. Desde el sector llevamos tiempo alertando de la necesidad de actuar. No desde la nostalgia, sino desde el realismo. Adaptarse es imprescindible, pero hacerlo en condiciones de competencia justa también lo es.. Europa ya ha marcado una línea clara en materia de sostenibilidad y eficiencia energética. En ese contexto, el sector de los electrodomésticos tiene un papel clave que desempeñar. Por eso, desde FECE proponemos la puesta en marcha de un Plan Renove-Sostenibilidad a nivel nacional, dotado con 50 millones de euros, que incentive la sustitución de equipos antiguos por otros más eficientes. Se trata de una medida con un triple impacto: económico, social y medioambiental. Un hogar que renueve sus electrodomésticos puede reducir su factura energética hasta en un 33%. Es un beneficio directo para el consumidor, pero también una palanca para dinamizar el consumo responsable y apoyar al comercio de proximidad.. Ahora bien, ninguna medida será suficiente si no existe una estrategia global. Las administraciones deben asumir que el comercio es un sector estratégico. Reducir la burocracia, facilitar el relevo generacional, aliviar la presión fiscal y laboral o impulsar la digitalización no son opciones: son condiciones necesarias para la supervivencia del modelo. Pero también es necesario abordar las asimetrías regulatorias y fiscales que existen en el ámbito internacional.. Las empresas, por su parte, deben seguir evolucionando. La especialización, el conocimiento del producto, la calidad del servicio y la formación de los equipos serán las claves para competir en un entorno cada vez más exigente.. Pero hay un tercer actor imprescindible en esta ecuación: la sociedad. Cada vez que elegimos dónde comprar, estamos tomando una decisión que va más allá del precio o la comodidad. Estamos decidiendo si queremos calles vivas o calles vacías. Si queremos empleo local o dependencia externa. Si queremos proximidad o anonimato. El comercio de barrio no puede competir en escala con los grandes operadores asiáticos. Pero sí puede competir —y gana— en valor: en cercanía, en confianza, en servicio.. El Fórum FECE 2026 ha sido, en este sentido, algo más que un evento sectorial. Ha sido un espacio de reflexión colectiva sobre el modelo de país que queremos. Un recordatorio de que todavía estamos a tiempo de actuar. Porque salvar el comercio de proximidad no es solo una cuestión económica. Es una cuestión de equilibrio territorial, de sostenibilidad social y de calidad de vida.. En el fondo, la cuestión es sencilla: se trata de que entre todos salvemos al comercio de barrio.. Alfredo Gosálvez es secretario general de la Federación Española de Comerciantes de Electrodomésticos (FECE)
El Fórum FECE 2026 ha evidenciado una realidad incómoda: mientras el mercado se globaliza a gran velocidad, el comercio de proximidad -motor económico y social de España- se enfrenta a una desaparición silenciosa que exige una reacción inmediata
Hay señales que, por repetidas, corren el riesgo de volverse invisibles. Carteles de “se alquila”, “se vende” o “cerrado por jubilación” en locales que hasta hace poco estaban llenos de vida. Calles que pierden actividad. Pueblos donde el último comercio baja la persiana. No son anécdotas aisladas: son síntomas de un cambio profundo que está afectando a uno de los pilares de nuestro modelo económico y social.. En el marco del Fórum FECE 2026, celebrado en Sevilla, hemos vuelto a poner cifras a esta realidad. Y los datos no dejan lugar a dudas. En España cierran de media 38 comercios al día. Más de 1.100 al mes. Desde 2020, hemos perdido el 22,5% del tejido comercial: 144.000 establecimientos han desaparecido de nuestras calles. En el sector de electrodomésticos, la caída es aún más acusada: el 39% de los puntos de venta han dejado de existir en apenas cinco años.. Al mismo tiempo, cada día entran en España cerca de 500.000 paquetes procedentes de grandes plataformas internacionales. Más de 182 millones al año. No estamos ante un debate entre comercio físico y digital —muchos comercios de proximidad han sabido adaptarse y hoy cuentan con sus propias plataformas de e-commerce—, sino ante una creciente competencia global que opera con reglas distintas y una escala difícilmente comparable.. La cuestión, por tanto, no es elegir entre tienda o tecnología, sino entender si existe un terreno de juego equilibrado. Porque el comercio de proximidad no es solo un canal de distribución. Es empleo, es cohesión social, es vida urbana. Es el comerciante que conoce a sus clientes, que asesora, que genera confianza. Es también el único punto de acceso a determinados servicios en muchas zonas rurales, donde su desaparición no es solo económica, sino social.. Cuando desaparece un comercio, no solo se pierde una actividad económica. Se pierde un punto de encuentro, un generador de empleo local, un elemento de seguridad y dinamización del entorno. Se pierde, en definitiva, una parte de la ciudad.. Y, sin embargo, seguimos abordando este fenómeno como si fuera un daño colateral inevitable del progreso.. Desde el sector llevamos tiempo alertando de la necesidad de actuar. No desde la nostalgia, sino desde el realismo. Adaptarse es imprescindible, pero hacerlo en condiciones de competencia justa también lo es.. Europa ya ha marcado una línea clara en materia de sostenibilidad y eficiencia energética. En ese contexto, el sector de los electrodomésticos tiene un papel clave que desempeñar. Por eso, desde FECE proponemos la puesta en marcha de un Plan Renove-Sostenibilidad a nivel nacional, dotado con 50 millones de euros, que incentive la sustitución de equipos antiguos por otros más eficientes. Se trata de una medida con un triple impacto: económico, social y medioambiental. Un hogar que renueve sus electrodomésticos puede reducir su factura energética hasta en un 33%. Es un beneficio directo para el consumidor, pero también una palanca para dinamizar el consumo responsable y apoyar al comercio de proximidad.. Ahora bien, ninguna medida será suficiente si no existe una estrategia global. Las administraciones deben asumir que el comercio es un sector estratégico. Reducir la burocracia, facilitar el relevo generacional, aliviar la presión fiscal y laboral o impulsar la digitalización no son opciones: son condiciones necesarias para la supervivencia del modelo. Pero también es necesario abordar las asimetrías regulatorias y fiscales que existen en el ámbito internacional.. Las empresas, por su parte, deben seguir evolucionando. La especialización, el conocimiento del producto, la calidad del servicio y la formación de los equipos serán las claves para competir en un entorno cada vez más exigente.. Pero hay un tercer actor imprescindible en esta ecuación: la sociedad. Cada vez que elegimos dónde comprar, estamos tomando una decisión que va más allá del precio o la comodidad. Estamos decidiendo si queremos calles vivas o calles vacías. Si queremos empleo local o dependencia externa. Si queremos proximidad o anonimato. El comercio de barrio no puede competir en escala con los grandes operadores asiáticos. Pero sí puede competir —y gana— en valor: en cercanía, en confianza, en servicio.. El Fórum FECE 2026 ha sido, en este sentido, algo más que un evento sectorial. Ha sido un espacio de reflexión colectiva sobre el modelo de país que queremos. Un recordatorio de que todavía estamos a tiempo de actuar. Porque salvar el comercio de proximidad no es solo una cuestión económica. Es una cuestión de equilibrio territorial, de sostenibilidad social y de calidad de vida.. En el fondo, la cuestión es sencilla: se trata de que entre todos salvemos al comercio de barrio.. Alfredo Gosálvez es secretario general de la Federación Española de Comerciantes de Electrodomésticos (FECE)
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