Será cierto que la poesía es, como decía Octavio Paz, la rebelión del lenguaje contra su propia rutina. Tal vez por ello las formas de la notable película de Simón Mesa se rebelan contra el libro de estilo de lo que el statu quo entiende como cine poético. Ese es el motivo del desaliño documental del trabajo de cámara, de los zooms y los reencuadres, de ese feísmo urbano que rinde cuentas a un descarnado estudio de personaje, ese poeta que quiere seguir siendo artista para huir de la mediocridad de los que piensan -la familia, las instituciones culturales, él mismo- que la poesía nos salvará del naufragio.. Es un bello retrato, el de “Un poeta”, precisamente porque Oscar es un total y absoluto fracaso, y Mesa encuentra hermosa y admirable esa caída libre, y así lo encarna Ubeimar Rios, infeliz y contrahecho, buscando una redención vicaria como padre (divorciado, alcohólico, ajeno a las obligaciones) en la figura de una joven promesa de la poesía que quizás solo quiera pintarse las uñas con esmalte de estrellas.. Hay un momento en que “Un poeta” parece aspirar a convertirse en una prolongación colombiana de la espléndida “La profesora de parvulario”, pero, antes que indagar en los misterios del lenguaje, Mesa prefiere hablarnos de la importancia de la integridad del acto creativo, por mucho que el sistema nos haga caer una y otra vez. Esta es una película concreta, con los pies en la tierra, que parece una sátira pero, en el fondo, es una tragicomedia que acaso demuestra que José Ángel Valente tenía razón: ser poeta es una manera de estar solo.. Lo mejor:. Desafía los clichés del cine social colombiano defendiendo a capa y espada la idea del arte como bella expresión del fracaso.. Lo peor:. Funciona mejor como estudio de personaje que como sátira sobre la corrupción endémica de las instituciones culturales.
Dirección y guion: Simón Mesa Soto. Intérpretes: Ubeimar Ríos, Rebeca Andrade, Guillermo Cardona, Allison Correa. Colombia, 2025. Duración: 123 minutos. Comedia dramática.
Será cierto que la poesía es, como decía Octavio Paz, la rebelión del lenguaje contra su propia rutina. Tal vez por ello las formas de la notable película de Simón Mesa se rebelan contra el libro de estilo de lo que el statu quo entiende como cine poético. Ese es el motivo del desaliño documental del trabajo de cámara, de los zooms y los reencuadres, de ese feísmo urbano que rinde cuentas a un descarnado estudio de personaje, ese poeta que quiere seguir siendo artista para huir de la mediocridad de los que piensan -la familia, las instituciones culturales, él mismo- que la poesía nos salvará del naufragio.. Es un bello retrato, el de “Un poeta”, precisamente porque Oscar es un total y absoluto fracaso, y Mesa encuentra hermosa y admirable esa caída libre, y así lo encarna Ubeimar Rios, infeliz y contrahecho, buscando una redención vicaria como padre (divorciado, alcohólico, ajeno a las obligaciones) en la figura de una joven promesa de la poesía que quizás solo quiera pintarse las uñas con esmalte de estrellas.. Hay un momento en que “Un poeta” parece aspirar a convertirse en una prolongación colombiana de la espléndida “La profesora de parvulario”, pero, antes que indagar en los misterios del lenguaje, Mesa prefiere hablarnos de la importancia de la integridad del acto creativo, por mucho que el sistema nos haga caer una y otra vez. Esta es una película concreta, con los pies en la tierra, que parece una sátira pero, en el fondo, es una tragicomedia que acaso demuestra que José Ángel Valente tenía razón: ser poeta es una manera de estar solo.. Lo mejor:. Desafía los clichés del cine social colombiano defendiendo a capa y espada la idea del arte como bella expresión del fracaso.. Lo peor:. Funciona mejor como estudio de personaje que como sátira sobre la corrupción endémica de las instituciones culturales.
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