Tal vez el principal defecto de “Keeper” es confundir el terror elevado con el opaco o el hermético, cuando, en realidad, Osgood Perkins está trabajando con elementos clásicos del género, diríamos que los tópicos de siempre. Una pareja de vacaciones, un fin de semana en medio del bosque, una casa aislada y posiblemente encantada, un novio sospechosamente adorable, un vecino inquietante, unas apariciones que pueden ser espectros o alucinaciones… El prolífico director de “Longlegs” -lleva tres títulos en año y medio- desarrolla ese escenario familiar perturbándolo desde la puesta en escena.. Saca provecho de la cabaña de diseño, con los ventanales abiertos a una naturaleza que encierra al espacio en sus mismos confines, y trufa el relato de rasgos inquietantes -el pastel de bienvenida que hay que comer sí o sí, el comentario extemporáneo de una invitada- que despiertan el interés del aficionado al género. Sin embargo, cuando llegan las explicaciones, son crípticas y prolijas a un tiempo, como si nadie en la película se creyera nada de lo que está contando porque tampoco acaba por entenderlo.. A vueltas con las relaciones tóxicas, la violencia de género, la brujería y la venganza de la sororidad femenina, nos queda, por supuesto, una extraordinaria capacidad para las imágenes macabras y la atmósfera de mal rollo. Perkins mezcla su sensibilidad para el encuadre gélido y desubicado, que lleva practicando desde la notable “Soy la bonita criatura que vive en esta casa”, y el hallazgo siniestro, que aquí conjura en una secuencia espeluznante, un auténtico akelarre pesadillesco que se celebra en el sótano del miedo, y un duelo final que acaba con una dulce, creativa muerte.. Lo mejor:. Sobre todo al final, está plagada de imágenes poderosamente siniestras.. Lo peor:. Es deliberadamente críptica, como si eso le diera un sello extra de calidad.
Director: Osgood Perkins. Guion: Nick Lepard. Intérpretes: Theo James, Elijah Wood, Christian Convery, Colin O’Brien, Rohan Campbell y Sarah Levy. EE.UU, 2025. Duración: 99 minutos. Thriller.
Tal vez el principal defecto de “Keeper” es confundir el terror elevado con el opaco o el hermético, cuando, en realidad, Osgood Perkins está trabajando con elementos clásicos del género, diríamos que los tópicos de siempre. Una pareja de vacaciones, un fin de semana en medio del bosque, una casa aislada y posiblemente encantada, un novio sospechosamente adorable, un vecino inquietante, unas apariciones que pueden ser espectros o alucinaciones… El prolífico director de “Longlegs” -lleva tres títulos en año y medio- desarrolla ese escenario familiar perturbándolo desde la puesta en escena.. Saca provecho de la cabaña de diseño, con los ventanales abiertos a una naturaleza que encierra al espacio en sus mismos confines, y trufa el relato de rasgos inquietantes -el pastel de bienvenida que hay que comer sí o sí, el comentario extemporáneo de una invitada- que despiertan el interés del aficionado al género. Sin embargo, cuando llegan las explicaciones, son crípticas y prolijas a un tiempo, como si nadie en la película se creyera nada de lo que está contando porque tampoco acaba por entenderlo.. A vueltas con las relaciones tóxicas, la violencia de género, la brujería y la venganza de la sororidad femenina, nos queda, por supuesto, una extraordinaria capacidad para las imágenes macabras y la atmósfera de mal rollo. Perkins mezcla su sensibilidad para el encuadre gélido y desubicado, que lleva practicando desde la notable “Soy la bonita criatura que vive en esta casa”, y el hallazgo siniestro, que aquí conjura en una secuencia espeluznante, un auténtico akelarre pesadillesco que se celebra en el sótano del miedo, y un duelo final que acaba con una dulce, creativa muerte.. Lo mejor:. Sobre todo al final, está plagada de imágenes poderosamente siniestras.. Lo peor:. Es deliberadamente críptica, como si eso le diera un sello extra de calidad.
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