Un atentado contra un presidente debería sacudir al país entero, pero en los EE UU de Donald Trump, esa conmoción parece tener cada vez menos recorrido. En un país exhausto ante la violencia política de los últimos años, la pregunta ya no es solo si el republicano será capaz de capitalizar el miedo y convertirlo en combustible político, sino si los estadounidenses todavía perciben un acto de este calibre como algo excepcional que los movilice o ya han empezado a asumir el horror como parte del ruido electoral.. El precedente ocurrido hace dos años durante un mitin de campaña en Butler, cuando un joven de 20 años disparó contra Donald Trump desde una azotea hiriéndole en la oreja derecha y matando a un asistente, ayuda a medir hasta dónde puede llegar el efecto político de un atentado como el del sábado por la noche. Trump sobrevivió y salió del escenario con el puño en alto y sangre en la cara, una imagen que dio la vuelta al mundo y reforzó su imagen de superviviente ante la violencia de la ¨izquierda¨, como dijo él. El ataque provocó un inmenso impacto emocional entre sus bases y, durante unos días, impulsó su candidatura. En aquel momento, una encuesta de ABC/Ipsos situó su popularidad en un 40%, la cifra más alta que se había registrado en cuatro años. Sin embargo, el efecto duró poco y no alteró sustancialmente el voto. Poco después de los hechos, otra encuesta mostraba un escenario de empate entre su rival, el demócrata Joe Biden, con un 41% de apoyo entre los votantes, solo dos puntos por debajo del 43% de Trump. Butler dio lugar a una imagen que pasará a la historia y a un golpe simbólico de gran envergadura, pero no alteró los resultados significativamente.. El segundo intento de asesinato contra el republicano llegó nueve semanas después y confirmó esta misma pauta. En septiembre de 2024, un hombre intentó atentar contra él en su campo de golf de Florida. Entonces no hubo imagen impactante que pudiera condensar toda una campaña, pero el mandatario también trató de sacar rédito político incorporando el ataque a su relato de hombre ¨elegido¨ y ¨perseguido¨. ¨Dios me ha salvado por segunda vez´, dijo en sus declaraciones, en las que también acusó a la ¨izquierda radical¨ de alimentar un clima de odio contra él. Aquel episodio tampoco transformó de manera significativa el mapa electoral, solo sirvió para reforzar la idea de mesías de sus bases más fieles.. En este tercer intento de asesinato, Trump ya está instalado en la Casa Blanca, pero también atraviesa uno de los peores momentos de sus mandatos. Según un estudio realizado por Ipsos, su índice de aprobación había caído al 33% antes del atentado frustrado del sábado, con un deterioro aún más marcado en su gestión de la economía donde solo el 30% de los estadounidenses aprueba la gestión que está haciendo. A esto se suma la impopular guerra contra Irán que ha disparado el precio de la gasolina y complicado aún más la inflación. En medio de este contexto, los hechos del fin de semana podrían volver a movilizar a sus bases, pero difícilmente le ayudarán a convencer a nuevos votantes.. EE UU ya no se sorprende como antes ante la violencia política. Se alarma inicialmente ante hechos tan violentos, los comenta los días posteriores, pero después vuelve a su rutina. Los expertos advierten de una peligrosa insensibilización ante este tipo de episodios. En 2025, poco después del asesinato del activista conservador aliado de Trump Charlie Kirk, una encuesta de AP-NORC detectó que solo cuatro de cada diez estadounidenses estaban ¨muy¨ o ¨extremadamente¨ preocupados por la violencia dirigida hacia la clase política. Una cifra llamativa, más aún si la comparamos con la que se recogió tras el ataque de Butler, que apuntaba a que en aquel momento cuatro de cada cinco ciudadanos temían que el país estuviera ¨acercándose al caos¨.. ¿Cuál será entonces el impacto del atentado del sábado por la noche en las elecciones de medio término de noviembre? Es cierto que podría activar a la base republicana apoyándose en la narrativa de Trump de hombre ¨perseguido¨, desplazar conversaciones incómodas para los republicanos sobre Irán y la subida de la cesta de la compra; y reforzar los argumentos para exigir un aumento de fondos para agencias como el DHS (Departamento de Seguridad Nacional, por sus siglas en inglés) o el Servicio Secreto. Todo esto puede cambiar el tono de la campaña, pero no los números. Seguramente dará oxígeno político a Trump, pero es muy probable que se quede solo en eso. Desde 1946, los presidentes con una aprobación inferior al 50% han visto a su partido perder una media de 37 escaños en la Cámara de Representantes.. Las llamadas «midterms» no se deciden por un episodio emocional aislado, sino que funcionan como un referéndum sobre el desempeño del presidente. En este sentido, los datos no son favorables a Trump. La cuestión migratoria sigue siendo un activo importante para su base, pero le podría costar el voto independiente. La economía y el alto coste de vida son su principal talón de Aquiles. Las encuestas reflejan que el relato de Trump sobre una economía fuerte no está calando, y según una encuesta de Gallup, los norteamericanos se sienten peor financieramente que en cualquier otro momento de los últimos 25 años, con un 55% asegurando que su situación económica está empeorando. Así que, posiblemente este noviembre se jugará menos con las reacciones inmediatas y más con el análisis de la gestión de Trump en los dos últimos años.
Un atentado contra un presidente debería sacudir al país entero, pero en los EE UU de Donald Trump, esa conmoción parece tener cada vez menos recorrido. En un país exhausto ante la violencia política de los últimos años, la pregunta ya no es solo si el republicano será capaz de capitalizar el miedo y convertirlo en combustible político, sino si los estadounidenses todavía perciben un acto de este calibre como algo excepcional que los movilice o ya han empezado a asumir el horror como parte del ruido electoral.. El precedente ocurrido hace dos años durante un mitin de campaña en Butler, cuando un joven de 20 años disparó contra Donald Trump desde una azotea hiriéndole en la oreja derecha y matando a un asistente, ayuda a medir hasta dónde puede llegar el efecto político de un atentado como el del sábado por la noche. Trump sobrevivió y salió del escenario con el puño en alto y sangre en la cara, una imagen que dio la vuelta al mundo y reforzó su imagen de superviviente ante la violencia de la izquierda, como dijo él. El ataque provocó un inmenso impacto emocional entre sus bases y, durante unos días, impulsó su candidatura. En aquel momento, una encuesta de ABC/Ipsos situó su popularidad en un 40%, la cifra más alta que se había registrado en cuatro años. Sin embargo, el efecto duró poco y no alteró sustancialmente el voto. Poco después de los hechos, otra encuesta mostraba un escenario de empate entre su rival, el demócrata Joe Biden, con un 41% de apoyo entre los votantes, solo dos puntos por debajo del 43% de Trump. Butler dio lugar a una imagen que pasará a la historia y a un golpe simbólico de gran envergadura, pero no alteró los resultados significativamente.. El segundo intento de asesinato contra el republicano llegó nueve semanas después y confirmó esta misma pauta. En septiembre de 2024, un hombre intentó atentar contra él en su campo de golf de Florida. Entonces no hubo imagen impactante que pudiera condensar toda una campaña, pero el mandatario también trató de sacar rédito político incorporando el ataque a su relato de hombre elegido y perseguido. Dios me ha salvado por segunda vez, dijo en sus declaraciones, en las que también acusó a la izquierda radical de alimentar un clima de odio contra él. Aquel episodio tampoco transformó de manera significativa el mapa electoral, solo sirvió para reforzar la idea de mesías de sus bases más fieles.. En este tercer intento de asesinato, Trump ya está instalado en la Casa Blanca, pero también atraviesa uno de los peores momentos de sus mandatos. Según un estudio realizado por Ipsos, su índice de aprobación había caído al 33% antes del atentado frustrado del sábado, con un deterioro aún más marcado en su gestión de la economía donde solo el 30% de los estadounidenses aprueba la gestión que está haciendo. A esto se suma la impopular guerra contra Irán que ha disparado el precio de la gasolina y complicado aún más la inflación. En medio de este contexto, los hechos del fin de semana podrían volver a movilizar a sus bases, pero difícilmente le ayudarán a convencer a nuevos votantes.. EE UU ya no se sorprende como antes ante la violencia política. Se alarma inicialmente ante hechos tan violentos, los comenta los días posteriores, pero después vuelve a su rutina. Los expertos advierten de una peligrosa insensibilización ante este tipo de episodios. En 2025, poco después del asesinato del activista conservador aliado de Trump Charlie Kirk, una encuesta de AP-NORC detectó que solo cuatro de cada diez estadounidenses estaban muy o extremadamente preocupados por la violencia dirigida hacia la clase política. Una cifra llamativa, más aún si la comparamos con la que se recogió tras el ataque de Butler, que apuntaba a que en aquel momento cuatro de cada cinco ciudadanos temían que el país estuviera acercándose al caos.. ¿Cuál será entonces el impacto del atentado del sábado por la noche en las elecciones de medio término de noviembre? Es cierto que podría activar a la base republicana apoyándose en la narrativa de Trump de hombre perseguido, desplazar conversaciones incómodas para los republicanos sobre Irán y la subida de la cesta de la compra; y reforzar los argumentos para exigir un aumento de fondos para agencias como el DHS (Departamento de Seguridad Nacional, por sus siglas en inglés) o el Servicio Secreto. Todo esto puede cambiar el tono de la campaña, pero no los números. Seguramente dará oxígeno político a Trump, pero es muy probable que se quede solo en eso. Desde 1946, los presidentes con una aprobación inferior al 50% han visto a su partido perder una media de 37 escaños en la Cámara de Representantes.. Las llamadas «midterms» no se deciden por un episodio emocional aislado, sino que funcionan como un referéndum sobre el desempeño del presidente. En este sentido, los datos no son favorables a Trump. La cuestión migratoria sigue siendo un activo importante para su base, pero le podría costar el voto independiente. La economía y el alto coste de vida son su principal talón de Aquiles. Las encuestas reflejan que el relato de Trump sobre una economía fuerte no está calando, y según una encuesta de Gallup, los norteamericanos se sienten peor financieramente que en cualquier otro momento de los últimos 25 años, con un 55% asegurando que su situación económica está empeorando. Así que, posiblemente este noviembre se jugará menos con las reacciones inmediatas y más con el análisis de la gestión de Trump en los dos últimos años.
Las llamadas «midterms» no se deciden por un episodio emocional aislado, sino que funcionan como un referéndum sobre el desempeño del presidente. En este sentido, los datos no son favorables a Trump
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