El salón suele ser una de las estancias más utilizadas de la casa. Es el lugar donde recibimos visitas, descansamos después de la jornada laboral o compartimos tiempo con familiares y amigos. Por eso, su decoración tiene un peso importante en la imagen general del hogar.. Sin embargo, no siempre es necesario realizar una reforma o invertir grandes cantidades de dinero para mejorar su aspecto. A menudo, los diseñadores de interiores coinciden en que el problema no está en lo que falta, sino en ciertos objetos o decisiones decorativas que conviene replantearse. Algunas tendencias que hace años eran habituales han perdido atractivo con el paso del tiempo, mientras que otras pueden generar una sensación visual de desorden o improvisación.. Estas son cinco de las más señaladas por los expertos.. 1. Exceso de superficies brillantes. Los acabados brillantes pueden aportar luminosidad y un toque sofisticado cuando se utilizan con moderación. El problema aparece cuando dominan todo el espacio. Muebles lacados, adornos metálicos, mesas con efecto espejo y accesorios muy reflectantes pueden competir entre sí y crear una sensación visual recargada. En lugar de transmitir elegancia, el resultado puede parecer artificial y poco acogedor.. Las tendencias actuales apuestan más por materiales con textura y acabados mate o satinados, capaces de aportar profundidad y personalidad sin saturar la estancia.. 2. Mantas sintéticas deterioradas. Las mantas decorativas son un recurso excelente para dar calidez a un salón. Sin embargo, los especialistas recomiendan prestar atención a su estado y calidad.. Las mantas de pelo sintético que han perdido suavidad, presentan zonas apelmazadas o muestran signos evidentes de desgaste pueden transmitir una sensación de descuido. Lo que en su momento parecía acogedor puede acabar envejeciendo visualmente el conjunto del salón.. Como alternativa, los decoradores suelen recomendar tejidos naturales o de aspecto más atemporal, como la lana, el algodón grueso o los tejidos de punto, que además suelen integrarse mejor en distintos estilos decorativos.. 3. Las paredes decorativas. Durante años fue habitual pintar una única pared de un color diferente o cubrirla con papel decorativo mientras el resto permanecía neutra. Aunque esta fórmula sigue utilizándose en algunos proyectos, muchos interioristas consideran que se ha convertido en un recurso demasiado repetido y, en ocasiones, poco equilibrado. Cuando la diferencia entre esa pared y el resto es excesiva, la estancia puede parecer inacabada o improvisada.. Los expertos sugieren que, si se desea incorporar un revestimiento especial, una textura o un papel pintado llamativo, es preferible integrarlo dentro de una propuesta más coherente que tenga continuidad en toda la habitación o en varios elementos del espacio.. 4. Una mezcla excesiva de colores. El color es una de las herramientas más potentes en decoración, pero también una de las más difíciles de gestionar. Muchos salones acumulan cojines, alfombras, cuadros y objetos decorativos de tonos muy distintos que no guardan una relación clara entre sí. El resultado suele ser una sensación de caos visual que hace que la estancia parezca más pequeña y menos cuidada.. Los diseñadores recomiendan trabajar con una paleta cromática definida. Esto no implica renunciar al color, sino seleccionar unos pocos tonos principales y utilizarlos de forma coherente.. Las bases neutras siguen siendo una apuesta segura porque permiten introducir detalles de color sin sobrecargar el ambiente. Además, facilitan futuras renovaciones decorativas sin necesidad de cambiar todo el conjunto.. 5. Cortinas demasiado cortas. Puede parecer un detalle menor, pero las cortinas tienen una gran influencia en la percepción del espacio. Las que terminan varios centímetros por encima del suelo suelen hacer que las ventanas parezcan más pequeñas y que la habitación pierda sensación de altura. Además, pueden transmitir una imagen menos cuidada.. Los interioristas suelen aconsejar instalar las barras más cerca del techo y utilizar cortinas largas que lleguen hasta el suelo o incluso lo rocen ligeramente. Este sencillo cambio ayuda a crear una sensación de amplitud y aporta un aspecto más elegante al salón.. Menos objetos, más coherencia. Más allá de modas pasajeras, la mayoría de los profesionales coinciden en una idea fundamental: un salón atractivo no depende de acumular elementos decorativos, sino de mantener cierta armonía visual. La elección de materiales, colores y textiles debe responder a una visión de conjunto. En muchos casos, retirar algunos objetos, simplificar la decoración y apostar por piezas de calidad resulta mucho más efectivo que añadir nuevos adornos.. Un espacio equilibrado, funcional y coherente suele transmitir una sensación de confort y sofisticación mucho mayor que otro lleno de tendencias que compiten entre sí por llamar la atención.
Algunos elementos muy habituales pueden hacer que un salón parezca más desordenado, anticuado o menos elegante de lo que realmente es
El salón suele ser una de las estancias más utilizadas de la casa. Es el lugar donde recibimos visitas, descansamos después de la jornada laboral o compartimos tiempo con familiares y amigos. Por eso, su decoración tiene un peso importante en la imagen general del hogar.. Sin embargo, no siempre es necesario realizar una reforma o invertir grandes cantidades de dinero para mejorar su aspecto. A menudo, los diseñadores de interiores coinciden en que el problema no está en lo que falta, sino en ciertos objetos o decisiones decorativas que conviene replantearse. Algunas tendencias que hace años eran habituales han perdido atractivo con el paso del tiempo, mientras que otras pueden generar una sensación visual de desorden o improvisación.. Estas son cinco de las más señaladas por los expertos.. 1. Exceso de superficies brillantes. Los acabados brillantes pueden aportar luminosidad y un toque sofisticado cuando se utilizan con moderación. El problema aparece cuando dominan todo el espacio. Muebles lacados, adornos metálicos, mesas con efecto espejo y accesorios muy reflectantes pueden competir entre sí y crear una sensación visual recargada. En lugar de transmitir elegancia, el resultado puede parecer artificial y poco acogedor.. Las tendencias actuales apuestan más por materiales con textura y acabados mate o satinados, capaces de aportar profundidad y personalidad sin saturar la estancia.. 2. Mantas sintéticas deterioradas. Las mantas decorativas son un recurso excelente para dar calidez a un salón. Sin embargo, los especialistas recomiendan prestar atención a su estado y calidad.. Las mantas de pelo sintético que han perdido suavidad, presentan zonas apelmazadas o muestran signos evidentes de desgaste pueden transmitir una sensación de descuido. Lo que en su momento parecía acogedor puede acabar envejeciendo visualmente el conjunto del salón.. Como alternativa, los decoradores suelen recomendar tejidos naturales o de aspecto más atemporal, como la lana, el algodón grueso o los tejidos de punto, que además suelen integrarse mejor en distintos estilos decorativos.. 3. Las paredes decorativas. Durante años fue habitual pintar una única pared de un color diferente o cubrirla con papel decorativo mientras el resto permanecía neutra. Aunque esta fórmula sigue utilizándose en algunos proyectos, muchos interioristas consideran que se ha convertido en un recurso demasiado repetido y, en ocasiones, poco equilibrado. Cuando la diferencia entre esa pared y el resto es excesiva, la estancia puede parecer inacabada o improvisada.. Los expertos sugieren que, si se desea incorporar un revestimiento especial, una textura o un papel pintado llamativo, es preferible integrarlo dentro de una propuesta más coherente que tenga continuidad en toda la habitación o en varios elementos del espacio.. 4. Una mezcla excesiva de colores. El color es una de las herramientas más potentes en decoración, pero también una de las más difíciles de gestionar. Muchos salones acumulan cojines, alfombras, cuadros y objetos decorativos de tonos muy distintos que no guardan una relación clara entre sí. El resultado suele ser una sensación de caos visual que hace que la estancia parezca más pequeña y menos cuidada.. Los diseñadores recomiendan trabajar con una paleta cromática definida. Esto no implica renunciar al color, sino seleccionar unos pocos tonos principales y utilizarlos de forma coherente.. Las bases neutras siguen siendo una apuesta segura porque permiten introducir detalles de color sin sobrecargar el ambiente. Además, facilitan futuras renovaciones decorativas sin necesidad de cambiar todo el conjunto.. 5. Cortinas demasiado cortas. Puede parecer un detalle menor, pero las cortinas tienen una gran influencia en la percepción del espacio. Las que terminan varios centímetros por encima del suelo suelen hacer que las ventanas parezcan más pequeñas y que la habitación pierda sensación de altura. Además, pueden transmitir una imagen menos cuidada.. Los interioristas suelen aconsejar instalar las barras más cerca del techo y utilizar cortinas largas que lleguen hasta el suelo o incluso lo rocen ligeramente. Este sencillo cambio ayuda a crear una sensación de amplitud y aporta un aspecto más elegante al salón.. Menos objetos, más coherencia. Más allá de modas pasajeras, la mayoría de los profesionales coinciden en una idea fundamental: un salón atractivo no depende de acumular elementos decorativos, sino de mantener cierta armonía visual. La elección de materiales, colores y textiles debe responder a una visión de conjunto. En muchos casos, retirar algunos objetos, simplificar la decoración y apostar por piezas de calidad resulta mucho más efectivo que añadir nuevos adornos.. Un espacio equilibrado, funcional y coherente suele transmitir una sensación de confort y sofisticación mucho mayor que otro lleno de tendencias que compiten entre sí por llamar la atención.
Noticias de Sociedad en La Razón
