El Centro de Servicios y Promoción y Forestal y de su Industria de Castilla y León (Cesefor) trabaja en la elaboración de un inventario de los árboles urbanos en la ciudad de Soria y el posterior monitoreo de su salud para contar con un sistema que permita saber su estabilidad y el riesgo de caída que tienen.. La ingeniera forestal del área de Selvicultura y Cambio Climático de Cesefor, Raquel Martínez. explicó el desarrollo de este proyecto europeo en el que también participan otras ciudades de Italia y Rumania. La iniciativa se enmarca en el proyecto europeo Treesure, que apuesta por proporcionar un sistema de apoyo a la toma de decisiones para el monitoreo de la salud de los árboles, creado y diseñado de forma conjunta por gestores de riesgos, profesionales, autoridades locales y asociaciones de distintos puntos de Europa.. Esta colaboración permitirá integrar diferentes realidades edafoclimáticas, mejorar la coordinación y ofrecer respuestas más adaptadas a nivel local, lo que aumentará la resiliencia frente a desastres naturales. La iniciativa también propone integrar datos satelitales y sensores instalados en los árboles para evaluar en tiempo real su estabilidad y riesgo, así como reforzar la comunicación con la ciudadanía en decisiones complejas como la tala preventiva.. En Soria el proyecto permitirá realizar un inventario de cerca de 2.000 árboles en distintos puntos de la ciudad, como la Dehesa, el entorno del Castillo, Santa Bárbara o zonas cercanas al río. Los técnicos medirán parámetros como la altura, el diámetro de copa, la inclinación, el estado del suelo, con especial atención al enraizamiento y las condiciones del terreno.. La ingeniera señaló que estos datos permitieron desarrollar modelos de riesgo capaces de prever posibles caídas o roturas ante episodios meteorológicos adversos. “Se harán mediciones in situ en varios árboles y se les aplicará fuerza para ver su resistencia. El objetivo fue generar alertas tempranas para que los técnicos municipales actúen antes de que se produjeran problemas”, explicó.. Martínez precisó que la aplicación de los modelos dependerá de factores como las especies, el clima o las condiciones específicas de cada zona, y agregó que hasta ahora, la evaluación del riesgo en el arbolado urbano se basó principalmente en la observación directa, es decir, ‘a ojo’. Con este nuevo enfoque, el proyecto busca anticiparse a los daños mediante datos objetivos y mediciones técnicas.. Entre los principales factores de riesgo, Martínez destacó la combinación de árboles altos y envejecidos con episodios de viento intenso. También influyen las sequías, las lluvias torrenciales o las condiciones del suelo.. La ingeniera subrayó que el papel de los árboles urbanos resulta clave frente al cambio climático. Estos elementos no solo aportaron sombra y ayudaron a reducir los efectos de las olas de calor, sino que también favorecen la infiltración del agua de lluvia, disminuyen el riesgo de inundaciones y mejoran la calidad del aire al absorber contaminantes.. El proyecto comenzó en septiembre y finalizará en agosto de 2028. Actualmente se encuentra en fase de inventario, por lo que aún no existen conclusiones definitivas.
Los técnicos medirán parámetros como la altura, el diámetro de copa, la inclinación, el estado del suelo, con especial atención al enraizamiento y las condiciones del terreno
El Centro de Servicios y Promoción y Forestal y de su Industria de Castilla y León (Cesefor) trabaja en la elaboración de un inventario de los árboles urbanos en la ciudad de Soria y el posterior monitoreo de su salud para contar con un sistema que permita saber su estabilidad y el riesgo de caída que tienen.. La ingeniera forestal del área de Selvicultura y Cambio Climático de Cesefor, Raquel Martínez. explicó el desarrollo de este proyecto europeo en el que también participan otras ciudades de Italia y Rumania. La iniciativa se enmarca en el proyecto europeo Treesure, que apuesta por proporcionar un sistema de apoyo a la toma de decisiones para el monitoreo de la salud de los árboles, creado y diseñado de forma conjunta por gestores de riesgos, profesionales, autoridades locales y asociaciones de distintos puntos de Europa.. Esta colaboración permitirá integrar diferentes realidades edafoclimáticas, mejorar la coordinación y ofrecer respuestas más adaptadas a nivel local, lo que aumentará la resiliencia frente a desastres naturales. La iniciativa también propone integrar datos satelitales y sensores instalados en los árboles para evaluar en tiempo real su estabilidad y riesgo, así como reforzar la comunicación con la ciudadanía en decisiones complejas como la tala preventiva.. En Soria el proyecto permitirá realizar un inventario de cerca de 2.000 árboles en distintos puntos de la ciudad, como la Dehesa, el entorno del Castillo, Santa Bárbara o zonas cercanas al río. Los técnicos medirán parámetros como la altura, el diámetro de copa, la inclinación, el estado del suelo, con especial atención al enraizamiento y las condiciones del terreno.. La ingeniera señaló que estos datos permitieron desarrollar modelos de riesgo capaces de prever posibles caídas o roturas ante episodios meteorológicos adversos. “Se harán mediciones in situ en varios árboles y se les aplicará fuerza para ver su resistencia. El objetivo fue generar alertas tempranas para que los técnicos municipales actúen antes de que se produjeran problemas”, explicó.. Martínez precisó que la aplicación de los modelos dependerá de factores como las especies, el clima o las condiciones específicas de cada zona, y agregó que hasta ahora, la evaluación del riesgo en el arbolado urbano se basó principalmente en la observación directa, es decir, ‘a ojo’. Con este nuevo enfoque, el proyecto busca anticiparse a los daños mediante datos objetivos y mediciones técnicas.. Entre los principales factores de riesgo, Martínez destacó la combinación de árboles altos y envejecidos con episodios de viento intenso. También influyen las sequías, las lluvias torrenciales o las condiciones del suelo.. La ingeniera subrayó que el papel de los árboles urbanos resulta clave frente al cambio climático. Estos elementos no solo aportaron sombra y ayudaron a reducir los efectos de las olas de calor, sino que también favorecen la infiltración del agua de lluvia, disminuyen el riesgo de inundaciones y mejoran la calidad del aire al absorber contaminantes.. El proyecto comenzó en septiembre y finalizará en agosto de 2028. Actualmente se encuentra en fase de inventario, por lo que aún no existen conclusiones definitivas.
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