Los irritadores de Internet no cuentan con demasiada memoria. Ni quieren tenerla, mejor para sus fechorías dialécticas. Por unos likes son capaces de llorar a los mismos que humillaron. Y ni recuerdan el dolor que les crearon. Lo importante es captar la demagogia que necesitan en cada momento para ser vistos. Rápida, instantánea, feroz. Caiga quien caiga.. Cecilia Giménez sufrió a tales mercaderes de la viralidad. Su Ecce Homo era el blanco perfecto. No podíamos dejar de contemplarlo, pues parecía una jugada maestra de la picaresca nacional al reunir creencia, efusividad y una mirada de juglar, con boca deslenguada.. Elías García Martínez ilustró este Ecce Homo en el Santuario de la Misericordia de Borja, allá por 1930. Lo dibujó en una pared sin tratar previamente. Era inevitable que con el paso de los años se deteriorara. En 2012, ya estaba cerca de desaparecer. Pero Cecilia intentó poner remedio al muro desconchándose. Tenía ciertos conocimientos de pintura y ya había hecho lo propio alguna vez, así que pidió permiso al párroco. Sin embargo, en esta ocasión, el trabajo se complicó al no ser restauradora profesional. Era misión difícil. No obstante, pensaba continuar con el pincel una vez que volviera de unas vacaciones. Fue el tiempo en el que la imagen saltó a la prensa. Y de ahí empezó a brincar de móvil en móvil.. Primero se pensó que era un acto vandálico, después apareció Cecilia compungida ante el revuelo público. Muchos empezaron a señalar con el dedo a la que intentó ayudar. Y brotó la condescendencia que mira por encima del hombro a las personas mayores.. Pero no, Cecilia Jiménez representa a todas esas generaciones de mujeres que crearon comunidad sin nada a cambio. Las que daban vida a sus pueblos, sus barrios, sus plazas, sus iglesias. Las que hacían más que decían. Las que convertían cada esquina en un lugar de acogida. Y llegaban allá donde otros jamás miraban.. Cecilia ha fallecido a los 94 años este 29 de diciembre. En el verano de su gran creación artística, fue acribillada sin piedad. Hoy, se la llora como entonces mereció ser aplaudida. Somos así de contradictorios y desmemoriados. Pero, a veces, con la perspectiva que otorgan el paso de las hojas del calendario aprendemos a comprender lo que en su día no entendimos: Cecilia logró el hito de transformar una pintura de las que hay cientos en un icono pop del siglo XXI que es y será único.. Las gentes ya no pasan de largo por Borja. Entran a hacerse un selfie con el Ecce Homo de Cecilia. Un Ecce Homo que al mismo tiempo es estampita, emoji y gif. Una obra de arte que no es un simple chiste: es la representación de la sociedad que intenta ayudar antes de que el muro se desmorone del todo. La sociedad que no hace lo que quiere, hace lo que puede. Pero lo intenta. Gracias Cecilia, que ya estás en los cielos.
La sociedad que representa la mujer que restauró el Ecce Homo de Borja.
20MINUTOS.ES – Televisión
Los irritadores de Internet no cuentan con demasiada memoria. Ni quieren tenerla, mejor para sus fechorías dialécticas. Por unos likes son capaces de llorar a los mismos que humillaron. Y ni recuerdan el dolor que les crearon. Lo importante es captar la demagogia que necesitan en cada momento para ser vistos. Rápida, instantánea, feroz. Caiga quien caiga.. Cecilia Giménez sufrió a tales mercaderes de la viralidad. Su Ecce Homo era el blanco perfecto. No podíamos dejar de contemplarlo, pues parecía una jugada maestra de la picaresca nacional al reunir creencia, efusividad y una mirada de juglar, con boca deslenguada.. Elías García Martínez ilustró este Ecce Homo en el Santuario de la Misericordia de Borja, allá por 1930. Lo dibujó en una pared sin tratar previamente. Era inevitable que con el paso de los años se deteriorara. En 2012, ya estaba cerca de desaparecer. Pero Cecilia intentó poner remedio al muro desconchándose. Tenía ciertos conocimientos de pintura y ya había hecho lo propio alguna vez, así que pidió permiso al párroco. Sin embargo, en esta ocasión, el trabajo se complicó al no ser restauradora profesional. Era misión difícil. No obstante, pensaba continuar con el pincel una vez que volviera de unas vacaciones. Fue el tiempo en el que la imagen saltó a la prensa. Y de ahí empezó a brincar de móvil en móvil.. Primero se pensó que era un acto vandálico, después apareció Cecilia compungida ante el revuelo público. Muchos empezaron a señalar con el dedo a la que intentó ayudar. Y brotó la condescendencia que mira por encima del hombro a las personas mayores.. Pero no, Cecilia Jiménez representa a todas esas generaciones de mujeres que crearon comunidad sin nada a cambio. Las que daban vida a sus pueblos, sus barrios, sus plazas, sus iglesias. Las que hacían más que decían. Las que convertían cada esquina en un lugar de acogida. Y llegaban allá donde otros jamás miraban.. Cecilia ha fallecido a los 94 años este 29 de diciembre. En el verano de su gran creación artística, fue acribillada sin piedad. Hoy, se la llora como entonces mereció ser aplaudida. Somos así de contradictorios y desmemoriados. Pero, a veces, con la perspectiva que otorgan el paso de las hojas del calendario aprendemos a comprender lo que en su día no entendimos: Cecilia logró el hito de transformar una pintura de las que hay cientos en un icono pop del siglo XXI que es y será único.. Las gentes ya no pasan de largo por Borja. Entran a hacerse un selfie con el Ecce Homo de Cecilia. Un Ecce Homo que al mismo tiempo es estampita, emoji y gif. Una obra de arte que no es un simple chiste: es la representación de la sociedad que intenta ayudar antes de que el muro se desmorone del todo. La sociedad que no hace lo que quiere, hace lo que puede. Pero lo intenta. Gracias Cecilia, que ya estás en los cielos.
