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  Cultura  Cansinos Assens: «Estamos como en la guerra. No sobra una migaja…»
Cultura

Cansinos Assens: «Estamos como en la guerra. No sobra una migaja…»

20 de diciembre de 2025
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Un buen día de 1919, un joven[[LINK:TAG|||tag|||633619465c059a26e23f80e7||| Jorge Luis Borges]] llegaba a Sevilla junto a su familia procedente de la isla de Mallorca; tal cosa sería fundamental para él, habida cuenta de que entró en contacto con poetas de signo vanguardista que, como en su caso, se iban estrenando como poetas. Meses más tarde se trasladan a la capital, Madrid, donde Borges registra el mayor acontecimiento de ese viaje a España y que después dejaría bastante patente: «La amistad de Rafael Cansinos Assens». Así lo explica en su libro «Borges. Biografía total» Marcos-Ricardo Barnatán, que describe a este hombre de letras por el que el escritor bonaerense sintió adoración durante toda su vida: «Lo más notable de Cansinos es que vivía exclusivamente para la literatura, sin ninguna preocupación por el dinero o la fama».. Esto mismo supuso un modelo a seguir para el que se convertiría en uno de los escritores más importantes del siglo XX, hasta el punto de sentirse de continuo un discípulo de Cansinos –sevillano de nacimiento, en 1882, y muerto en 1964–, cuya obra más conocida es de carácter póstumo, «La novela de un literato». En ella, Cansinos recogió multitud de asuntos respecto a «hombres, ideas, efemérides, anécdotas», como rezaba el subtítulo, que juntos conformaban una mirada completísima de la España del primer tercio de siglo XX: su ambiente intelectual y social, la Prensa y la política, los militares y el rey, los actores y las cortesanas, los cafés y sus tertulias, la [[LINK:TAG|||tag|||63361a0687d98e3342b273fb|||Gran Guerra]], la dictadura de Primo de Rivera, el tiempo de la República, etc.. Cansinos Assens fue un gran escritor que sufrió el terror rojo y, después, también la censura. Semejante capacidad de observación se palpa a lo largo de todas las anotaciones personales que iba tomando, como las que vieron la luz hace unos pocos años: «Diario de posguerra en Madrid, 1943», en edición de Rafael Manuel Cansinos Galán, que en el prólogo aseguró que su padre, durante la Guerra Civil, «fue víctima del terror rojo, que buscaba desafectos en el gran escenario de sospechas que era Madrid», lo cual continuó en la dictadura, pues se le abrió «un Expediente de Depuración acusándolo de ser judío y llevar una vida rara».. De hecho, en ese año vio cómo la censura del régimen ordenaba retirar su nombre de sus traducciones que publicaba la editorial Aguilar. Y es que Cansinos fue un portento en el terreno de la traducción, con obras tan célebres y difíciles de volcar al castellano como son «Las mil y una noches» o el propio Corán, y autores que pudieron leerse en español gracias a él como son nada menos que autores de la relevancia de Dostoievski, Goethe o Balzac.. Era un autor ingenioso, inteligente y con una enorme capacidad para observar. Esta parte literaria no aparecía demasiado señalada en estos diarios, no obstante, pues primaba lo relativo a su vida cotidiana, a su vínculo con su pareja desde 1924, Josefina Megías, a su relación, no siempre fácil y bastante compleja, con sus dos hermanas, a sus paseos en busca de «emociones» por lugares como el parque del Retiro o la[[LINK:TAG|||tag|||633616bb5c059a26e23f7c6b||| Gran Vía]], mientras se iba fijando en las vidas ajenas que discurrían a su alrededor. Es el Madrid en que la gente cambiaba información por un cigarrillo, donde era posible todavía cruzarse con un grupo de cerdos en un chozo de Chamartín.. Aquel libro, así, destacaba por esa imagen de la capital en la que todo sigue igual por cuanto a la entrega literaria de Cansinos pero, a la vez, como dice Cansinos Galán, «no es lo mismo, porque todo sucede en un tono menor, privado, gris y apagado, tan apagado como el entorno humano, porque casi todos los que fueron sus amigos o enemigos, novias o amantes, ya no existen o están perdidos en el exilio». En cualquier caso, cabe subrayar la forma en que el autor describía lo que veía y que estaba acompañado de diferentes fotografías en la edición referida, como cuando acudía a una exposición anticomunista llamada «Así eran los rojos», y, más allá de lo político, analizaba junto a su compañera sentimental la temática artística que tenían delante.. Estraperlo y escasez. Junto con este tipo de referencias de tinte culto, sobre todo, el lector podía conocer otras muchas que hacían que el diario de la inicial posguerra constituyera todo un libro de historia, de sociología. Y tal cosa tiene continuidad precisamente ahora por medio de una nueva obra, «Diario de posguerra en Madrid, 1945-46», que remata el proyecto iniciado de sacar la edición completa de los diarios que dejó escritos el autor, lo cual a la vez se complementa con la publicación, que también se edita ahora, de «Diario de guerra y posguerra en Madrid, 1936-1964. Poemas (antología)»; el volumen incluye asimismo unas prosas poéticas y, de hecho, en el año 1999 una antología de estas piezas apareció en Árdora Ediciones con el título de «La rueda del destino y otros poemas». R. M. Cansinos nos comenta que hemos llegado «al final de la novela de Josefina y Rafael» al inicio de un libro que se abre con un curioso gráfico que reproduce el número de pulsaciones que dedicó Cansinos Assens al diario mensualmente entre 1943 y 1946 en su máquina de escribir Royal.. «El gráfico corrobora el desplome emocional del escritor» por la muerte de su hermana, esclarece con oportunidad el editor, aunque se recuperó pronto y después siguió escribiendo, en «paralelo a las derrotas del fascismo en todos los frentes», en una suerte de exilio interior. Pero, sobre todo, surge en estas páginas la dureza de intentar sobrevivir en un entorno devastado y lleno de escasez: «Pajarillos humanos, más arrecidos que los pájaros de verdad, llaman a nuestra puerta temblando y querrían meterse por sus rendijas… No sé qué darles… Estamos como en la guerra. No sobra una migaja… Me justifico pensando que estoy tan arrecido como ellos, con sabañones, como la asistenta, y que en esta casa de aparente confort vivimos como en un descampado, sin alfombras ni calefacción… Todo se lo lleva el estraperlo… y somos como un pobre pajarillo que se muere de frío en una jaula de oro». Unas palabras estas conmovedoras, casi tremendas, redactadas el 9 de enero de 1945 que son en sí mismas el mejor fragmento para cualquier libro de Historia que aspire a captar lo que fue vivir en los años cuarenta del pasado siglo en esa España que intentaba remontar las heridas y la devastación que había dejado la [[LINK:TAG|||tag|||6336122c5c059a26e23f751a|||Guerra Civil.]]. La vida de un viudo. Este es un Madrid helador, con un frío terrible hasta el extremo, incluso, de que en invierno las personas ni siquiera poseen el recurso de acudir a refugiarse en los túneles y las estaciones del metro debido a sus conocidas corrientes de aire, ni en los cafés, que tampoco tienen calefactores y donde las personas permanecen atenazadas. Justamente en el metro es donde encontramos una de las mejores anécdotas que recoge este libro, cuando cuenta que una vez se encontró con Antonio M. Cubero –un personaje bohemio que se hace recurrente en «La novela de un literato» y que tenía como principal curiosidad que organizaba tertulias literarias allá mismo, en el subsuelo–, y que, en una ocasión, le espetó: «¡Parece usted un exhombre!». Cansinos entonces apunta, sensible, que las palabras ajenas provocan un gran efecto en nosotros, y escribe, decidido a buscarse en una dignidad personal que parece haber desaparecido para toda la ciudadanía: «No quiero parecer un “exhombre” y no volveré al metro. Aunque no soy un exhombre; sino un exjosefino».. Y, en verdad, este diario es el testimonio del fin de un amor de décadas, que se mezcla con la alusión de un sinfín de personalidades que protagonizaron la vida de la cultura española de aquella época y que todos recordamos todavía en la actualidad. Es el caso de la Argentinita, Azorín, Benavente, Cela, Falla, Jardiel Poncela, Marañón, Ortega y Gasset, y, por supuesto, de políticos de relumbrón y de evidente trascendencia para el devenir de España, como fueron José Antonio Primo de Rivera, [[LINK:TAG|||tag|||633618f159a61a391e0a15f7|||Francisco Franco]], Largo Caballero o Juan de Borbón.

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Se publica el diario que redactó entre 1945 y 1946 y una colección de poemas; el impresionante testimonio de un autor que tanto admiraba Borges

  

Un buen día de 1919, un joven Jorge Luis Borges llegaba a Sevilla junto a su familia procedente de la isla de Mallorca; tal cosa sería fundamental para él, habida cuenta de que entró en contacto con poetas de signo vanguardista que, como en su caso, se iban estrenando como poetas. Meses más tarde se trasladan a la capital, Madrid, donde Borges registra el mayor acontecimiento de ese viaje a España y que después dejaría bastante patente: «La amistad de Rafael Cansinos Assens». Así lo explica en su libro «Borges. Biografía total» Marcos-Ricardo Barnatán, que describe a este hombre de letras por el que el escritor bonaerense sintió adoración durante toda su vida: «Lo más notable de Cansinos es que vivía exclusivamente para la literatura, sin ninguna preocupación por el dinero o la fama».. Esto mismo supuso un modelo a seguir para el que se convertiría en uno de los escritores más importantes del siglo XX, hasta el punto de sentirse de continuo un discípulo de Cansinos –sevillano de nacimiento, en 1882, y muerto en 1964–, cuya obra más conocida es de carácter póstumo, «La novela de un literato». En ella, Cansinos recogió multitud de asuntos respecto a «hombres, ideas, efemérides, anécdotas», como rezaba el subtítulo, que juntos conformaban una mirada completísima de la España del primer tercio de siglo XX: su ambiente intelectual y social, la Prensa y la política, los militares y el rey, los actores y las cortesanas, los cafés y sus tertulias, la Gran Guerra, la dictadura de Primo de Rivera, el tiempo de la República, etc.. Cansinos Assens fue un gran escritor que sufrió el terror rojo y, después, también la censura. Semejante capacidad de observación se palpa a lo largo de todas las anotaciones personales que iba tomando, como las que vieron la luz hace unos pocos años: «Diario de posguerra en Madrid, 1943», en edición de Rafael Manuel Cansinos Galán, que en el prólogo aseguró que su padre, durante la Guerra Civil, «fue víctima del terror rojo, que buscaba desafectos en el gran escenario de sospechas que era Madrid», lo cual continuó en la dictadura, pues se le abrió «un Expediente de Depuración acusándolo de ser judío y llevar una vida rara».. De hecho, en ese año vio cómo la censura del régimen ordenaba retirar su nombre de sus traducciones que publicaba la editorial Aguilar. Y es que Cansinos fue un portento en el terreno de la traducción, con obras tan célebres y difíciles de volcar al castellano como son «Las mil y una noches» o el propio Corán, y autores que pudieron leerse en español gracias a él como son nada menos que autores de la relevancia de Dostoievski, Goethe o Balzac.. Era un autor ingenioso, inteligente y con una enorme capacidad para observar. Esta parte literaria no aparecía demasiado señalada en estos diarios, no obstante, pues primaba lo relativo a su vida cotidiana, a su vínculo con su pareja desde 1924, Josefina Megías, a su relación, no siempre fácil y bastante compleja, con sus dos hermanas, a sus paseos en busca de «emociones» por lugares como el parque del Retiro o la Gran Vía, mientras se iba fijando en las vidas ajenas que discurrían a su alrededor. Es el Madrid en que la gente cambiaba información por un cigarrillo, donde era posible todavía cruzarse con un grupo de cerdos en un chozo de Chamartín.. Aquel libro, así, destacaba por esa imagen de la capital en la que todo sigue igual por cuanto a la entrega literaria de Cansinos pero, a la vez, como dice Cansinos Galán, «no es lo mismo, porque todo sucede en un tono menor, privado, gris y apagado, tan apagado como el entorno humano, porque casi todos los que fueron sus amigos o enemigos, novias o amantes, ya no existen o están perdidos en el exilio». En cualquier caso, cabe subrayar la forma en que el autor describía lo que veía y que estaba acompañado de diferentes fotografías en la edición referida, como cuando acudía a una exposición anticomunista llamada «Así eran los rojos», y, más allá de lo político, analizaba junto a su compañera sentimental la temática artística que tenían delante.. Estraperlo y escasez. Junto con este tipo de referencias de tinte culto, sobre todo, el lector podía conocer otras muchas que hacían que el diario de la inicial posguerra constituyera todo un libro de historia, de sociología. Y tal cosa tiene continuidad precisamente ahora por medio de una nueva obra, «Diario de posguerra en Madrid, 1945-46», que remata el proyecto iniciado de sacar la edición completa de los diarios que dejó escritos el autor, lo cual a la vez se complementa con la publicación, que también se edita ahora, de «Diario de guerra y posguerra en Madrid, 1936-1964. Poemas (antología)»; el volumen incluye asimismo unas prosas poéticas y, de hecho, en el año 1999 una antología de estas piezas apareció en Árdora Ediciones con el título de «La rueda del destino y otros poemas». R. M. Cansinos nos comenta que hemos llegado «al final de la novela de Josefina y Rafael» al inicio de un libro que se abre con un curioso gráfico que reproduce el número de pulsaciones que dedicó Cansinos Assens al diario mensualmente entre 1943 y 1946 en su máquina de escribir Royal.. «El gráfico corrobora el desplome emocional del escritor» por la muerte de su hermana, esclarece con oportunidad el editor, aunque se recuperó pronto y después siguió escribiendo, en «paralelo a las derrotas del fascismo en todos los frentes», en una suerte de exilio interior. Pero, sobre todo, surge en estas páginas la dureza de intentar sobrevivir en un entorno devastado y lleno de escasez: «Pajarillos humanos, más arrecidos que los pájaros de verdad, llaman a nuestra puerta temblando y querrían meterse por sus rendijas… No sé qué darles… Estamos como en la guerra. No sobra una migaja… Me justifico pensando que estoy tan arrecido como ellos, con sabañones, como la asistenta, y que en esta casa de aparente confort vivimos como en un descampado, sin alfombras ni calefacción… Todo se lo lleva el estraperlo… y somos como un pobre pajarillo que se muere de frío en una jaula de oro». Unas palabras estas conmovedoras, casi tremendas, redactadas el 9 de enero de 1945 que son en sí mismas el mejor fragmento para cualquier libro de Historia que aspire a captar lo que fue vivir en los años cuarenta del pasado siglo en esa España que intentaba remontar las heridas y la devastación que había dejado la Guerra Civil.. La vida de un viudo. Este es un Madrid helador, con un frío terrible hasta el extremo, incluso, de que en invierno las personas ni siquiera poseen el recurso de acudir a refugiarse en los túneles y las estaciones del metro debido a sus conocidas corrientes de aire, ni en los cafés, que tampoco tienen calefactores y donde las personas permanecen atenazadas. Justamente en el metro es donde encontramos una de las mejores anécdotas que recoge este libro, cuando cuenta que una vez se encontró con Antonio M. Cubero –un personaje bohemio que se hace recurrente en «La novela de un literato» y que tenía como principal curiosidad que organizaba tertulias literarias allá mismo, en el subsuelo–, y que, en una ocasión, le espetó: «¡Parece usted un exhombre!». Cansinos entonces apunta, sensible, que las palabras ajenas provocan un gran efecto en nosotros, y escribe, decidido a buscarse en una dignidad personal que parece haber desaparecido para toda la ciudadanía: «No quiero parecer un “exhombre” y no volveré al metro. Aunque no soy un exhombre; sino un exjosefino».. Y, en verdad, este diario es el testimonio del fin de un amor de décadas, que se mezcla con la alusión de un sinfín de personalidades que protagonizaron la vida de la cultura española de aquella época y que todos recordamos todavía en la actualidad. Es el caso de la Argentinita, Azorín, Benavente, Cela, Falla, Jardiel Poncela, Marañón, Ortega y Gasset, y, por supuesto, de políticos de relumbrón y de evidente trascendencia para el devenir de España, como fueron José Antonio Primo de Rivera, Francisco Franco, Largo Caballero o Juan de Borbón.

 

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