Hoy vengo con ganas de sudar… Llega el verano y, de repente, todo el mundo tiene algo que enseñar. Y no son ideas, no (eso sería arriesgado). ¡Madre mía! Ese abdomen que aparece puntualmente, como los anuncios de los helados…. Por ahí van los tiros. Sí, una se cruza con conocidos que en enero parecían personas normales y ahora caminan como si llevaran un foco encima. ¡Ni saludan! Y hacen bien: tanto esfuerzo merece su estreno. Con el ego bien subido. ¡Claro!. Madrugar, sudar y repetir movimientos absurdos hasta que dejan de serlo. Cuesta una pasta y el cuerpo, además, es agradecido. le das trabajo y responde.. El problema empieza cuando creemos que todo funciona igual y que la cabeza también va por series. Que basta con “ponerse en serio” un par de semanas para tener criterio, como quien se pone en serio con las sentadillas.. Imaginen el plan: lunes, tres series de opinión propia; martes, lectura rápida (sin sudar); miércoles, descanso activo viendo vídeos de gente que sí ha leído; jueves, indignación intensa, que quema mucho; viernes, foto mental del progreso: “se me nota más formado”.. Ojalá. Pero no. Ahí no hay espejo que valga. Pensar no se marca y leer no da volumen. Por supuesto (opinión subjetiva) que entender algo de verdad suele implicar un pequeño desastre: dudar, liarse e incluso reconocer que uno no tenía ni idea. Todo muy poco veraniego… ¿Verdad?. Mientras tanto, el músculo es comodísimo. Dice cosas muy claras sin abrir la boca: “soy constante”, “tengo disciplina”, “me cuido”. Nadie te pide que desarrolles el argumento. Nadie te dice “explícamelo mejor”. Es un idioma perfecto para tiempos con poca paciencia.. Con las ideas pasa lo contrario. Una idea medio decente necesita tiempo, atención, un poco de silencio. Y eso hoy cotiza peor que una camiseta bien rellena. Además, tiene un problema grave: no se puede enseñar fácilmente. Tú no puedes plantarte en la playa y decir: “Perdonad, ¿podéis mirar un momento mi capacidad de matizar?”. No luce. Es más te pueden tildar hasta de «facha»… Todo lo coherente (a día de hoy) es de «fachas».. Así que hemos hecho lo lógico: apostar por lo que luce. No es que la gente sea superficial; es que el sistema premia lo visible. Si algo se puede medir, comparar y enseñar sin explicaciones, gana. Lo demás queda para ratos raros, como leer sin mirar el móvil o intentar entender por qué pensamos lo que pensamos.. El resultado es bastante gracioso: cuerpos cada vez más trabajados y conversaciones cada vez más… ligeras. Mucha forma, poco fondo, pero con muy buena iluminación. Y luego pasa lo típico: alguien abre la boca y suelta algo que suena fuerte, pero es como levantar mucho peso con mala técnica: impresiona un segundo y luego ves que no hay nada detrás.. Que quede claro: entrenar está bien. Muy bien. Nadie discute eso. El problema es creer que con eso ya hemos cumplido. Como si hacer bíceps incluyera, de regalo, pensar un poco mejor.. Así que sí, llega el verano, salen los músculos y una se alegra. Faltaría más. Pero entre serie y serie, igual no estaría mal hacer algo menos visible: pararse, leer dos páginas sin prisa, intentar decir algo que no sea lo de siempre.. No va a marcarte nada en el espejo, pero quizá te evite repetir lo mismo de siempre con una postura impecable.. Y oye, eso también es ponerse en forma. Aunque no tenga foto.
«Llega el verano y, de repente, todo el mundo tiene algo que enseñar y no son ideas, no, eso sería arriesgado»
Hoy vengo con ganas de sudar… Llega el verano y, de repente, todo el mundo tiene algo que enseñar. Y no son ideas, no (eso sería arriesgado). ¡Madre mía! Ese abdomen que aparece puntualmente, como los anuncios de los helados…. Por ahí van los tiros. Sí, una se cruza con conocidos que en enero parecían personas normales y ahora caminan como si llevaran un foco encima. ¡Ni saludan! Y hacen bien: tanto esfuerzo merece su estreno. Con el ego bien subido. ¡Claro!. Madrugar, sudar y repetir movimientos absurdos hasta que dejan de serlo. Cuesta una pasta y el cuerpo, además, es agradecido. le das trabajo y responde.. El problema empieza cuando creemos que todo funciona igual y que la cabeza también va por series. Que basta con “ponerse en serio” un par de semanas para tener criterio, como quien se pone en serio con las sentadillas.. Imaginen el plan: lunes, tres series de opinión propia; martes, lectura rápida (sin sudar); miércoles, descanso activo viendo vídeos de gente que sí ha leído; jueves, indignación intensa, que quema mucho; viernes, foto mental del progreso: “se me nota más formado”.. Ojalá. Pero no. Ahí no hay espejo que valga. Pensar no se marca y leer no da volumen. Por supuesto (opinión subjetiva) que entender algo de verdad suele implicar un pequeño desastre: dudar, liarse e incluso reconocer que uno no tenía ni idea. Todo muy poco veraniego… ¿Verdad?. Mientras tanto, el músculo es comodísimo. Dice cosas muy claras sin abrir la boca: “soy constante”, “tengo disciplina”, “me cuido”. Nadie te pide que desarrolles el argumento. Nadie te dice “explícamelo mejor”. Es un idioma perfecto para tiempos con poca paciencia.. Con las ideas pasa lo contrario. Una idea medio decente necesita tiempo, atención, un poco de silencio. Y eso hoy cotiza peor que una camiseta bien rellena. Además, tiene un problema grave: no se puede enseñar fácilmente. Tú no puedes plantarte en la playa y decir: “Perdonad, ¿podéis mirar un momento mi capacidad de matizar?”. No luce. Es más te pueden tildar hasta de «facha»… Todo lo coherente (a día de hoy) es de «fachas».. Así que hemos hecho lo lógico: apostar por lo que luce. No es que la gente sea superficial; es que el sistema premia lo visible. Si algo se puede medir, comparar y enseñar sin explicaciones, gana. Lo demás queda para ratos raros, como leer sin mirar el móvil o intentar entender por qué pensamos lo que pensamos.. El resultado es bastante gracioso: cuerpos cada vez más trabajados y conversaciones cada vez más… ligeras. Mucha forma, poco fondo, pero con muy buena iluminación. Y luego pasa lo típico: alguien abre la boca y suelta algo que suena fuerte, pero es como levantar mucho peso con mala técnica: impresiona un segundo y luego ves que no hay nada detrás.. Que quede claro: entrenar está bien. Muy bien. Nadie discute eso. El problema es creer que con eso ya hemos cumplido. Como si hacer bíceps incluyera, de regalo, pensar un poco mejor.. Así que sí, llega el verano, salen los músculos y una se alegra. Faltaría más. Pero entre serie y serie, igual no estaría mal hacer algo menos visible: pararse, leer dos páginas sin prisa, intentar decir algo que no sea lo de siempre.. No va a marcarte nada en el espejo, pero quizá te evite repetir lo mismo de siempre con una postura impecable.. Y oye, eso también es ponerse en forma. Aunque no tenga foto.
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