Cuando Nicolás Maduro compareció este lunes ante un tribunal federal de Nueva York tras la operación estadounidense en Caracas, el foco mediático no tardó en desplazarse de los cargos —narco-terrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de guerra— hacia el hombre sentado a su lado: el abogado Barry Pollack. Desde hace décadas, es el penalista al que se recurre cuando el caso es políticamente tóxico, jurídicamente extremo y mediáticamente explosivo.. Fue él quien logró la libertad de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, poniendo fin a una batalla legal de casi catorce años que culminó en 2024 con un acuerdo negociado con tres gobiernos —Estados Unidos, Reino Unido y Australia— que muchos consideraban imposible. Por lo tanto, el hecho de que el régimen venezolano haya puesto ahora su futuro judicial en sus manos no es un simple fichaje defensivo, sino una jugada calculada.. Con 61 años, Pollack es socio del bufete Harris St Laurent & Wechsler, en pleno distrito financiero de Manhattan, a pocos minutos del tribunal federal donde Maduro se declaró no culpable. Su reputación está avalada por el propio sistema judicial estadounidense. Chambers USA lo describe como un abogado profundo y meticuloso, que «vive y respira» los procesos penales y que posee una capacidad poco común para comunicarse con los jurados. No es un improvisador, sino un estratega del litigio acostumbrado a moverse en escenarios hostiles.. Su nombre aparece cuando el proceso judicial deja de ser estrictamente penal y se convierte en un asunto político; cuando el acusado no solo se enfrenta a una posible condena, sino a un relato oficial que lo da por culpable, incluso antes de sentarse en el banquillo. Ese ha sido, de hecho, el terreno natural de su carrera, forjada en causas donde el poder busca marcar precedentes y enviar mensajes.. Casos célebres. Su historial incluye victorias poco habituales. El caso Assange no se resolvió en los tribunales, sino en la mesa de negociación, mediante un acuerdo que permitió al fundador de WikiLeaks declararse culpable de un único delito de espionaje fuera del territorio continental de Estados Unidos —en las Islas Marianas del Norte— y salir en libertad tras años en prisión y siete más refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.. Asimismo, Pollack logró la absolución total de un ex ejecutivo de Enron —el mayor escándalo empresarial de Estados Unidos— en un contexto en el que las condenas eran casi automáticas, y desempeñó un papel decisivo en la exoneración de Martin Tankleff, encarcelado durante diecisiete años por el asesinato de sus padres antes de que se demostrara su inocencia. Aquel caso terminó con una indemnización millonaria y consolidó su fama como abogado capaz de desarmar acusaciones sólidamente instaladas.. Su reputación no se ha forjado en despachos corporativos, sino en salas de vistas. Fue defensor público federal, trabajó en grandes firmas especializadas en delitos económicos y acabó convirtiéndose en una referencia en casos de condenas erróneas y litigios políticamente sensibles. Ha presidido la principal asociación nacional de abogados defensores, es miembro del American College of Trial Lawyers y ejerce como profesor adjunto de práctica penal federal en la Universidad de Georgetown. No opera desde fuera del sistema, sino desde su núcleo, con un conocimiento profundo de sus engranajes.. Un relato comprensible. Pollack suele explicar su principal fortaleza en términos sencillos: traducción. Su trabajo consiste en convertir montañas de información técnica en un relato comprensible para un jurado. El Gobierno, sostiene, siempre presenta una versión cerrada de los hechos; la defensa debe demostrar que no es la única posible ni necesariamente la mejor. Esa filosofía anticipa el enfoque que ha empezado a desplegar en el caso Maduro.. La comparecencia del dirigente venezolano ante el tribunal de Nueva York fue breve en lo procesal, pero elocuente en lo simbólico. Al declararse inocente, Maduro no solo respondió a los cargos penales, sino que escenificó una defensa política. El momento más revelador llegó cuando afirmó: «Sigo siendo el presidente de mi país». Esa frase apunta al eje central de la estrategia legal: la disputa sobre su estatus político y, con él, sobre la validez de los argumentos de inmunidad soberana y jurisdicción. En la misma línea se expresó su esposa, Cilia Flores, al reivindicar su condición de primera dama y rechazar todas las acusaciones.. Pollack dejó clara esa lectura desde su primera intervención. Al cuestionar la legalidad de la captura de Maduro y calificarla de «abducción», introdujo un elemento explosivo: la posible vulneración del derecho internacional y de los principios básicos de soberanía estatal. No se trata de una defensa orientada a una absolución rápida —algo poco probable—, sino de una estrategia diseñada para alargar el proceso, multiplicar los frentes legales y elevar el coste político y diplomático del caso.. La próxima vista, fijada para el 17 de marzo, será solo el inicio de un procedimiento que amenaza con convertirse en uno de los juicios más politizados que haya afrontado Estados Unidos contra un dirigente extranjero.
Cuando Nicolás Maduro compareció este lunes ante un tribunal federal de Nueva York tras la operación estadounidense en Caracas, el foco mediático no tardó en desplazarse de los cargos —narco-terrorismo, conspiración para importar cocaína y posesión de armas de guerra— hacia el hombre sentado a su lado: el abogado Barry Pollack. Desde hace décadas, es el penalista al que se recurre cuando el caso es políticamente tóxico, jurídicamente extremo y mediáticamente explosivo.. Fue él quien logró la libertad de Julian Assange, fundador de WikiLeaks, poniendo fin a una batalla legal de casi catorce años que culminó en 2024 con un acuerdo negociado con tres gobiernos —Estados Unidos, Reino Unido y Australia— que muchos consideraban imposible. Por lo tanto, el hecho de que el régimen venezolano haya puesto ahora su futuro judicial en sus manos no es un simple fichaje defensivo, sino una jugada calculada.. Con 61 años, Pollack es socio del bufete Harris St Laurent & Wechsler, en pleno distrito financiero de Manhattan, a pocos minutos del tribunal federal donde Maduro se declaró no culpable. Su reputación está avalada por el propio sistema judicial estadounidense. Chambers USA lo describe como un abogado profundo y meticuloso, que «vive y respira» los procesos penales y que posee una capacidad poco común para comunicarse con los jurados. No es un improvisador, sino un estratega del litigio acostumbrado a moverse en escenarios hostiles.. Su nombre aparece cuando el proceso judicial deja de ser estrictamente penal y se convierte en un asunto político; cuando el acusado no solo se enfrenta a una posible condena, sino a un relato oficial que lo da por culpable, incluso antes de sentarse en el banquillo. Ese ha sido, de hecho, el terreno natural de su carrera, forjada en causas donde el poder busca marcar precedentes y enviar mensajes.. Casos célebres. Su historial incluye victorias poco habituales. El caso Assange no se resolvió en los tribunales, sino en la mesa de negociación, mediante un acuerdo que permitió al fundador de WikiLeaks declararse culpable de un único delito de espionaje fuera del territorio continental de Estados Unidos —en las Islas Marianas del Norte— y salir en libertad tras años en prisión y siete más refugiado en la embajada de Ecuador en Londres.. Asimismo, Pollack logró la absolución total de un ex ejecutivo de Enron —el mayor escándalo empresarial de Estados Unidos— en un contexto en el que las condenas eran casi automáticas, y desempeñó un papel decisivo en la exoneración de Martin Tankleff, encarcelado durante diecisiete años por el asesinato de sus padres antes de que se demostrara su inocencia. Aquel caso terminó con una indemnización millonaria y consolidó su fama como abogado capaz de desarmar acusaciones sólidamente instaladas.. Su reputación no se ha forjado en despachos corporativos, sino en salas de vistas. Fue defensor público federal, trabajó en grandes firmas especializadas en delitos económicos y acabó convirtiéndose en una referencia en casos de condenas erróneas y litigios políticamente sensibles. Ha presidido la principal asociación nacional de abogados defensores, es miembro del American College of Trial Lawyers y ejerce como profesor adjunto de práctica penal federal en la Universidad de Georgetown. No opera desde fuera del sistema, sino desde su núcleo, con un conocimiento profundo de sus engranajes.. Un relato comprensible. Pollack suele explicar su principal fortaleza en términos sencillos: traducción. Su trabajo consiste en convertir montañas de información técnica en un relato comprensible para un jurado. El Gobierno, sostiene, siempre presenta una versión cerrada de los hechos; la defensa debe demostrar que no es la única posible ni necesariamente la mejor. Esa filosofía anticipa el enfoque que ha empezado a desplegar en el caso Maduro.. La comparecencia del dirigente venezolano ante el tribunal de Nueva York fue breve en lo procesal, pero elocuente en lo simbólico. Al declararse inocente, Maduro no solo respondió a los cargos penales, sino que escenificó una defensa política. El momento más revelador llegó cuando afirmó: «Sigo siendo el presidente de mi país». Esa frase apunta al eje central de la estrategia legal: la disputa sobre su estatus político y, con él, sobre la validez de los argumentos de inmunidad soberana y jurisdicción. En la misma línea se expresó su esposa, Cilia Flores, al reivindicar su condición de primera dama y rechazar todas las acusaciones.. Pollack dejó clara esa lectura desde su primera intervención. Al cuestionar la legalidad de la captura de Maduro y calificarla de «abducción», introdujo un elemento explosivo: la posible vulneración del derecho internacional y de los principios básicos de soberanía estatal. No se trata de una defensa orientada a una absolución rápida —algo poco probable—, sino de una estrategia diseñada para alargar el proceso, multiplicar los frentes legales y elevar el coste político y diplomático del caso.. La próxima vista, fijada para el 17 de marzo, será solo el inicio de un procedimiento que amenaza con convertirse en uno de los juicios más politizados que haya afrontado Estados Unidos contra un dirigente extranjero.
El veterano letrado asumió la defensa de otros personajes mediáticos como el fundador de WikiLeaks, Julian Assange
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