Entre la memoria y la lección de la Transición. El ex presidente Aznar llegó a la cita de Letras en Sevilla con una posición sobre la Guerra Civil perfilada durante décadas y que concretó en una conferencia cuyo propio título plantea la cuestión de fondo: «¿Guerra Civil: olvidar o recordar?». El expresidente defendió que el conflicto de 1936 constituye una de las grandes tragedias de la historia española pero, asimismo, consideró que su recuerdo no debería convertirse en un instrumento de división política.. A las 20:04 comenzó la presentación de Arturo Pérez-Reverte del último envite de la primera jornada del ciclo. El periodista Jesús Vigorra destacó que Aznar fue de los primeros que mantuvo desde el inicio que vendría a las jornadas, antes y después de la polémica tras la renuncia de David Uclés, Antonio Maíllo y Carmen Calvo, entre otros. Aznar se sentó a la derecha del estrado y arrancó con su opinión sobre el adelanto electoral: «En un país con nuestras circunstancias, sin Presupuestos, las elecciones tenían que haber sido hace tiempo». «Hay que entender muy bien el significado de estas elecciones y qué se va a decidir. No son unas elecciones cualquiera. No se dirime la alternancia. Estamos en las elecciones más importantes desde la Transición», zanjó. «Una parte quiere darle a las elecciones un carácter constituyente. Si la coalición actual pudiese otra vez formar gobierno, la unidad, la monarquía, la Constitución se terminan», explicó. «Quien pretende cambiar los sistemas constitucionales deconstruyendo está llevando a un período constituyente que concluye en un elemento como la Corona. El ciudadano español debe saber que va a votar sobre eso», subrayó. «El pasado no depende de nosotros. El futuro depende de nosotros de manera determinante». Aznar mantuvo que si Sánchez consigue gobernar «evidentemente» iríamos a una República. El ex presidente no quiso hablar en nombre de nadie –en relación a Feijóo– pero apeló a «la recuperación del diálogo» como elemento básico. «Estamos hablando de una profunda agenda de reconstrucción nacional imprescindible en términos de la supervivencia del Estado de Derecho y del funcionamiento del país», apuntó. Aznar vaticinó que Sánchez «alimentará» a Vox todo lo que pueda para «hacer el mayor daño posible al PP». «La Constitución está en juego», insistió Aznar. «Se quiere un Gobierno débil y condicionado», añadió. El ex presidente habló de la posibilidad de «una huelga general». «¿Contra quién? Es decir: el muro que voy a levantar va a ser el triple que ahora. ¿Convocar una huelga general contra la oposición? Es algo políticamente delirante», señaló. Aznar recordó que «hace 20 años o 15 la vivienda no era un problema grave» porque «se han construido 40.000 viviendas» sólo. «Se hace una huelga general para perjudicar a aquellos que lo necesitan más. Si considera que un casero es poco menos que un ladrón, ¿por qué la va a poner en alquiler?», cuestionó. Sobre el futuro papel de Vox, señaló que «ya se verá». «Mi preocupación es por cómo se afrontan los problemas de España», indicó, «en un entorno internacional extremadamente complicado». Con un Vox más fuerte y un PP más débil, «no estoy seguro de poder afrontar los problemas del país», argumentó.. El ex presidente también se refirió a la «ley de nietos». «¿La concesión del voto? Por favor», lamentó. «Eso se llama en castellano alterar el censo electoral», denunció Aznar. «Toda llamada de cuidado ante esto me parece una llamada correcta. Si me preguntan si son capaces de hacerlo, la respuesta es sí, porque si lo hizo en su casa y su partido es capaz de hacerlo en la casa de todos». Lamet preguntó directamente por «el pucherazo» y Aznar insistió en la posibilidad de «alterar el censo electoral».. Aznar citó a Julián Marías: «La Guerra de los justamente vencidos y los injustamente vencedores» y lamentó la tragedia de la contienda. Pero advirtió: «Cuidado con lo de perdimos la guerra. En sentido general, sí. Pero nosotros no intervenimos en esa guerra. Yo no gané ni perdí. Ni me considero heredero de un bando ni de otro y niego que haya en la España de hoy herederos de la guerra», apuntó. «Eso se saldó bien saldado en la Transición, con una reconciliación familiar y política. Una cosa es que la guerra sea parte de nuestra historia y otra cosa es que nosotros seamos parte de la guerra», zanjó.. El presidente de FAES vinculó la Guerra Civil con la necesidad de preservar el consenso alcanzado durante la Transición. Aznar también rechazó lo que considera una «reescritura de la historia» y defendió que la reconciliación alcanzada durante la Transición constituye precisamente la gran enseñanza de la tragedia de 1936. Aznar reivindicó en la charla en la Fundación Cajasol la reconciliación entre las fuerzas democráticas como una de las claves de la España constitucional. «Mi abuelo fue condenado a muerte» en las dos Españas, recordó Aznar, «y afortunadamente aquí está su nieto». «¿Carrillo era un traidor? ¿Fraga era un traidor? Hicieron lo que había que hacer», dijo Aznar, abogando por «la concordia y los puntos de encuentro». «Ahora es imposible hablar sobre nada. Recuperar esos espacios comunes es indispensable en la España de hoy», advirtió porque «si no, vamos más a la polarización». Sobre las heridas abiertas y los muertos en las cunetas, Aznar defendió que la ley de Memoria «divide a los españoles en los bandos de la Guerra Civil y no acepto eso». «¿Unos hace 90 años eran totalmente buenos y otros totalmente malos?», cuestionó. «Se puede decir que todos los demócratas son antifascistas pero no todos los antifascistas son demócratas», subrayó. «No juguemos con esas cosas». Aznar señaló que «no tengo ningún inconveniente en que las familias busquen a sus víctimas». En 2002, recordó, «gobernaba España un señor muy arrogante que se llamaba José María Aznar y aprobó por unanimidad una condena de la Dictadura franquista», relató. ¿Recordar la Guerra Civil sirve para comprender mejor el pasado y evitar repetir sus errores o, por el contrario, determinadas políticas de memoria terminan trasladando al presente las divisiones? La cuestión está más sobre la mesa que nunca, como prueban las políticas de frentismo o, incluso, el intento de cancelación de las jornadas. «Quisieron cancelar y no pudieron», puntualizó Arturo Pérez- Reverte en la presentación. El escritor admitió las dificultades para organizar este ciclo por tratarse de un tema que todavía levanta ampollas 90 años después. «Ha sido un trabajo duro, porque había mucha corriente en contra con una campaña orquestada por los propios asistentes que renunciaron», explicó. El objetivo del ciclo, prosiguió Reverte, es «hablar y escuchar, porque la gente solo escucha a aquel que coincide con lo que piensa y eso es un error». «España es un país muy complicado, pero este debate demuestra que es posible, aunque arda el mundo, sentarse a hablar con el que no piensa como tú», manifestó. Jesús Vigorra incidió en esta idea: «Si después de 90 años no podemos hablar en paz es que no tenemos solución».. Fuera de la Fundación, varios furgones garantizaban la seguridad, con acampadas por la vivienda a no demasiados metros y con el precedente del intento de cancelación con las amenazas de la ultraizquierda. La programación contó con la conferencia inaugural de Juan Pablo Fusi sobre la Segunda República; el encuentro ‘Mujeres en guerra’, con las escritoras Susana Fortes, Ana Romero Galán y Azahara Palomeque; y, como colofón, la charla de Aznar, para la que cientos de personas guardaron cola. «Yo creo en la fuerza de la libertad», concluyó Aznar, para «continuar la historia de España» sin «muros».
El ex presidente defiende en las jornadas sobre la Guerra Civil que «la Constitución está en juego» y «puede desaparecer la Corona»: «Iríamos a una República. El pasado no depende de nosotros; el futuro, sí»
Entre la memoria y la lección de la Transición. El ex presidente Aznar llegó a la cita de Letras en Sevilla con una posición sobre la Guerra Civil perfilada durante décadas y que concretó en una conferencia cuyo propio título plantea la cuestión de fondo: «¿Guerra Civil: olvidar o recordar?». El expresidente defendió que el conflicto de 1936 constituye una de las grandes tragedias de la historia española pero, asimismo, consideró que su recuerdo no debería convertirse en un instrumento de división política.. A las 20:04 comenzó la presentación de Arturo Pérez-Reverte del último envite de la primera jornada del ciclo. El periodista Jesús Vigorra destacó que Aznar fue de los primeros que mantuvo desde el inicio que vendría a las jornadas, antes y después de la polémica tras la renuncia de David Uclés, Antonio Maíllo y Carmen Calvo, entre otros. Aznar se sentó a la derecha del estrado y arrancó con su opinión sobre el adelanto electoral: «En un país con nuestras circunstancias, sin Presupuestos, las elecciones tenían que haber sido hace tiempo». «Hay que entender muy bien el significado de estas elecciones y qué se va a decidir. No son unas elecciones cualquiera. No se dirime la alternancia. Estamos en las elecciones más importantes desde la Transición», zanjó. «Una parte quiere darle a las elecciones un carácter constituyente. Si la coalición actual pudiese otra vez formar gobierno, la unidad, la monarquía, la Constitución se terminan», explicó. «Quien pretende cambiar los sistemas constitucionales deconstruyendo está llevando a un período constituyente que concluye en un elemento como la Corona. El ciudadano español debe saber que va a votar sobre eso», subrayó. «El pasado no depende de nosotros. El futuro depende de nosotros de manera determinante». Aznar mantuvo que si Sánchez consigue gobernar «evidentemente» iríamos a una República. El ex presidente no quiso hablar en nombre de nadie –en relación a Feijóo– pero apeló a «la recuperación del diálogo» como elemento básico. «Estamos hablando de una profunda agenda de reconstrucción nacional imprescindible en términos de la supervivencia del Estado de Derecho y del funcionamiento del país», apuntó. Aznar vaticinó que Sánchez «alimentará» a Vox todo lo que pueda para «hacer el mayor daño posible al PP». «La Constitución está en juego», insistió Aznar. «Se quiere un Gobierno débil y condicionado», añadió. El ex presidente habló de la posibilidad de «una huelga general». «¿Contra quién? Es decir: el muro que voy a levantar va a ser el triple que ahora. ¿Convocar una huelga general contra la oposición? Es algo políticamente delirante», señaló. Aznar recordó que «hace 20 años o 15 la vivienda no era un problema grave» porque «se han construido 40.000 viviendas» sólo. «Se hace una huelga general para perjudicar a aquellos que lo necesitan más. Si considera que un casero es poco menos que un ladrón, ¿por qué la va a poner en alquiler?», cuestionó. Sobre el futuro papel de Vox, señaló que «ya se verá». «Mi preocupación es por cómo se afrontan los problemas de España», indicó, «en un entorno internacional extremadamente complicado». Con un Vox más fuerte y un PP más débil, «no estoy seguro de poder afrontar los problemas del país», argumentó.. El ex presidente también se refirió a la «ley de nietos». «¿La concesión del voto? Por favor», lamentó. «Eso se llama en castellano alterar el censo electoral», denunció Aznar. «Toda llamada de cuidado ante esto me parece una llamada correcta. Si me preguntan si son capaces de hacerlo, la respuesta es sí, porque si lo hizo en su casa y su partido es capaz de hacerlo en la casa de todos». Lamet preguntó directamente por «el pucherazo» y Aznar insistió en la posibilidad de «alterar el censo electoral».. Aznar citó a Julián Marías: «La Guerra de los justamente vencidos y los injustamente vencedores» y lamentó la tragedia de la contienda. Pero advirtió: «Cuidado con lo de perdimos la guerra. En sentido general, sí. Pero nosotros no intervenimos en esa guerra. Yo no gané ni perdí. Ni me considero heredero de un bando ni de otro y niego que haya en la España de hoy herederos de la guerra», apuntó. «Eso se saldó bien saldado en la Transición, con una reconciliación familiar y política. Una cosa es que la guerra sea parte de nuestra historia y otra cosa es que nosotros seamos parte de la guerra», zanjó.. El presidente de FAES vinculó la Guerra Civil con la necesidad de preservar el consenso alcanzado durante la Transición. Aznar también rechazó lo que considera una «reescritura de la historia» y defendió que la reconciliación alcanzada durante la Transición constituye precisamente la gran enseñanza de la tragedia de 1936. Aznar reivindicó en la charla en la Fundación Cajasol la reconciliación entre las fuerzas democráticas como una de las claves de la España constitucional. «Mi abuelo fue condenado a muerte» en las dos Españas, recordó Aznar, «y afortunadamente aquí está su nieto». «¿Carrillo era un traidor? ¿Fraga era un traidor? Hicieron lo que había que hacer», dijo Aznar, abogando por «la concordia y los puntos de encuentro». «Ahora es imposible hablar sobre nada. Recuperar esos espacios comunes es indispensable en la España de hoy», advirtió porque «si no, vamos más a la polarización». Sobre las heridas abiertas y los muertos en las cunetas, Aznar defendió que la ley de Memoria «divide a los españoles en los bandos de la Guerra Civil y no acepto eso». «¿Unos hace 90 años eran totalmente buenos y otros totalmente malos?», cuestionó. «Se puede decir que todos los demócratas son antifascistas pero no todos los antifascistas son demócratas», subrayó. «No juguemos con esas cosas». Aznar señaló que «no tengo ningún inconveniente en que las familias busquen a sus víctimas». En 2002, recordó, «gobernaba España un señor muy arrogante que se llamaba José María Aznar y aprobó por unanimidad una condena de la Dictadura franquista», relató. ¿Recordar la Guerra Civil sirve para comprender mejor el pasado y evitar repetir sus errores o, por el contrario, determinadas políticas de memoria terminan trasladando al presente las divisiones? La cuestión está más sobre la mesa que nunca, como prueban las políticas de frentismo o, incluso, el intento de cancelación de las jornadas. «Quisieron cancelar y no pudieron», puntualizó Arturo Pérez- Reverte en la presentación. El escritor admitió las dificultades para organizar este ciclo por tratarse de un tema que todavía levanta ampollas 90 años después. «Ha sido un trabajo duro, porque había mucha corriente en contra con una campaña orquestada por los propios asistentes que renunciaron», explicó. El objetivo del ciclo, prosiguió Reverte, es «hablar y escuchar, porque la gente solo escucha a aquel que coincide con lo que piensa y eso es un error». «España es un país muy complicado, pero este debate demuestra que es posible, aunque arda el mundo, sentarse a hablar con el que no piensa como tú», manifestó. Jesús Vigorra incidió en esta idea: «Si después de 90 años no podemos hablar en paz es que no tenemos solución».. Fuera de la Fundación, varios furgones garantizaban la seguridad, con acampadas por la vivienda a no demasiados metros y con el precedente del intento de cancelación con las amenazas de la ultraizquierda. La programación contó con la conferencia inaugural de Juan Pablo Fusi sobre la Segunda República; el encuentro ‘Mujeres en guerra’, con las escritoras Susana Fortes, Ana Romero Galán y Azahara Palomeque; y, como colofón, la charla de Aznar, para la que cientos de personas guardaron cola. «Yo creo en la fuerza de la libertad», concluyó Aznar, para «continuar la historia de España» sin «muros».
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