El Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid disputado en el Spotify Camp Nou deja, más allá del contundente 2-0 del Barcelona, una jugada que podría haber cambiado el rumbo de un encuentro que se antojaba sentenciado. En el minuto 52, con el marcador ya favorable a los azulgranas, Jude Bellingham se dolía en el área barcelonista tras recibir un codazo de Eric García en un forcejeo que el colegiado Hernández Hernández consideró parte del juego normal.. Momento decisivo. La acción se produjo en un momento crítico del partido. El Real Madrid, noqueado por los dos goles recibidos en los primeros veinte minutos de juego, buscaba desesperadamente una reacción que nunca terminaría de llegar. En una jugada a favor de los blancos, Bellingham y Eric García disputaban la posición dentro del área cuando, en el forcejeo típico de estas jugadas, el brazo del defensor catalán impactó con contundencia en el rostro del inglés.. El centrocampista del Real Madrid cayó al suelo inmediatamente, llevándose las manos a la cara en un gesto inequívoco de dolor. Las cámaras de televisión captaron el momento exacto del impacto. El internacional inglés tuvo que abandonar momentáneamente el terreno de juego para ser atendido, mientras sus compañeros protestaban sin demasiada convicción a Hernández Hernández.. Ni el árbitro ni el VAR. El árbitro extremeño, que hasta ese momento había mantenido un perfil discreto en el partido, no consideró que la acción mereciera ni siquiera revisión en el VAR. Desde su punto de vista, se trataba de un contacto producto del forcejeo normal en el área, sin intencionalidad manifiesta por parte de Eric García. Una decisión que, sin embargo, resulta cuando menos discutible si se analiza la jugada con detenimiento.. La interpretación que se viene aplicando en LaLiga esta temporada, un golpe con el brazo o codo en la cara de un rival, especialmente cuando provoca lesión visible, suele considerarse una acción sancionable. La posición de Eric García en el momento del impacto tampoco ayuda a su defensa. Las imágenes muestran cómo el brazo del catalán se eleva de forma poco natural en el forcejeo, buscando más la referencia del cuerpo del rival que el balón. Es cierto que en el fútbol moderno se permite un cierto grado de contacto físico en las disputas aéreas, pero cuando el resultado es una lesión visible en el rostro, la jurisprudencia arbitral suele inclinarse por la sanción.. ¡Amarilla para Bellingham!. Además, molestó en el banquillo madridista la posterior amonestación a Bellingham. El inglés, tras ser atendido en la banda, regresó al terreno de juego por el fondo en lugar de hacerlo por uno de los laterales, lo que le valió una tarjeta amarilla por parte de Hernández Hernández en el minuto 54.. La secuencia resultó especialmente frustrante para los intereses blancos: primero recibe un codazno, no se pita penalti, debe abandonar el campo para ser atendido y, finalmente, es amonestado por la forma de regresar al césped. Un cúmulo de circunstancias que resumían a la perfección la tarde-noche que estaba viviendo el Real Madrid en el feudo azulgrana.
Ni el colegiado ni el VAR vieron nada sancionable en el área del Barcelona. El Real Madrid protestó esta jugada en el Clásico
El Clásico entre el Barcelona y el Real Madrid disputado en el Spotify Camp Nou deja, más allá del contundente 2-0 del Barcelona, una jugada que podría haber cambiado el rumbo de un encuentro que se antojaba sentenciado. En el minuto 52, con el marcador ya favorable a los azulgranas, Jude Bellingham se dolía en el área barcelonista tras recibir un codazo de Eric García en un forcejeo que el colegiado Hernández Hernández consideró parte del juego normal.. Momento decisivo. La acción se produjo en un momento crítico del partido. El Real Madrid, noqueado por los dos goles recibidos en los primeros veinte minutos de juego, buscaba desesperadamente una reacción que nunca terminaría de llegar. En una jugada a favor de los blancos, Bellingham y Eric García disputaban la posición dentro del área cuando, en el forcejeo típico de estas jugadas, el brazo del defensor catalán impactó con contundencia en el rostro del inglés.. El centrocampista del Real Madrid cayó al suelo inmediatamente, llevándose las manos a la cara en un gesto inequívoco de dolor. Las cámaras de televisión captaron el momento exacto del impacto. El internacional inglés tuvo que abandonar momentáneamente el terreno de juego para ser atendido, mientras sus compañeros protestaban sin demasiada convicción a Hernández Hernández.. Ni el árbitro ni el VAR. El árbitro extremeño, que hasta ese momento había mantenido un perfil discreto en el partido, no consideró que la acción mereciera ni siquiera revisión en el VAR. Desde su punto de vista, se trataba de un contacto producto del forcejeo normal en el área, sin intencionalidad manifiesta por parte de Eric García. Una decisión que, sin embargo, resulta cuando menos discutible si se analiza la jugada con detenimiento.. La interpretación que se viene aplicando en LaLiga esta temporada, un golpe con el brazo o codo en la cara de un rival, especialmente cuando provoca lesión visible, suele considerarse una acción sancionable. La posición de Eric García en el momento del impacto tampoco ayuda a su defensa. Las imágenes muestran cómo el brazo del catalán se eleva de forma poco natural en el forcejeo, buscando más la referencia del cuerpo del rival que el balón. Es cierto que en el fútbol moderno se permite un cierto grado de contacto físico en las disputas aéreas, pero cuando el resultado es una lesión visible en el rostro, la jurisprudencia arbitral suele inclinarse por la sanción.. ¡Amarilla para Bellingham!. Además, molestó en el banquillo madridista la posterior amonestación a Bellingham. El inglés, tras ser atendido en la banda, regresó al terreno de juego por el fondo en lugar de hacerlo por uno de los laterales, lo que le valió una tarjeta amarilla por parte de Hernández Hernández en el minuto 54.. La secuencia resultó especialmente frustrante para los intereses blancos: primero recibe un codazno, no se pita penalti, debe abandonar el campo para ser atendido y, finalmente, es amonestado por la forma de regresar al césped. Un cúmulo de circunstancias que resumían a la perfección la tarde-noche que estaba viviendo el Real Madrid en el feudo azulgrana.
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