Durante décadas, la relectura y el subrayado han sido las estrategias predilectas de los estudiantes. Sin embargo, una revisión científica exhaustiva, liderada por un equipo de psicólogos y publicada por la Association for Psychological Science, desmonta un mito muy extendido: marcar un texto por sí solo no mejora el aprendizaje. La clave, según los expertos, reside en cómo y por qué se realiza esa acción. El verdadero valor del subrayado no es pasivo, emerge cuando se convierte en un acto consciente de seleccionar, cuestionar y dialogar con las ideas del autor.. Como explica la columna de opinión «Leerse a una misma» de Silvana Angelini, quienes subrayan no estropean un objeto inmaculado, entablan una conversación. «Los que subrayamos creamos un diálogo con el libro y con nosotros mismos: nos permite reflexionar, y fijar un momento de nuestra existencia».. Esta visión es compartida por diversas voces en el ámbito de la psicología cognitiva, que sostienen que el acto de elegir qué remarcar es, en esencia, un proceso de pensamiento crítico. Al decidir activamente qué es relevante, el lector pasa de ser un receptor pasivo a un interlocutor activo, construyendo significado en lugar de solo absorberlo.. Del simple trazo a la comprensión profunda. La transformación de una técnica de estudio ineficaz a un método de diálogo personal tiene una explicación científica. Los psicólogos señalan el «efecto Von Restorff» o de aislamiento. Este principio dicta que recordamos con mayor facilidad aquello que destaca visual o semánticamente del resto.. Por esta razón, subrayar fragmentos extensos o páginas enteras es inútil, ya que iguala toda la información y anula el contraste perceptivo. La efectividad de la técnica radica precisamente en la moderación: al marcar solo una palabra, una frase concreta, esta resalta sobre el blanco de la página, anclándose de manera más profunda en la memoria.. En definitiva, los especialistas coinciden en que el subrayado, cuando se practica como una búsqueda de sentido y un reflejo de la propia resonancia interior con el texto, se convierte en un espejo del pensamiento del lector. Es una huella única que convierte la lectura en un encuentro personal e intransferible con el conocimiento y, en última instancia, en un camino hacia un entendimiento más rico y duradero.
La práctica de marcar los márgenes y resaltar frases, lejos de ser un sacrilegio, se revela como un diálogo íntimo y una poderosa herramienta de comprensión lectora
Durante décadas, la relectura y el subrayado han sido las estrategias predilectas de los estudiantes. Sin embargo, una revisión científica exhaustiva, liderada por un equipo de psicólogos y publicada por la Association for Psychological Science, desmonta un mito muy extendido: marcar un texto por sí solo no mejora el aprendizaje. La clave, según los expertos, reside en cómo y por qué se realiza esa acción. El verdadero valor del subrayado no es pasivo, emerge cuando se convierte en un acto consciente de seleccionar, cuestionar y dialogar con las ideas del autor.. Como explica la columna de opinión «Leerse a una misma» de Silvana Angelini, quienes subrayan no estropean un objeto inmaculado, entablan una conversación. «Los que subrayamos creamos un diálogo con el libro y con nosotros mismos: nos permite reflexionar, y fijar un momento de nuestra existencia».. Esta visión es compartida por diversas voces en el ámbito de la psicología cognitiva, que sostienen que el acto de elegir qué remarcar es, en esencia, un proceso de pensamiento crítico. Al decidir activamente qué es relevante, el lector pasa de ser un receptor pasivo a un interlocutor activo, construyendo significado en lugar de solo absorberlo.. La transformación de una técnica de estudio ineficaz a un método de diálogo personal tiene una explicación científica. Los psicólogos señalan el «efecto Von Restorff» o de aislamiento. Este principio dicta que recordamos con mayor facilidad aquello que destaca visual o semánticamente del resto.. Por esta razón, subrayar fragmentos extensos o páginas enteras es inútil, ya que iguala toda la información y anula el contraste perceptivo. La efectividad de la técnica radica precisamente en la moderación: al marcar solo una palabra, una frase concreta, esta resalta sobre el blanco de la página, anclándose de manera más profunda en la memoria.. En definitiva, los especialistas coinciden en que el subrayado, cuando se practica como una búsqueda de sentido y un reflejo de la propia resonancia interior con el texto, se convierte en un espejo del pensamiento del lector. Es una huella única que convierte la lectura en un encuentro personal e intransferible con el conocimiento y, en última instancia, en un camino hacia un entendimiento más rico y duradero.
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