F abiola Lairet es una amante de la cocina japonesa, tanto que se instaló una temporada en el país nipón para formarse en su gastronomía y acumular experiencia en este campo hasta convertirse en la primera sushi chef reconocida por el Ministerio japonés.. Pese a su origen venezolano, gracias a esa trayectoria, Fabiola es una experta en las técnicas japonesas más depuradas y eso se palpa en la propuesta de Robata, el segundo restaurante de comida nipona que, junto a su marido, abrió en Barcelona.. «En 2011 inauguraron Monster Sushi, pero su sueño era abrir un restaurante más urbano, algo emblemático, una especie de izakaya japonesa, pero con un aire más moderno, y lo hicieron realidad en 2016 con la apertura de Robata», explica Marc Conte, CEO de Umai Group, quien señala que en 2020 entraron también en el proyecto Carpathia Investments y Workerbee Capital para «liderar su expansión». «Robata tiene algo diferencial», asegura Conte, y eso es lo que atrajo a los inversores. El restaurante es resultado de «una obsesión por la calidad extrema en todo, desde el producto, pasando por los útiles de cocina, hasta el servicio y, pese a ello, mantiene una relación calidad-precio muy buena», asegura el CEO, quien, como ejemplo de ese gusto por la perfección, destaca que «los cuchillos con los que se trabaja en cocina son importados de Japón y nuestros sushi bar se forman durante varios meses».. En lo que se refiere al producto, esa fijación por garantizar la máxima calidad les ha llevado a importar ciertos productos premium de Japón, como el arroz o el hamachi, o incluso de Estados Unidos, como la carne Angus de Nebraska. Se trata de una materia prima que en España no se encuentra –o al menos no con tales estándares de calidad–, pero en Robata se trabaja mucho también el producto local, eso sí, siempre premium, como el atún bluefin.. Y como no podía ser de otra manera, en cocina prima el máximo respeto a ese producto. «Las técnicas de preparación, tanto del arroz, como de las bases y las salsas o los cortes del pescado, siguen al detalle la tradición japonesa», constata Conte, quien, sin embargo, apunta que «en cuanto a los sabores, la cocina de Robata no es tan purista». «Apostamos por combinaciones con un cierto atrevimiento latino» mediante el uso de productos como el anticucho o la leche de tigre o el ceviche. También serían un buen ejemplo de ello los uramakis, «que vienen más de Estados Unidos». Pero la gran protagonista en cocina es la robata, la típica parrilla japonesa de carbón vegetal que «permite combinar la oferta de sushi más tradicional con las carnes, pescados y verduras al grill».. Todo ello da lugar a una carta muy variada que invita a los comensales a pedir varios platos para poner en el centro de la mesa y así poder degustar el máximo número de propuestas posibles.. Completan la experiencia los postres caseros, receta de la abuela de Fabiola, la coctelería hecha con fruta natural, un servicio excelente y un ambiente con aire nipón y un toque exclusivo. En definitiva, Robata «no es un copiar y pegar».
Robata sigue la tradición nipona en las preparaciones, pero apuesta por combinaciones diferenciales
F abiola Lairet es una amante de la cocina japonesa, tanto que se instaló una temporada en el país nipón para formarse en su gastronomía y acumular experiencia en este campo hasta convertirse en la primera sushi chef reconocida por el Ministerio japonés.. Pese a su origen venezolano, gracias a esa trayectoria, Fabiola es una experta en las técnicas japonesas más depuradas y eso se palpa en la propuesta de Robata, el segundo restaurante de comida nipona que, junto a su marido, abrió en Barcelona.. «En 2011 inauguraron Monster Sushi, pero su sueño era abrir un restaurante más urbano, algo emblemático, una especie de izakaya japonesa, pero con un aire más moderno, y lo hicieron realidad en 2016 con la apertura de Robata», explica Marc Conte, CEO de Umai Group, quien señala que en 2020 entraron también en el proyecto Carpathia Investments y Workerbee Capital para «liderar su expansión». «Robata tiene algo diferencial», asegura Conte, y eso es lo que atrajo a los inversores. El restaurante es resultado de «una obsesión por la calidad extrema en todo, desde el producto, pasando por los útiles de cocina, hasta el servicio y, pese a ello, mantiene una relación calidad-precio muy buena», asegura el CEO, quien, como ejemplo de ese gusto por la perfección, destaca que «los cuchillos con los que se trabaja en cocina son importados de Japón y nuestros sushi bar se forman durante varios meses».. En lo que se refiere al producto, esa fijación por garantizar la máxima calidad les ha llevado a importar ciertos productos premium de Japón, como el arroz o el hamachi, o incluso de Estados Unidos, como la carne Angus de Nebraska. Se trata de una materia prima que en España no se encuentra –o al menos no con tales estándares de calidad–, pero en Robata se trabaja mucho también el producto local, eso sí, siempre premium, como el atún bluefin.. Y como no podía ser de otra manera, en cocina prima el máximo respeto a ese producto. «Las técnicas de preparación, tanto del arroz, como de las bases y las salsas o los cortes del pescado, siguen al detalle la tradición japonesa», constata Conte, quien, sin embargo, apunta que «en cuanto a los sabores, la cocina de Robata no es tan purista». «Apostamos por combinaciones con un cierto atrevimiento latino» mediante el uso de productos como el anticucho o la leche de tigre o el ceviche. También serían un buen ejemplo de ello los uramakis, «que vienen más de Estados Unidos». Pero la gran protagonista en cocina es la robata, la típica parrilla japonesa de carbón vegetal que «permite combinar la oferta de sushi más tradicional con las carnes, pescados y verduras al grill».. Todo ello da lugar a una carta muy variada que invita a los comensales a pedir varios platos para poner en el centro de la mesa y así poder degustar el máximo número de propuestas posibles.. Completan la experiencia los postres caseros, receta de la abuela de Fabiola, la coctelería hecha con fruta natural, un servicio excelente y un ambiente con aire nipón y un toque exclusivo. En definitiva, Robata «no es un copiar y pegar».
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