En lo alto de la isla de Ons hay un lugar en el que viento parece que sopla con más fuerza; un espacio en el que se alza una silueta que lleva más de un siglo vigilando la ría: el faro de Ons. Situada en el corazón del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas de Galicia y dependiente de la Autoridad Portuaria de Marín y Ría de Pontevedra, la infraestructura aspira a seguir encendiendo su luz cada noche convirtiéndose, al mismo tiempo, en un espacio cultural.. La propuesta, anunciada hoy por el presidente del organismo portuario, José Benito Suárez Costa, pasa por aprovechar aquellas dependencias que ya no son imprescindibles para el servicio técnico del faro y destinarlas a uso museístico, siempre “sin interferir en las necesidades presentes y futuras del sistema de ayudas a la navegación”.. La luz actual del faro cumple este año cien años, una efeméride que la Autoridad Portuaria quiere aprovechar para reforzar el valor patrimonial del edificio. El enclave, perteneciente al municipio de Bueu, ha experimentado en las últimas décadas una transformación tecnológica profunda: del encendido manual y la presencia constante del farero se ha pasado a un sistema completamente automatizado y monitorizado.. Ese salto técnico ha dejado espacios en el inmueble que ya no resultan necesarios para la operativa ordinaria. Ahí es donde surge la oportunidad. Según ha detallado Suárez Costa, esas zonas podrían albergar un museo o una exposición permanente dedicada a la historia de las señales marítimas, consolidando bajo un formato museístico los materiales que ya se conservan en el propio faro.. No se trata de una idea improvisada. La Autoridad Portuaria ya ha editado publicaciones como “Rojo a Babor”, una exhaustiva investigación sobre las ayudas a la navegación de la ría de Pontevedra, y el catálogo “Ons, la memoria del faro”, que documenta piezas históricas recuperadas por los propios fareros. Además, el edificio cuenta con una sala museo y una exposición permanente que ha sido visitada por colectivos culturales y centros educativos.. De la lámpara de aceite al sistema automatizado. La historia del faro de Ons arranca en el siglo XIX. El primer proyecto, firmado por el ingeniero J. Elduayen en 1861, dio lugar a un edificio de sillería granítica que comenzó a funcionar el 13 de abril de 1865. Contaba entonces con un aparato catadióptrico de quinto orden y una lámpara que funcionaba con aceite de oliva.. Las reformas normativas de principios del siglo XX exigieron mayor alcance y nuevas características lumínicas. Tras diversas adaptaciones técnicas, la solución definitiva llegó con la construcción de un nuevo faro, proyectado por Rafael de la Cerda y modificado por Ramiro Pascual Lorenzo, inaugurado el 4 de julio de 1926.. El edificio actual mantiene la esencia del anterior, al que se unió formando una planta en “U”. La torre, transformada en su parte superior, adoptó una configuración octogonal rematada por una linterna de 3,70 metros de diámetro, equipada en su momento con sistemas de vapor de petróleo a presión y mecanismos de relojería. La electricidad llegó después, primero para servicios interiores y, con el tiempo, para modernizar todo el sistema.. Hoy, la tecnología ha simplificado la operativa, pero el edificio conserva las huellas de cada etapa: alicatados, reformas de cubierta, rehabilitaciones y, sobre todo, objetos que narran la evolución de la ingeniería marítima.. Museo y seguridad marítima. La clave del proyecto reside en el equilibrio. El faro seguirá siendo, ante todo, un elemento esencial para la seguridad en la ría de Pontevedra. Su función como ayuda a la navegación no se verá alterada. El eventual uso cultural se circunscribirá a las áreas que no comprometan la operatividad del sistema.. La Autoridad Portuaria considera que existe ahora una oportunidad para “ordenar y consolidar” el contenido histórico bajo un formato museístico estable. Para ello, ya se han iniciado contactos con otras administraciones públicas y se prevé abrir un proceso de diálogo con colectivos sociales y culturales que han mostrado interés por el futuro del enclave.
La Autoridad Portuaria impulsa un uso cultural para el histórico edificio, que cumple cien años, compatible con su función esencial en la seguridad marítima
En lo alto de la isla de Ons hay un lugar en el que viento parece que sopla con más fuerza; un espacio en el que se alza una silueta que lleva más de un siglo vigilando la ría: el faro de Ons. Situada en el corazón del Parque Nacional Marítimo-Terrestre de las Illas Atlánticas de Galicia y dependiente de la Autoridad Portuaria de Marín y Ría de Pontevedra, la infraestructura aspira a seguir encendiendo su luz cada noche convirtiéndose, al mismo tiempo, en un espacio cultural.. La propuesta, anunciada hoy por el presidente del organismo portuario, José Benito Suárez Costa, pasa por aprovechar aquellas dependencias que ya no son imprescindibles para el servicio técnico del faro y destinarlas a uso museístico, siempre “sin interferir en las necesidades presentes y futuras del sistema de ayudas a la navegación”.. La luz actual del faro cumple este año cien años, una efeméride que la Autoridad Portuaria quiere aprovechar para reforzar el valor patrimonial del edificio. El enclave, perteneciente al municipio de Bueu, ha experimentado en las últimas décadas una transformación tecnológica profunda: del encendido manual y la presencia constante del farero se ha pasado a un sistema completamente automatizado y monitorizado.. Ese salto técnico ha dejado espacios en el inmueble que ya no resultan necesarios para la operativa ordinaria. Ahí es donde surge la oportunidad. Según ha detallado Suárez Costa, esas zonas podrían albergar un museo o una exposición permanente dedicada a la historia de las señales marítimas, consolidando bajo un formato museístico los materiales que ya se conservan en el propio faro.. No se trata de una idea improvisada. La Autoridad Portuaria ya ha editado publicaciones como “Rojo a Babor”, una exhaustiva investigación sobre las ayudas a la navegación de la ría de Pontevedra, y el catálogo “Ons, la memoria del faro”, que documenta piezas históricas recuperadas por los propios fareros. Además, el edificio cuenta con una sala museo y una exposición permanente que ha sido visitada por colectivos culturales y centros educativos.. De la lámpara de aceite al sistema automatizado. La historia del faro de Ons arranca en el siglo XIX. El primer proyecto, firmado por el ingeniero J. Elduayen en 1861, dio lugar a un edificio de sillería granítica que comenzó a funcionar el 13 de abril de 1865. Contaba entonces con un aparato catadióptrico de quinto orden y una lámpara que funcionaba con aceite de oliva.. Las reformas normativas de principios del siglo XX exigieron mayor alcance y nuevas características lumínicas. Tras diversas adaptaciones técnicas, la solución definitiva llegó con la construcción de un nuevo faro, proyectado por Rafael de la Cerda y modificado por Ramiro Pascual Lorenzo, inaugurado el 4 de julio de 1926.. El edificio actual mantiene la esencia del anterior, al que se unió formando una planta en “U”. La torre, transformada en su parte superior, adoptó una configuración octogonal rematada por una linterna de 3,70 metros de diámetro, equipada en su momento con sistemas de vapor de petróleo a presión y mecanismos de relojería. La electricidad llegó después, primero para servicios interiores y, con el tiempo, para modernizar todo el sistema.. Hoy, la tecnología ha simplificado la operativa, pero el edificio conserva las huellas de cada etapa: alicatados, reformas de cubierta, rehabilitaciones y, sobre todo, objetos que narran la evolución de la ingeniería marítima.. Museo y seguridad marítima. La clave del proyecto reside en el equilibrio. El faro seguirá siendo, ante todo, un elemento esencial para la seguridad en la ría de Pontevedra. Su función como ayuda a la navegación no se verá alterada. El eventual uso cultural se circunscribirá a las áreas que no comprometan la operatividad del sistema.. La Autoridad Portuaria considera que existe ahora una oportunidad para “ordenar y consolidar” el contenido histórico bajo un formato museístico estable. Para ello, ya se han iniciado contactos con otras administraciones públicas y se prevé abrir un proceso de diálogo con colectivos sociales y culturales que han mostrado interés por el futuro del enclave.
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