Entender a Morante es como querer ver a Dios: es imposible. Una vez que lo sientes, estás atrapado de por vida. Solo que, cuando crees que lo has visto todo vuelve Morante. A Sevilla, en su segunda tarde, y revienta la Maestranza y a sí mismo. No se puede torear mejor. Qué increíble torero. Qué manera de despedazarte por dentro y hacerse hasta con el último aliento que te quede por dentro de afición. Era el cuarto. Y no hay que anticiparse a cómo fue el toro, porque en verdad dio igual. Morante se paró en las tablas, apoyado como quien espera una copa de fino… pero aguardaba al de Álvaro Núñez. Salía suelto el animal, pero poco importaba, porque cada lance era una puta explosión, un encuentro, un choque de trenes. Aquello no era torear. Era otra cosa. Era diferente. Distinto. Un huracán. La emoción a raudales y, después de ese saludo capotero, pidió las banderillas. ¿Cómo? Se cayó Sevilla. Sonaba la música. Tres pares, cada cual más particular, más certero, con más personalidad. Más bello. El tercero, con la silla; la misma con la que comenzó la faena de muleta para que ese universo propio nos fuera perteneciendo a todos.. Inspirado Morante, sin patrón ni rumbo. El toro tenía calidad. Su toreo era tan brutal que anulaba todo. Un pase en redondo, inusual, rompió todos los esquemas. Hubo un momento en que ni él mismo sabía qué hacer, cómo salirse ya de sí mismo. Qué delirio. Qué delito perderte, torero. Qué privilegio compartir añada, segundos de este misterio que te ronda y nos inunda. Qué bendición de torero.. Y entonces llegaron los naturales… ¿qué decir? ¿Derechazos? Es imposible trasladar la grandeza de lo que ha pasado en la plaza. ¿Cuántos toreros te caben, Morante? La espada no entró. Estábamos exhaustos hasta los que no habíamos pegado un muletazo. No cabía uno más en la retina. Y entonces vino la gran ovación y las dos vueltas al ruedo. Y el corazón que estaba lleno… La vida seguía. Parecía lo mismo, pero no era igual. Poco pudo hacer José Antonio con un deslucido primero que abrió plaza.. Juan Ortega nos puso el corazón a bombear pronto. Y fuerte. Se fue a la puerta de toriles con el segundo y el toro se paró. Esa mirada mata. Y salió como pudo del trance. El esfuerzo estaba ahí y tras eso vino oro, porque el toro no fue fácil, sin entrega ni ritmo. Lo toreó a la verónica despacio. No era tanto lo que ocurría como lo que podía ocurrir. La faena fue una delicia por ese torero comienzo con el adn de Ortega, que es tan imprevisible y sedoso. Por el pitón diestro que repetía el toro cuajó Ortega muletazos de mucha belleza, cadencia, torería e improvisación. Al natural se descompuso el toro, se descompuso Ortega y retomó el pitón bueno el sevillano para dejarnos algún que otro pellizco de felicidad. Se le fue abajo la mano con la espada. Deslucido e quinto de resacón.. Un trofeo arrancó Hernández al tercero con ese concepto de profundidad y compromiso que conquista. No hay alivio hay entrega. Exprimió a su primero, que iba y venía, y empujó al sexto. Lo tiene claro. La gente tuvo claro que Morante no se iba andando y se lo llevaron en hombros, sin trofeos, imperó las emociones, el hervideros de pasiones que no se podía contener. Morante ya es otra cosa. es leyenda viva. Morante es de todas y cada uno que ama el toreo. Morante es dios.. Ficha del festejo. Sevilla. Feria de Abril. Sexta de abono. Lleno de «No hay billetes». Se lidiaron toros de Álvaro Núñez. El 1º, deslucido; 2º, repetidor y y noble por el derecho; 3º, va y viene; 4º, noble y con calidad; 5º, deslucido; 6º, manejable.. Morante de la Puebla, de tabaco y oro, estocada (silencio); pinchazo, media , dos descabellos (dos vueltas al ruedo).. Juan Ortega, de pistacho y oro, estocada baja (saludos tras petición); estocada (silencio).. Víctor Hernández, de corinto y oro, aviso, estocada (oreja): estocada (saludos).
El genio de La Puebla firma una tarde para la historia de la Feria de Abril. En un alarde de compromiso y facultades, Morante ha sorprendido al mundo taurino cogiendo los palos, desatando una locura colectiva que ha hecho que le saquen a hombros de la plaza por la Puerta Grande
Sevilla ha entrado en trance. Lo que está sucediendo en estos momentos en la Real Maestranza de Caballería no es solo una corrida de toros; es un suceso histórico. Morante de la Puebla, en un estado de gracia absoluto, ha «reventado» el albero sevillano con una faena que ya se escribe en letras de oro.. La sorpresa saltó cuando el maestro, en un gesto de entrega que pocos recordaban, decidió poner banderillas. El tercio, ejecutado con la pureza y el aroma de los toreros de época, puso a la plaza en pie antes de que la muleta siquiera rozara la arena. Los vídeos del momento están incendiando las redes sociales: no es solo la técnica, es la actitud de un torero que se ha propuesto vaciarse por completo ante su público, reventándose a sí mismo en cada pase.. Tras meses de dudas sobre su estado, Morante ha respondido en el ruedo. Con un toro de Álvaro Núñez que ha servido para el milagro, el de La Puebla ha toreado con las yemas de los dedos, ralentizando el tiempo en cada natural. Pero ha sido ese gesto de coger los palos lo que ha roto los esquemas de la tarde, demostrando que este año Morante no viene a cumplir, sino a reinar.. La Maestranza, entregada, ruge con cada pase mientras los teléfonos móviles echan humo inmortalizando una tarde que Sevilla tardará décadas en olvidar.
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