En un mundo donde los drones ya no son simples juguetes tecnológicos, sino protagonistas de los conflictos modernos, las respuestas militares han evolucionado a la misma velocidad que las amenazas. La proliferación de vehículos aéreos no tripulados, desde pequeñas plataformas de reconocimiento hasta drones kamikaze cargados de explosivos, ha llevado a los ejércitos a repensar la defensa aérea desde cero. En este contexto nace el Allag-E, un interceptor antidrones que promete marcar un antes y un después en la protección del espacio aéreo a baja altitud.. Desarrollado por EDGE Advanced Concepts, una división del conglomerado tecnológico de defensa de los Emiratos Árabes Unidos, el Allag-E fue presentado recientemente en el Dubai Airshow 2025 y ha sido descrito como una especie de “halcón mecánico” diseñado para cazar otros drones con rapidez, precisión y agresividad.. La estrategia tradicional de defensa aérea, basada en misiles costosos y radares pesados, ya no es suficiente cuando los drones avanzados pueden volar bajo, moverse en enjambres y actuar de forma autónoma. El Allag-E responde a ese desafío con un sistema especializado que combina velocidad, maniobrabilidad y precisión letal. El diseño es compacto, pero eficaz: con una envergadura de aproximadamente 700 mm y una longitud de unos 900 mm, este interceptor eléctrico pesa alrededor de 8,5 kilogramos, lo que le permite operar con agilidad a baja altura sin depender de grandes plataformas de lanzamiento.. Una de sus grandes ventajas es la propulsión eléctrica mediante ventiladores ductados simétricos, situados sobre y debajo de la cola, que le confieren un impulso potente y un comportamiento aerodinámico estable. Puede alcanzar velocidades superiores a 250 kilómetros por hora, suficientes para perseguir y neutralizar drones hostiles que vuelen a más de 200 km/h, un desafío real sobre el campo de batalla actual. Eso sí, su autonomía es de unos 6 minutos aproximadamente y cubre un área de unos 20 km².. El Allag-E no se limita a localizar drones enemigos: lleva consigo un cargador explosivo de 1,7 kg con una carga tipo disco fragmentario, diseñado para maximizar el daño incluso sin impacto directo. Equipado con sensores de proximidad, su sistema puede detonar al acercarse lo suficiente al objetivo, generando una zona de destrucción eficaz de más de cinco metros, con precisión de hasta unos diez metros. Esta “muerte por cercanía” es esencial cuando se trabaja contra plataformas pequeñas y maniobrables que pueden intentar evadir impactos directos.. Además, está equipado para funcionar en entornos saturados de interferencias gracias a un enlace de radiofrecuencia para la fase inicial del vuelo y navegación por flujo óptico en la fase final de ataque. Esto le permite rastrear y comprometer el objetivo incluso cuando sistemas electrónicos enemigos intentan bloquear las comunicaciones.. El desarrollo del Allag-E refleja una tendencia más amplia: los conflictos del siglo XXI ya no dependen exclusivamente de grandes aviones, cazas o misiles balísticos. Las guerras modernas están plagadas de drones de reconocimiento, vehículos suicidas y sistemas no tripulados que operan en masa, alimentados por redes de comunicaciones y sistemas autónomos. En palabras de analistas de defensa, los drones “han cambiado la naturaleza de la superioridad aérea y obligan a repensar por completo cómo proteger el espacio de combate”.. En este panorama, un interceptor como el Allag-E se convierte en un elemento crítico del concepto C-UAS (Counter-Unmanned Aircraft Systems): sistemas diseñados específicamente para detectar, rastrear e interceptar amenazas aéreas no tripuladas antes de que puedan causar daños. Desde ejércitos profesionales hasta instalaciones críticas, la demanda de tecnologías automatizadas de defensa antidrones no ha hecho más que crecer.. Así, la aparición de vehículos como el Allag-E sugiere que la defensa del futuro no estará dominada únicamente por misiles tradicionales o radares gigantescos, sino por una red de interceptores rápidos, autónomos y económicos diseñados para lidiar con amenazas que antes no existían. Sistemas similares, desde interceptores cinéticos hasta armas de energía dirigida, están siendo desarrollados en otros países, lo que demuestra que la carrera tecnológica en defensa antidrones ya ha comenzado.. Si el Allag-E representa el futuro inmediato, ese futuro es rápido, autónomo y, sobre todo, preparado para enfrentarse a drones con drones. En un cielo saturado de amenazas tecnológicas, los interceptores como este no son solo una pieza más del arsenal militar, sino una respuesta necesaria a una de las transformaciones más profundas en el campo de la defensa moderna.
Alcanza los 250 km/h y puede llevar una carga explosiva de casi dos kilos a bordo.
En un mundo donde los drones ya no son simples juguetes tecnológicos, sino protagonistas de los conflictos modernos, las respuestas militares han evolucionado a la misma velocidad que las amenazas. La proliferación de vehículos aéreos no tripulados, desde pequeñas plataformas de reconocimiento hasta drones kamikaze cargados de explosivos, ha llevado a los ejércitos a repensar la defensa aérea desde cero. En este contexto nace el Allag-E, un interceptor antidrones que promete marcar un antes y un después en la protección del espacio aéreo a baja altitud.. Desarrollado por EDGE Advanced Concepts, una división del conglomerado tecnológico de defensa de los Emiratos Árabes Unidos, el Allag-E fue presentado recientemente en el Dubai Airshow 2025 y ha sido descrito como una especie de “halcón mecánico” diseñado para cazar otros drones con rapidez, precisión y agresividad.. La estrategia tradicional de defensa aérea, basada en misiles costosos y radares pesados, ya no es suficiente cuando los drones avanzados pueden volar bajo, moverse en enjambres y actuar de forma autónoma. El Allag-E responde a ese desafío con un sistema especializado que combina velocidad, maniobrabilidad y precisión letal. El diseño es compacto, pero eficaz: con una envergadura de aproximadamente 700 mm y una longitud de unos 900 mm, este interceptor eléctrico pesa alrededor de 8,5 kilogramos, lo que le permite operar con agilidad a baja altura sin depender de grandes plataformas de lanzamiento.. Una de sus grandes ventajas es la propulsión eléctrica mediante ventiladores ductados simétricos, situados sobre y debajo de la cola, que le confieren un impulso potente y un comportamiento aerodinámico estable. Puede alcanzar velocidades superiores a 250 kilómetros por hora, suficientes para perseguir y neutralizar drones hostiles que vuelen a más de 200 km/h, un desafío real sobre el campo de batalla actual. Eso sí, su autonomía es de unos 6 minutos aproximadamente y cubre un área de unos 20 km².. El Allag-E no se limita a localizar drones enemigos: lleva consigo un cargador explosivo de 1,7 kg con una carga tipo disco fragmentario, diseñado para maximizar el daño incluso sin impacto directo. Equipado con sensores de proximidad, su sistema puede detonar al acercarse lo suficiente al objetivo, generando una zona de destrucción eficaz de más de cinco metros, con precisión de hasta unos diez metros. Esta “muerte por cercanía” es esencial cuando se trabaja contra plataformas pequeñas y maniobrables que pueden intentar evadir impactos directos.. Además, está equipado para funcionar en entornos saturados de interferencias gracias a un enlace de radiofrecuencia para la fase inicial del vuelo y navegación por flujo óptico en la fase final de ataque. Esto le permite rastrear y comprometer el objetivo incluso cuando sistemas electrónicos enemigos intentan bloquear las comunicaciones.. El desarrollo del Allag-E refleja una tendencia más amplia: los conflictos del siglo XXI ya no dependen exclusivamente de grandes aviones, cazas o misiles balísticos. Las guerras modernas están plagadas de drones de reconocimiento, vehículos suicidas y sistemas no tripulados que operan en masa, alimentados por redes de comunicaciones y sistemas autónomos. En palabras de analistas de defensa, los drones “han cambiado la naturaleza de la superioridad aérea y obligan a repensar por completo cómo proteger el espacio de combate”.. En este panorama, un interceptor como el Allag-E se convierte en un elemento crítico del concepto C-UAS (Counter-Unmanned Aircraft Systems): sistemas diseñados específicamente para detectar, rastrear e interceptar amenazas aéreas no tripuladas antes de que puedan causar daños. Desde ejércitos profesionales hasta instalaciones críticas, la demanda de tecnologías automatizadas de defensa antidrones no ha hecho más que crecer.. Así, la aparición de vehículos como el Allag-E sugiere que la defensa del futuro no estará dominada únicamente por misiles tradicionales o radares gigantescos, sino por una red de interceptores rápidos, autónomos y económicos diseñados para lidiar con amenazas que antes no existían. Sistemas similares, desde interceptores cinéticos hasta armas de energía dirigida, están siendo desarrollados en otros países, lo que demuestra que la carrera tecnológica en defensa antidrones ya ha comenzado.. Si el Allag-E representa el futuro inmediato, ese futuro es rápido, autónomo y, sobre todo, preparado para enfrentarse a drones con drones. En un cielo saturado de amenazas tecnológicas, los interceptores como este no son solo una pieza más del arsenal militar, sinouna respuesta necesaria a una de las transformaciones más profundas en el campo de la defensa moderna.
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