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Alba Carrillo es una de las caras más conocidas de la televisión. Tanto por su trabajo como colaboradora de diferentes programas como por su vida amorosa, Carrillo ha estado siempre en el foco mediático. Y es que, la periodista siempre ha hablado con total sinceridad de sus relaciones, tanto las fructíferas como las que no llegaron a buen puerto.. Pero, lo que nadie podría haberse imaginado es que sus encantos llegarían incluso a personas con una filosofía política completamente diferente a la suya. Como así ha dejado siempre claro ella es «muy roja» y no tiene una buena opinión de la ultraderecha. Aunque lo cierto es que algunos votantes de este sector sí que la tiene a ella en una gran estima.. «Gente de Vox me ha dicho que era comunista con tal de echar un polvo», comenzó a explicar en su reciente entrevista con Luc Loren. «Se han acabado quitando la pulsera. Sí, sí, sí. Te lo juro por mi vida. Esos son mis valores, como Groucho Marx, y si no te gustan, tengo otros».. Aunque, para ella, lo más llamativo no fue que pasara, sino que se repitiese «más de una vez». «Con la pulserita y no sé qué y empiezan a contarte: ‘No, porque tal, porque Pedro, no sé qué, no sé cuántos’. Y cuando tú les empiezas a enseñar un poquito lo que vas opinando, pues van virando. Lo ves en la conversación», recordó.. Sin embargo, lo cierto es que para ella, aunque sí que le puede gustar alguien con un pensamiento político diferente, hay ideologías que no tolera: «Yo tengo personas de derechas, amigos y tal, que incluso son gays, pero que no son homófobos. Me refiero a fachas de ‘entras en los derechos humanos, que coges el tractor y te los comes, te los llevas por delante’. Yo no puedo porque a mí eso me imposibilita que te admire y si no te admiro de alguna forma, aunque no sea una relación, y sea simplemente sexual, ya no puedo. Eso con 20 podría tragar porque, total… pero ahora ya no».. Porque, como así dejó claro en una reciente entrevista para El Mundo, se niega a dar cabida a pensamientos que puedan infligir la libertad de las personas. «Ni un paso atrás en el tema de los derechos, la ultraderecha me asusta muchísimo. Voy levantando la voz por mi propia experiencia, por cómo veo crecer algunos movimientos peligrosos y porque los derechos humanos no se negocian», destacó.
