Evan Careng tiene 20 años, estudia un grado de Publicidad y Relaciones Públicas en el CEU San Pablo y se acaba de sacar el carné de conducir. El año que viene se irá de Erasmus a Praga. Está estudiando, además, para sacarse un nivel C1 de inglés. La suya es una vida como la de muchos jóvenes de su edad, pero hace tan solo cuatro años, todo lo que tiene ahora era más bien el sueño de un adolescente al que le costaba sacar adelante sus estudios y que residía en un centro de menores tutelados madrileño. Hasta que llegaron Irene y Javier para acogerlo en su casa como uno más de la familia. “Ha sido una cadena de sucesos que han ido cambiando drásticamente mi vida”, dice Evan.Seguir leyendo
La Comunidad de Madrid cuenta con varios programas de acogida de menores tutelados en sus residencias que dan oportunidades de vivir una experiencia familiar a los más mayores
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Evan Careng tiene 20 años, estudia un grado de Publicidad y Relaciones Públicas en el CEU San Pablo y se acaba de sacar el carné de conducir. El año que viene se irá de Erasmus a Praga. Está estudiando, además, para sacarse un nivel C1 de inglés. La suya es una vida como la de muchos jóvenes de su edad, pero hace tan solo cuatro años, todo lo que tiene ahora era más bien el sueño de un adolescente al que le costaba sacar adelante sus estudios y que residía en un centro de menores tutelados madrileño. Hasta que llegaron Irene y Javier para acogerlo en su casa como uno más de la familia. “Ha sido una cadena de sucesos que han ido cambiando drásticamente mi vida”, dice Evan.Irene Llabrés y Javier Serrano, hace cuatro años, no estaban “ni buscando, ni atentos, ni vinculados” a los programas de acogida de menores tutelados por la Comunidad de Madrid. “Nosotros ya teníamos cinco hijos”, explica Irene. Sin embargo, tenían amigos que participaban como voluntarios en alguno de los centros de acogimiento que tiene la Comunidad de Madrid, donde, según las últimas cifras del Ministerio de Juventud e Infancia, residen 1.858 niños, niñas y adolescentes que no pueden vivir con sus familias biológicas. Javier acababa de bajar el ritmo en el trabajo y fue el primero en escuchar un anuncio que promocionaba un programa de acogida que le pareció interesante por ser temporal. Así fue como a principios de 2021, en plena pandemia de covid, se pusieron en contacto con la Asociación Estatal de Acogimiento Familiar (ASEAF), que les informó de las distintas vías por las que podían acoger a un menor, ya fuera los fines de semana, el verano o todo un curso escolar. Con cuatro de sus hijos ya adultos y fuera de casa, decidieron que era el momento y se apuntaron al proyecto Un curso en familia, con el que acogerían a un menor de entre 10 y 17 años durante todo el curso escolar. Al otro lado estaba Evan. “Yo ya había comentado mis deseos de seguir formándome, cosa que en las residencias es bastante imposible después de los 18 años”, cuenta el joven mientras hace una breve parada en su estudio para los exámenes finales. A Evan el tiempo se le acababa y temía tener que trasladarse a un piso de transición cuando fuera mayor de edad, donde se vería obligado a trabajar antes de poder estudiar. Fue el director de su residencia quien le comentó la posibilidad de ser acogido en una familia que, quizás, lo ayudaría con su objetivo de llegar a la universidad. Pero Evan libraba otra “batalla interior”: si se iba, tendría que dejar a su hermana, menor que él, sola en el centro donde ambos residían. Fue a ella la primera persona a la que le contó su plan y fue ella la que dijo sin dudar que era lo correcto.Evan e Irene y Javier no se conocían de nada, sino que fueron los trabajadores de la residencia quienes los conectaron. Comenzaron reuniéndose los fines de semana, cuando el matrimonio lo invitaba a cenar junto a toda s
