El gobierno de Sébastien Lecornu toma oxígeno en Francia con una victoria importante dada la fragilidad en la que se mueve el ejecutivo sin mayoría parlamentaria. Tras un eléctrico debate en la Asamblea Nacional, el presupuesto de la Seguridad Social, pieza clave en la ley de presupuestos de 2026, ha sido aprobado este martes por la noche de forma ajustada, por tan sólo 13 votos, tras frenéticas negociaciones y concesiones a la izquierda socialista y ecologista.. En total, 247 diputados votaron a favor y 234 en contra. La clave la han tenido un numeroso grupo de diputados abstencionistas, 93, transversales al arco parlamentario ya que entre ellos se encontraban, especialmente, ecologistas y conservadores de Los Republicanos.. Durante las horas previas a la votación en la Asamblea Nacional, el gobierno de Lecornu se había esforzado en lanzar gestos a los diputados para tratar de convencerlos ante la incierta votación sobre el presupuesto de la Seguridad Social. La ministra de Hacienda, Amélie de Montchalin, había advertido en una entrevista al canal BFMTV de que si no salía adelante habría «más descontrol» en las cuentas públicas, e insistió en que permitirá un incremento en la partida para los hospitales, una de las reivindicaciones de los ecologistas.. Esta concesión ha sido la clave del voto. En concreto, el ejecutivo ha anunciado una partida suplementaria para Sanidad de 8.000 millones de euros adicionales para 2025 y 2026. Con esa aportación del Estado, explicó la ministra, la Seguridad Social tendrá en 2026 un déficit inferior a los 20.000 millones de euros.. Lo cierto es que en la víspera de la crucial votación, el Ejecutivo ya había recibido una buena noticia cuando el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, anticipaba su apoyo al presupuesto de la Seguridad Social. Pero el apoyo de los socialistas, que cuentan con 66 diputados en la Asamblea Nacional, no constituía ninguna garantía al 100% de que todos los diputados siguiesen la consigna del líder Olivier Faure.. Esta eventual falta de disciplina, sumada a la férrea oposición de los extremos, tanto del Reagrupimiento Nacional de Marine Le Pen como de La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, ha provocado serios quebraderos de cabeza en el seno del gobierno francés durante las horas previas del debate parlamentario. Por si faltara gasolina, algunos miembros destacados del bloque central también habían expresado sus reticencias.. Era el caso del presidente de Los Republicanos (LR), Bruno Retailleau, quien pidió el domingo a sus diputados que no voten lo que calificó de «presupuesto socialista». Una férrea oposición tras su reciente salida del gobierno que muchos analistas interpretan en clave de cálculo electoral y midiendo las posibilidades de Retailleau de cara a presentar su propia candidatura para la sucesión de Macron en 2027. Otro con parecidas ambiciones, el responsable del partido de centro derecha Horizontes y exprimer ministro, Edouard Philippe, adelantó en la víspera del debate en la Asamblea que había pedido la abstención de su pequeño grupo parlamentario.. La votación de este martes sucede a la de la semana pasada cuando una amplia mayoría de diputados votaron a favor de la suspensión de la reforma de las pensiones adoptada en 2023 y que elevaba de los 62 a los 64 años la edad mínima de jubilación. Esta era la condición básica para sumar a los socialistas al proyecto de presupuestos 2026. La suspensión de la impopular reforma estrella de Macron ya había allanado el camino para poder adoptar los presupuestos.. En un panorama político muy agitado desde la disolución de la Asamblea Nacional decidida por el presidente Emmanuel Macron en 2024, la dificultad para aprobar un presupuesto es el principal motivo de la caída de los últimos primeros ministros. Sin embargo, el gobierno minoritario de Sébastien Lecornu, cercano a Macron, se encuentra bajo una fuerte presión para reducir el déficit público, el más alto de la zona euro, cuya magnitud preocupa a los mercados financieros.
El gobierno de Sébastien Lecornu toma oxígeno en Francia con una victoria importante dada la fragilidad en la que se mueve el ejecutivo sin mayoría parlamentaria. Tras un eléctrico debate en la Asamblea Nacional, el presupuesto de la Seguridad Social, pieza clave en la ley de presupuestos de 2026, ha sido aprobado este martes por la noche de forma ajustada, por tan sólo 13 votos, tras frenéticas negociaciones y concesiones a la izquierda socialista y ecologista.. En total, 247 diputados votaron a favor y 234 en contra. La clave la han tenido un numeroso grupo de diputados abstencionistas, 93, transversales al arco parlamentario ya que entre ellos se encontraban, especialmente, ecologistas y conservadores de Los Republicanos.. Durante las horas previas a la votación en la Asamblea Nacional, el gobierno de Lecornu se había esforzado en lanzar gestos a los diputados para tratar de convencerlos ante la incierta votación sobre el presupuesto de la Seguridad Social. La ministra de Hacienda, Amélie de Montchalin, había advertido en una entrevista al canal BFMTV de que si no salía adelante habría «más descontrol» en las cuentas públicas, e insistió en que permitirá un incremento en la partida para los hospitales, una de las reivindicaciones de los ecologistas.. Esta concesión ha sido la clave del voto. En concreto, el ejecutivo ha anunciado una partida suplementaria para Sanidad de 8.000 millones de euros adicionales para 2025 y 2026. Con esa aportación del Estado, explicó la ministra, la Seguridad Social tendrá en 2026 un déficit inferior a los 20.000 millones de euros.. Lo cierto es que en la víspera de la crucial votación, el Ejecutivo ya había recibido una buena noticia cuando el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, anticipaba su apoyo al presupuesto de la Seguridad Social. Pero el apoyo de los socialistas, que cuentan con 66 diputados en la Asamblea Nacional, no constituía ninguna garantía al 100% de que todos los diputados siguiesen la consigna del líder Olivier Faure.. Falta de disciplina. Esta eventual falta de disciplina, sumada a la férrea oposición de los extremos, tanto del Reagrupimiento Nacional de Marine Le Pen como de La Francia Insumisa de Jean-Luc Mélenchon, ha provocado serios quebraderos de cabeza en el seno del gobierno francés durante las horas previas del debate parlamentario. Por si faltara gasolina, algunos miembros destacados del bloque central también habían expresado sus reticencias.. Era el caso del presidente de Los Republicanos (LR), Bruno Retailleau, quien pidió el domingo a sus diputados que no voten lo que calificó de «presupuesto socialista». Una férrea oposición tras su reciente salida del gobierno que muchos analistas interpretan en clave de cálculo electoral y midiendo las posibilidades de Retailleau de cara a presentar su propia candidatura para la sucesión de Macron en 2027. Otro con parecidas ambiciones, el responsable del partido de centro derecha Horizontes y exprimer ministro, Edouard Philippe, adelantó en la víspera del debate en la Asamblea que había pedido la abstención de su pequeño grupo parlamentario.. La votación de este martes sucede a la de la semana pasada cuando una amplia mayoría de diputados votaron a favor de la suspensión de la reforma de las pensiones adoptada en 2023 y que elevaba de los 62 a los 64 años la edad mínima de jubilación. Esta era la condición básica para sumar a los socialistas al proyecto de presupuestos 2026. La suspensión de la impopular reforma estrella de Macron ya había allanado el camino para poder adoptar los presupuestos.. En un panorama político muy agitado desde la disolución de la Asamblea Nacional decidida por el presidente Emmanuel Macron en 2024, la dificultad para aprobar un presupuesto es el principal motivo de la caída de los últimos primeros ministros. Sin embargo, el gobierno minoritario de Sébastien Lecornu, cercano a Macron, se encuentra bajo una fuerte presión para reducir el déficit público, el más alto de la zona euro, cuya magnitud preocupa a los mercados financieros.
El primer ministro francés toma oxígeno tras sacar adelante el presupuesto de la Seguridad Social
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