Ver un capítulo de Verano Azul ha sido mi última ilusión del día durante 19 noches de estas vacaciones. Quería redescubrir la serie más allá de los recordados gritos de “¡Bea ya es mujer!” o “¡Chanquete ha muerto!». Quería contemplar con los ojos de hoy un ayer que es decisivo en nuestras vidas. Y las expectativas no han sido defraudadas. Incluso me he percatado, con una lágrima feliz en el ojo, qué esencial ha sido esta ficción para vertebrar un país más moderno, más sabio y más despierto en plena edad del pavo de la transición democrática. Porque la historia de Verano Azul, rodada entre 1979 y 1980 y escrita por Antonio Mercero, Horacio Valcárcel y José Ángel Rodero, nos enfrentó de cara a cómo éramos: con todos los motes, con todos los machismos, con todos los racismos, con todos los clasismos, con todos los corsés que iban quedando en evidencia gracias a los ideales de una sociedad que empezaba a comprender que no solo los hijos aprenden de los padres, también los padres aprenden de los hijos.. El divorcio, la salud mental, el sexismo, el alcoholismo, la hombría fatal entendida, el ecologismo, la maternidad soltera, la necesidad de creer, la especulación inmobiliaria, el racismo, el primer amor, la soledad, las fake news, el no poder ser quien auténticamente eres por el qué dirán, la reivindicación de los derechos laborales… Incluso el desdén de los papás que no quieren que sus hijos ayuden a un amigo, Pancho, solo porque no es de su estatus social.. Todo contado con la capacidad del director, Antonio Mercero, para crear en cada episodio momentos memorables. Estampas únicas que representan la congregación que es la vida. Porque cada entrega terminaba en alto con una imagen que no requería palabras. La expresividad de los primeros planos movilizaba nuestros sentidos. Nos metía dentro de la belleza de la historia hasta cuando era trágica.. La autenticidad de la interpretación de Antonio Ferrandis, Chanquete, y María Garralón, Julia, se complementaba con los más pequeños, Tito y Piraña, con una inocencia que narrativamente era perfecta para enriquecer los diálogos con el conocimiento de la cultura popular, la ciencia o la naturaleza desde la curiosidad infantil. En los adultos quedaría resabiado. En cambio, en el arte de mirar de los críos era una sonrisa tras otra. Así la serie teje un intercambio generacional redondo con una familia elegida que se quiere porque no se juzga: el mayor curtido en la mar, la joven viuda huyendo del recuerdo, los claroscuros de la vida revelándose ante los adolescentes y la inteligencia infantil de Tito y Piraña. Juntos, reunieron la emoción de sentir que hay gente dispuesta a darte más de lo que esperas.. Algunos básicos critican la serie por el mote de «Piraña» y las constantes bromas que se realizaban porque el chaval pensaba constantemente en comer. No entienden que de ahí brota el éxito sin fecha de caducidad de la serie: retratar la sociedad sin tutelas y con todas sus contradicciones. Un realismo que abre la mente, que nos documenta, que nos coloca ante lo que queríamos ser y a lo que terminamos siendo. Todos éramos esa pandilla. Todos nos comprometíamos con aquellas emociones. Todos seguimos aprendiendo conVerano Azul, que nos dejó frases que deberían ser brújula para huir de la tempestad que rentabilizan los mercaderes de las mares revueltas de hoy. Y siempre.. Frases para pensar que ‘Verano Azul’ nos dejó. “Si tuviéramos espíritu cívico todo lo demás vendría rodado. No somos ciudadanos, somos individuos”. Chanquete sobre el individualismo de la ambición excitada.. “Generalmente no buscamos aquel trabajo que mejor podemos hacer, sino aquel en el que podemos ganar más. Y así marcha el mundo”. Chanquete.. «Hay que razonar de persona a persona, no de superior a inferior». Si se pusiera a razonar, alguna vez tendría que dar la razón a su hijo y eso le haría perder autoridad. Así que es más cómodo el «tú te callas». Chanquete sobre los progenitores que solo saben argumentar con «porque yo lo digo».. «En la vida no siempre hace uno lo que quiere, sino lo que puede». Chanquete.. «No ser desgraciado para los demás te puede hacer desgraciado a ti mismo». Julia sobre la moral que impide a la gente ser quien es.. «Ser un buen hombre no significa ser un hombre feliz». Chanquete.. «En la vida todos somos navegantes y, por eso, antes o después sabemos lo que es un naufragio. Y no voy a cometer la estupidez de buscar palabras de consuelo, palabras fáciles. Por otra parte, no sé decirlas. Y, además, creo que no valen para nada. De sobra sí sé que, a veces, nuestro dolor puede ser tan hondo y tan negro como el fondo del mar. Pero sería un trabajo tonto tratar de llenarlo arrojando en él piedrecitas de consuelo. Lo que sí me gustaría, lo que sí quiero hacer, es ayudarle a cambiar de actitud. Usted es inteligente y sabe que lo peor que puede hacer es quedarse quieta». Chanquete conversa con una depresiva Julia cuando descubre que su amiga perdió a su marido y a su hija en un accidente bajo la lluvia. Este fragmento del guion resume a la perfección cómo la ficción enfoca el duelo sin el inútil paternalismo en el que se suele caer en la tele con coletillas del estilo “hay que ser valiente”, “vendrán tiempos mejores”, “eres una luchadora”. Al contrario, Chanquete escucha sin permitirse la peligrosa condescendencia y nos da la mano para que hagamos cosas como forma de no quedarse enredado por la parálisis del dolor.. «La vida es como un tren en marcha. Los que se mueren, se apean. Y los demás, seguimos. Y nunca volveremos a cruzar el mismo paisaje». Chanquete.. “Bastante hemos jugado con la hipocresía en este país. Si ellos no se quieren, nada lo va a cambiar. Una separación siempre es dolorosa, pero menos que una vida de echarse rencores a la cara». Julia desmonta una sociedad en la que el cuchicheo nacional culpabilizaba y sentenciaba a las personas que se divorciaban.. «Cuando alguien recurre a la trampa para conseguir algo, la trampa desata violencias. Piensa que el más fuerte es el que gana y, a veces, parecen que tiene razón. Pero nunca la tienen. Se la quitan ellos mismos. Qué mundo de asco. Y aquí están estos para continuarlo». Chanquete sobre los que manosean el odio.. «No sabéis hablar, solo sabéis pelear». Chanquete, por momentos, parece que reflexiona sobre tantas redes sociales y tantas tertulias de hoy, en las que se impone mucho y escucha poco.. «¿Usted también es de los que piensa que su hijo no le puede enseñar nada que no sepa ya?». Chanquete sonríe ante un padre que acaba de soltar: «cómo mi hijo me va a enseñar algo a mí». Y el marinero le dejó pensando, claro.. «Cuando somos niños todo nos parece más claro. Pero luego, según vamos creciendo, las preguntas se hacen más difíciles de responder. A lo mejor, la inteligencia sirve para conseguir hacer ciertas preguntas pero no para responderlas». Julia.. «Entre amigos no hace falta darse explicaciones, eso es lo mejor de la amistad». Chanquete.. «Todo se pega menos la hermosura. El mundo está cargado de odio, lo respiramos, lo llevamos dentro y luego echamos la culpa a un demonio ajeno». Julia.. «El error de los padres es tratar a sus hijos como lo que van a ser, no como lo que ya son». «El mundo de adultos no es más importante ni más real ni más verdadero que el del niño. Y muchas veces lo que van a llegar a ser no es mejor que de lo que antemano se era». Chanquete.. «Cuando me pregunto quien soy yo realmente siempre me reconozco en la niña que fui. Y que en cierto sentido sigo siendo». Julia.. «La amistad es no planear las conversaciones». Chanquete frente a la sociedad de las apariencias.. «El mundo va cambiando y la gente va cambiando con él. Y así los unos somos extraños a los otros. Salvo que dejemos el mundo a un lado y veamos el interior de las personas. Por dentro, por bien adentro, no somos tan diferentes. Ni usted ni yo, ni usted ni sus hijos». Chanquete.. «Ya es usted mayorcita para andar por la vida pendiente de si los demás ponen buena o mala cara». Chanquete.. «No os dejéis cabalgar, Epifanio. Si quieran andar al lado vuestro, que anden, pero sin montarse encima de nuestros propios hombros». Chanquete.. «Entre la gente, hay siempre algún burro, y a los burros si se les coloca una zanahoria enfrente del hocico se ciegan y no se sabe nunca hasta dónde pueden llegar». Chanquete.. «Cuando ellos hablan de los beneficios de la sociedad, solo hablan de su sociedad anónima». Chanquete sobre los especuladores.. «¿A quién le importa lo que un viejo solitario haga o deje de hacer?». Chanquete en el episodio en el que se resiste a ir al hospital. Es sabio, pero es también víctima de los miedos. Es vulnerable como todos. Julia, responde: «A mí me importa. A los chicos les importa. A Buzo le importa. A Frasco le importa. Al pueblo le importa. Y a este mar también».
‘Verano Azul’ fue una ficción fundamental para vertebrar la convivencia de un país más sabio, más moderno y más despierto.
20MINUTOS.ES – Televisión
Ver un capítulo de Verano Azul ha sido mi última ilusión del día durante 19 noches de estas vacaciones. Quería redescubrir la serie más allá de los recordados gritos de “¡Bea ya es mujer!” o “¡Chanquete ha muerto!». Quería contemplar con los ojos de hoy un ayer que es decisivo en nuestras vidas. Y las expectativas no han sido defraudadas. Incluso me he percatado, con una lágrima feliz en el ojo, qué esencial ha sido esta ficción para vertebrar un país más moderno, más sabio y más despierto en plena edad del pavo de la transición democrática. Porque la historia de Verano Azul, rodada entre 1979 y 1980 y escrita por Antonio Mercero, Horacio Valcárcel y José Ángel Rodero, nos enfrentó de cara a cómo éramos: con todos los motes, con todos los machismos, con todos los racismos, con todos los clasismos, con todos los corsés que iban quedando en evidencia gracias a los ideales de una sociedad que empezaba a comprender que no solo los hijos aprenden de los padres, también los padres aprenden de los hijos.. El divorcio, la salud mental, el sexismo, el alcoholismo, la hombría fatal entendida, el ecologismo, la maternidad soltera, la necesidad de creer, la especulación inmobiliaria, el racismo, el primer amor, la soledad, las fake news, el no poder ser quien auténticamente eres por el qué dirán, la reivindicación de los derechos laborales… Incluso el desdén de los papás que no quieren que sus hijos ayuden a un amigo, Pancho, solo porque no es de su estatus social.. Todo contado con la capacidad del director, Antonio Mercero, para crear en cada episodio momentos memorables. Estampas únicas que representan la congregación que es la vida. Porque cada entrega terminaba en alto con una imagen que no requería palabras. La expresividad de los primeros planos movilizaba nuestros sentidos. Nos metía dentro de la belleza de la historia hasta cuando era trágica.. Ver esta publicación en Instagram. La autenticidad de la interpretación de Antonio Ferrandis, Chanquete, y María Garralón, Julia, se complementaba con los más pequeños, Tito y Piraña, con una inocencia que narrativamente era perfecta para enriquecer los diálogos con el conocimiento de la cultura popular, la ciencia o la naturaleza desde la curiosidad infantil. En los adultos quedaría resabiado. En cambio, en el arte de mirar de los críos era una sonrisa tras otra. Así la serie teje un intercambio generacional redondo con una familia elegida que se quiere porque no se juzga: el mayor curtido en la mar, la joven viuda huyendo del recuerdo, los claroscuros de la vida revelándose ante los adolescentes y la inteligencia infantil de Tito y Piraña. Juntos, reunieron la emoción de sentir que hay gente dispuesta a darte más de lo que esperas.. Algunos básicos critican la serie por el mote de «Piraña» y las constantes bromas que se realizaban porque el chaval pensaba constantemente en comer. No entienden que de ahí brota el éxito sin fecha de caducidad de la serie: retratar la sociedad sin tutelas y con todas sus contradicciones. Un realismo que abre la mente, que nos documenta, que nos coloca ante lo que queríamos ser y a lo que terminamos siendo. Todos éramos esa pandilla. Todos nos comprometíamos con aquellas emociones. Todos seguimos aprendiendo conVerano Azul, que nos dejó frases que deberían ser brújula para huir de la tempestad que rentabilizan los mercaderes de las mares revueltas de hoy. Y siempre.. “Si tuviéramos espíritu cívico todo lo demás vendría rodado. No somos ciudadanos, somos individuos”. Chanquete sobre el individualismo de la ambición excitada.. “Generalmente no buscamos aquel trabajo que mejor podemos hacer, sino aquel en el que podemos ganar más. Y así marcha el mundo”. Chanquete.. «Hay que razonar de persona a persona, no de superior a inferior». Si se pusiera a razonar, alguna vez tendría que dar la razón a su hijo y eso le haría perder autoridad. Así que es más cómodo el «tú te callas». Chanquete sobre los progenitores que solo saben argumentar con «porque yo lo digo».. «En la vida no siempre hace uno lo que quiere, sino lo que puede». Chanquete.. «No ser desgraciado para los demás te puede hacer desgraciado a ti mismo». Julia sobre la moral que impide a la gente ser quien es.. «Ser un buen hombre no significa ser un hombre feliz». Chanquete.. «En la vida todos somos navegantes y, por eso, antes o después sabemos lo que es un naufragio. Y no voy a cometer la estupidez de buscar palabras de consuelo, palabras fáciles. Por otra parte, no sé decirlas. Y, además, creo que no valen para nada. De sobra sí sé que, a veces, nuestro dolor puede ser tan hondo y tan negro como el fondo del mar. Pero sería un trabajo tonto tratar de llenarlo arrojando en él piedrecitas de consuelo. Lo que sí me gustaría, lo que sí quiero hacer, es ayudarle a cambiar de actitud. Usted es inteligente y sabe que lo peor que puede hacer es quedarse quieta». Chanquete conversa con una depresiva Julia cuando descubre que su amiga perdió a su marido y a su hija en un accidente bajo la lluvia. Este fragmento del guion resume a la perfección cómo la ficción enfoca el duelo sin el inútil paternalismo en el que se suele caer en la tele con coletillas del estilo “hay que ser valiente”, “vendrán tiempos mejores”, “eres una luchadora”. Al contrario, Chanquete escucha sin permitirse la peligrosa condescendencia y nos da la mano para que hagamos cosas como forma de no quedarse enredado por la parálisis del dolor.. «La vida es como un tren en marcha. Los que se mueren, se apean. Y los demás, seguimos. Y nunca volveremos a cruzar el mismo paisaje». Chanquete.. “Bastante hemos jugado con la hipocresía en este país. Si ellos no se quieren, nada lo va a cambiar. Una separación siempre es dolorosa, pero menos que una vida de echarse rencores a la cara». Julia desmonta una sociedad en la que el cuchicheo nacional culpabilizaba y sentenciaba a las personas que se divorciaban.. «Cuando alguien recurre a la trampa para conseguir algo, la trampa desata violencias. Piensa que el más fuerte es el que gana y, a veces, parecen que tiene razón. Pero nunca la tienen. Se la quitan ellos mismos. Qué mundo de asco. Y aquí están estos para continuarlo». Chanquete sobre los que manosean el odio.. «No sabéis hablar, solo sabéis pelear». Chanquete, por momentos, parece que reflexiona sobre tantas redes sociales y tantas tertulias de hoy, en las que se impone mucho y escucha poco.. «¿Usted también es de los que piensa que su hijo no le puede enseñar nada que no sepa ya?». Chanquete sonríe ante un padre que acaba de soltar: «cómo mi hijo me va a enseñar algo a mí». Y el marinero le dejó pensando, claro.. «Cuando somos niños todo nos parece más claro. Pero luego, según vamos creciendo, las preguntas se hacen más difíciles de responder. A lo mejor, la inteligencia sirve para conseguir hacer ciertas preguntas pero no para responderlas». Julia.. «Entre amigos no hace falta darse explicaciones, eso es lo mejor de la amistad». Chanquete.. «Todo se pega menos la hermosura. El mundo está cargado de odio, lo respiramos, lo llevamos dentro y luego echamos la culpa a un demonio ajeno». Julia.. «El error de los padres es tratar a sus hijos como lo que van a ser, no como lo que ya son». «El mundo de adultos no es más importante ni más real ni más verdadero que el del niño. Y muchas veces lo que van a llegar a ser no es mejor que de lo que antemano se era». Chanquete.. «Cuando me pregunto quien soy yo realmente siempre me reconozco en la niña que fui. Y que en cierto sentido sigo siendo». Julia.. «La amistad es no planear las conversaciones». Chanquete frente a la sociedad de las apariencias.. «El mundo va cambiando y la gente va cambiando con él. Y así los unos somos extraños a los otros. Salvo que dejemos el mundo a un lado y veamos el interior de las personas. Por dentro, por bien adentro, no somos tan diferentes. Ni usted ni yo, ni usted ni sus hijos». Chanquete.. «Ya es usted mayorcita para andar por la vida pendiente de si los demás ponen buena o mala cara». Chanquete.. «No os dejéis cabalgar, Epifanio. Si quieran andar al lado vuestro, que anden, pero sin montarse encima de nuestros propios hombros». Chanquete.. «Entre la gente, hay siempre algún burro, y a los burros si se les coloca una zanahoria enfrente del hocico se ciegan y no se sabe nunca hasta dónde pueden llegar». Chanquete.. «Cuando ellos hablan de los beneficios de la sociedad, solo hablan de su sociedad anónima». Chanquete sobre los especuladores.. «¿A quién le importa lo que un viejo solitario haga o deje de hacer?». Chanquete en el episodio en el que se resiste a ir al hospital. Es sabio, pero es también víctima de los miedos. Es vulnerable como todos. Julia, responde: «A mí me importa. A los chicos les importa. A Buzo le importa. A Frasco le importa. Al pueblo le importa. Y a este mar también».. Ver esta publicación en Instagram
