La reina que prometió servir a la gran familia imperial; un almacén secreto con cientos de miles de documentos ocultos; un juicio celebrado hace más de doscientos años que explica cómo se justificó la violencia colonial; policías que practicaban técnicas represivas en Irlanda para aplicarlas en Palestina, Malasia o Kenia; un historiador convertido en protagonista involuntario de una batalla judicial contra el Gobierno británico…. Aunque suene al argumento de una novela de espías, todo es real y todo aparece en estas páginas, un gigantesco ensayo de la historiadora estadounidense Caroline Elkins, considerada una de las investigaciones del Imperio británico más ambiciosas y exhaustivas. Un libro incómodo con la pretensión de resultarlo. Después de una década de investigación, desbarata uno de los relatos más resistentes de la historia contemporánea pues revela que no fue un proyecto particularmente civilizador. Ella sostiene que la violencia no fue una excepción sino un elemento endémico del sistema imperial, legitimado gracias a leyes, soflamas morales y una burocracia que transmutó lo extraordinario en norma no escrita. Pero lo medular no es solo la tesis sino la forma en que logra los andamiajes. Elkins ya era reconocida por sus investigaciones sobre la rebelión Mau Mau keniata, cuando decidio edificar esta monumental obra de los campos de detención británicos en la década de los cincuenta, que fueron recibidos con cierta prevención. Ciertos historiadores cuestionaron que buena parte de las pruebas en que se basaba procedieran de testimonios de supervivientes, lo que les llevaba a argumentar que no era una documentación oficial la que sustentaba tan graves acusaciones. Ocurrió algo extraordinario En 2011, cuando un grupo de kenianos demandó al Gobierno británico por las torturas padecidas durante la descolonización, aparecieron –¡oh milagro!– cientos de miles de documentos almacenados en Hanslope Park, un complejo gubernamental de altísima seguridad, de la que nadie sabía de su existencia. Entre aquellos legajos se encontraban expedientes procedentes de decenas de antiguas colonias y documentación sobradamente explicada de los métodos empleados para controlar las insurgencias coloniales. Lo que parecía una hipótesis arriesgada adquirió un respaldo documental imprevisto. Para la autora fue una reivindicación profesional, pero también una constatación turbadora: parte de la historia del imperio había permanecido sepultada durante medio siglo. Ese episodio ya daría carta de naturaleza a Elkins pero, el presente libro no lo utiliza como alimento de partida. Su verdadera intención pasa por dar respuesta a una pregunta más ancha: ¿Cómo un país que convirtió el Estado de derecho en uno de sus grandes símbolos internacionales pudo cimentar un sistema colonial basado en la suspensión metodología de esas mismas garantías? Para aclararlo, la responsable de este volumen se aleja de la cronologí
La historiadora Caroline Erkins publica «Legado de violencia», un ensayo incómodo y demoledor, enseña cómo el imperio británico no tenía un afán civilizador y que, en cambio, sí tiene una larga historia de crímenes
La reina que prometió servir a la gran familia imperial; un almacén secreto con cientos de miles de documentos ocultos; un juicio celebrado hace más de doscientos años que explica cómo se justificó la violencia colonial; policías que practicaban técnicas represivas en Irlanda para aplicarlas en Palestina, Malasia o Kenia; un historiador convertido en protagonista involuntario de una batalla judicial contra el Gobierno británico…. Aunque suene al argumento de una novela de espías, todo es real y todo aparece en estas páginas, un gigantesco ensayo de la historiadora estadounidense Caroline Elkins, considerada una de las investigaciones del Imperio británico más ambiciosas y exhaustivas. Un libro incómodo con la pretensión de resultarlo. Después de una década de investigación, desbarata uno de los relatos más resistentes de la historia contemporánea pues revela que no fue un proyecto particularmente civilizador. Ella sostiene que la violencia no fue una excepción sino un elemento endémico del sistema imperial, legitimado gracias a leyes, soflamas morales y una burocracia que transmutó lo extraordinario en norma no escrita. Pero lo medular no es solo la tesis sino la forma en que logra los andamiajes. Elkins ya era reconocida por sus investigaciones sobre la rebelión Mau Mau keniata, cuando decidio edificar esta monumental obra de los campos de detención británicos en la década de los cincuenta, que fueron recibidos con cierta prevención. Ciertos historiadores cuestionaron que buena parte de las pruebas en que se basaba procedieran de testimonios de supervivientes, lo que les llevaba a argumentar que no era una documentación oficial la que sustentaba tan graves acusaciones.Ocurrió algo extraordinarioEn 2011, cuando un grupo de kenianos demandó al Gobierno británico por las torturas padecidas durante la descolonización, aparecieron –¡oh milagro!– cientos de miles de documentos almacenados en Hanslope Park, un complejo gubernamental de altísima seguridad, de la que nadie sabía de su existencia. Entre aquellos legajos se encontraban expedientes procedentes de decenas de antiguas colonias y documentación sobradamente explicada de los métodos empleados para controlar las insurgencias coloniales. Lo que parecía una hipótesis arriesgada adquirió un respaldo documental imprevisto. Para la autora fue una reivindicación profesional, pero también una constatación turbadora: parte de la historia del imperio había permanecido sepultada durante medio siglo. Ese episodio ya daría carta de naturaleza a Elkins pero, el presente libro no lo utiliza como alimento de partida. Su verdadera intención pasa por dar respuesta a una pregunta más ancha: ¿Cómo un país que convirtió el Estado de derecho en uno de sus grandes símbolos internacionales pudo cimentar un sistema colonial basado en la suspensión metodología de esas mismas garantías?Para aclararlo, la responsable de este volumen se aleja de la cronología tr
Noticias de cultura en La Razón
