Director: Grégory Magne. Guion: Grégory Magne y Hanoun. Intérpretes: Valérie Donzelli, Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi, Emma Ravier. Francia, 2025. Duración: 102 minutos. Comedia dramática. La armonía solo se obtiene del diálogo y la escucha. No importa que tengas cuatro Stradivarius brillantes a tu disposición, si solo tocan para sí mismos. Se supone que esa es la moraleja de “Los músicos”: que el arte sublime procede de la comunicación y la empatía, de recoger el error del otro y reconvertirlo en virtud. Acaso la película, modesta y funcional, encuentra su razón de ser en documentar ese proceso de reconocimiento con tanta humildad como la de ese compositor que, después de treinta años sin escuchar su pieza, es capaz de decir que, si el concierto sale mal, el problema no está en el cuarteto sino en la calidad de la partitura. El concierto en cuestión está promovido por la hija de un millonario difunto que dejó encargada la organización del evento como un momento único, irrepetible, al que la película se entrega registrando ensayos y tentativas. El desarrollo es previsible: hay conflictos de ego, accidentes que parecen irreparables, pero también un cierto placer en filmar la música clásica, que brota del trabajo de un cuarteto de actores, de los que tres saben tocar, y además transmitir lo que sus arquetipos aportan al proyecto. Es un filme para melómanos de sábado por la noche, de vestido largo y francés afinado. Lo mejor: Es interesante filmar el proceso de creación armónica de una pieza musical. Lo peor: Su puesta en escena es más bien plana y funcional, le falta impulso creativo.
Un filme para melómanos de sábado por la noche, de vestido largo y francés afinado
Director: Grégory Magne. Guion: Grégory Magne y Hanoun. Intérpretes: Valérie Donzelli, Frédéric Pierrot, Mathieu Spinosi, Emma Ravier. Francia, 2025. Duración: 102 minutos. Comedia dramática.La armonía solo se obtiene del diálogo y la escucha. No importa que tengas cuatro Stradivarius brillantes a tu disposición, si solo tocan para sí mismos. Se supone que esa es la moraleja de “Los músicos”: que el arte sublime procede de la comunicación y la empatía, de recoger el error del otro y reconvertirlo en virtud. Acaso la película, modesta y funcional, encuentra su razón de ser en documentar ese proceso de reconocimiento con tanta humildad como la de ese compositor que, después de treinta años sin escuchar su pieza, es capaz de decir que, si el concierto sale mal, el problema no está en el cuarteto sino en la calidad de la partitura.El concierto en cuestión está promovido por la hija de un millonario difunto que dejó encargada la organización del evento como un momento único, irrepetible, al que la película se entrega registrando ensayos y tentativas. El desarrollo es previsible: hay conflictos de ego, accidentes que parecen irreparables, pero también un cierto placer en filmar la música clásica, que brota del trabajo de un cuarteto de actores, de los que tres saben tocar, y además transmitir lo que sus arquetipos aportan al proyecto. Es un filme para melómanos de sábado por la noche, de vestido largo y francés afinado.Lo mejor: Es interesante filmar el proceso de creación armónica de una pieza musical.Lo peor: Su puesta en escena es más bien plana y funcional, le falta impulso creativo.
Noticias de cultura en La Razón
