Hay una escena que casi todo el mundo reconoce: una reunión con varias personas, voces que se solapan, alguien que toma la palabra antes de que el anterior haya terminado de hablar, y en algún rincón, una persona que permanece callada durante buena parte de la conversación. El instinto social lleva a pensar que esa persona está aburrida, incómoda o tiene poco que decir. No obstante, la psicología lleva décadas estudiando exactamente ese momento y sus conclusiones apuntan hacia otra dirección. Introversión y timidez, dos conceptos que la psicología no confunde Uno de los malentendidos recurrentes es confundir el silencio con la timidez. Susan Cain, autora del libro Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, ha señalado de forma reiterada que ambos conceptos no tienen nada que ver entre sí. La timidez implica miedo al juicio ajeno. La introversión es, simplemente, una preferencia por entornos con menor nivel de estimulación externa. Una persona introvertida puede quedarse callada en una reunión no porque tenga miedo a hablar, sino porque su cerebro está procesando lo que se está diciendo a un nivel de profundidad que no deja espacio para responder de forma inmediata. El 15% de la población que procesa el mundo de otra manera Por su parte, la psicóloga Elaine Aron, de la Universidad Estatal de Nueva York, desarrolló en los años 90 el concepto de Sensory Processing Sensitivity (SPS), que identifica a las personas altamente sensibles como aquellas que procesan la información del entorno de forma más profunda y reflexiva antes de responder. Sus investigaciones, publicadas en revistas especializadas y recogidas en el libro The Highly Sensitive Person (1996), estiman que entre el 15% y el 20% de la población presenta este rasgo. Básicamente, según su reflexión, cuando esta persona escucha algo en una conversación, no genera una réplica instantánea, más bien está conectando lo que oye con conocimiento previo, evaluando implicaciones y buscando contradicciones. Es un proceso que lleva mucho tiempo. Una atención plena mientras otras personas preparan su respuesta La investigación sobre introversión también apunta a diferencias de carácter neurológico. Los estudios sugieren que los introvertidos procesan la información a través de vías neuronales más largas, que implican áreas del cerebro vinculadas a la memoria, la planificación y la reflexión. Mientras tanto, la persona que está pensando en lo que va a decir a continuación no está escuchando de verdad: está a medias. La persona callada, en cambio, tiene toda su atención para lo que se está diciendo. Capta cambios de tono, detecta contradicciones entre lo que alguien dice y cómo lo dice, y sostiene varios hilos de la conversación en paralelo. Eso explica algo que mucha gente habrá notado en alguna reunión: cuando la persona más silenciosa finalmente habla, lo que dice suele reencuadrar todo lo que se ha dicho antes.
Susan Cain, autora del libro Quiet, advierte de que el silencio no debe confundirse con la timidez, mientras la psicóloga Elaine Aron estima que entre el 15% y el 20% de la población presenta este rasgo de procesamiento
Hay una escena que casi todo el mundo reconoce: una reunión con varias personas, voces que se solapan, alguien que toma la palabra antes de que el anterior haya terminado de hablar, y en algún rincón, una persona que permanece callada durante buena parte de la conversación.El instinto social lleva a pensar que esa persona está aburrida, incómoda o tiene poco que decir. No obstante, la psicología lleva décadas estudiando exactamente ese momento y sus conclusiones apuntan hacia otra dirección.Introversión y timidez, dos conceptos que la psicología no confundeUno de los malentendidos recurrentes es confundir el silencio con la timidez. Susan Cain, autora del libro Quiet: The Power of Introverts in a World That Can’t Stop Talking, ha señalado de forma reiterada que ambos conceptos no tienen nada que ver entre sí. La timidez implica miedo al juicio ajeno. La introversión es, simplemente, una preferencia por entornos con menor nivel de estimulación externa.Una persona introvertida puede quedarse callada en una reunión no porque tenga miedo a hablar, sino porque su cerebro está procesando lo que se está diciendo a un nivel de profundidad que no deja espacio para responder de forma inmediata.El 15% de la población que procesa el mundo de otra maneraPor su parte, la psicóloga Elaine Aron, de la Universidad Estatal de Nueva York, desarrolló en los años 90 el concepto de Sensory Processing Sensitivity (SPS), que identifica a las personas altamente sensibles como aquellas que procesan la información del entorno de forma más profunda y reflexiva antes de responder. Sus investigaciones, publicadas en revistas especializadas y recogidas en el libro The Highly Sensitive Person (1996), estiman que entre el 15% y el 20% de la población presenta este rasgo.Básicamente, según su reflexión, cuando esta persona escucha algo en una conversación, no genera una réplica instantánea, más bien está conectando lo que oye con conocimiento previo, evaluando implicaciones y buscando contradicciones. Es un proceso que lleva mucho tiempo.Una atención plena mientras otras personas preparan su respuestaLa investigación sobre introversión también apunta a diferencias de carácter neurológico. Los estudios sugieren que los introvertidos procesan la información a través de vías neuronales más largas, que implican áreas del cerebro vinculadas a la memoria, la planificación y la reflexión. Mientras tanto, la persona que está pensando en lo que va a decir a continuación no está escuchando de verdad: está a medias.La persona callada, en cambio, tiene toda su atención para lo que se está diciendo. Capta cambios de tono, detecta contradicciones entre lo que alguien dice y cómo lo dice, y sostiene varios hilos de la conversación en paralelo. Eso explica algo que mucha gente habrá notado en alguna reunión: cuando la persona más silenciosa finalmente habla, lo que dice suele reencuadrar todo lo que se ha dicho antes.
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