El éxito y el fracaso va muy de la mano de las expectativas. Y Cara al show nació con muchas expectativas. Ya las promos pintaban a Marc Giró a lo marqués de la buena vida. Perfecta idea para alimentar el relato a los que se enfadan cuando alguien cambia de canal. De nuevo, las expectativas, que nos pueden empujar a comparaciones desequilibradas. No es lo mismo un programa en La 1 que en La Sexta. Uno compite con Antena 3 y Telecinco (el Telecinco de antes). Otro con Cuatro. Tampoco es lo mismo ir sin publicidad tras La Revuelta que ir después de un cansino refrito de El Gran Wyoming que ayuda al tramo final de El Hormiguero.. Pero Marc Giró fichó por La Sexta para movilizar la conversación social sobre el canal, que sufre un problema de imagen que nace del mismo lugar que la crisis de Telecinco: poner los huevos en la misma cesta termina agotando. Más aún cuando la polarización arrasa intencionadamente al periodismo en un peligroso reducionismo de buenos y malos, que nos ha hecho confundir periodistas con defensores. Y no, no es lo mismo.. Pero la televisión debe acudir a los públicos generalistas, no quedarse magnetizada por conquistar al ultra de las redes que hace mucho ruido. Sin embargo, no representa a las grandes audiencias que conviven en la calle sin tanto zasca y tanta deshumanización. En esta plaza pública de verbena a la que debe parecerse a la tele, Marc Giró tiene mucho potencial. Sobre todo si su programa se parece más a su radio que a la predicación, que la viralidad ha puesto de moda y que termina expulsando a una audiencia que siente que ya sabe lo que va a pasar. La ideología se nota en cada acto cotidiano que ejercemos, no requiere incidir que eres de izquierdas o derechas en cada paso. Lo que provoca que el espectador sienta que está viendo un programa repetitivo. O directamente una reposición. Porque el patrón de enfoque es siempre el clónico. Le sucede también a Henar Álvarez. La gracia es que cada monólogo trate temas de actualidad desde tu mirada que ya es progresista, no solo desde el «soy de izquierdas» que ya se sabe.. Ahí está la otra clave para mejorar Cara al show: debería grabarse más pegado a la emisión para ir al compás de los sentimientos de la audiencia. O da la sensación de pescado muy enlatado. En las últimas semanas, se ha sentido despegado de lo que pasa y encima muchos entrevistados parece que ya han pasado por otros programas previamente. Marc Giró puede arriesgar más con personalidades (lo ha hecho esta semana con Héctor Bellerín y Drexler) que se salgan de la rueda de mismos personajes conocidos. Porque él pone el carisma que favorece la fidelidad del público. Y su show cuenta con una familia de personajes que crean un hogar televisivo que transmite modernidad mediterránea, de la que está huérfana la tele de hoy y que es un aliciente para recuperar públicos perdidos. La dificultad extra radica en que estamos en tiempos tan hiperestimulados de historias audiovisuales que nos olvidamos de cuándo y dónde se emite el programa. Más aún cuando consumimos shows desde la susceptibilidad del sometimiento ideológico que no es lo mismo que el ideal ideológico. Como consecuencia, algunos fans de la bandera de La 1 actual se han sentido decepcionados por Giró y no cambian de canal porque estamos en la sociedad que da carnés de fieles e infieles. Cosa que nunca ha sido sana. Y muy carca, por cierto.. Para el progreso, mejor que los medidores de fidelidad e infidelidad es la lealtad de la honestidad. Marc Giró es buen representante de esa honestidad. Es transparente. Es incontinente. Es bocachancla. Es libre. Y la tele necesita gente libre hasta para equivocarse. Él lo es. Su potencial se amplificaría si la exposición no se redujera a solo una oportunidad a la semana. Como late show clonado de los norteamericanos, su cita se cimienta en la tira diaria, donde el programa baila como última ilusión del día con los hábitos cotidianos de la audiencia, la duración de cada capítulo deja con ganas de más porque no se estira de más y la adrenalina de un día relaja la intensidad porque se salpica en cuatro entregas.. Los canales más pequeños necesitan rutina como nunca para paliar los olvidadizos efectos de la sociedad hiperconectada. Y el porvenir de La Sexta pasa por autorías que no solo hablan: sobre todo hacen televisión bien filmada. Un buen ejemplo son los programas de Évole: atesoran un clímax de inicio, un punto de inflexión y un colofón contundente. La historia por encima de los discursos. Marc Giró cuenta con estos mimbres desde uno de los platós más bonitamente aprovechados de la tele actual. Acogedor y hay riqueza de sets utilizados. Toca, ahora, más contenido propio relevante, con entrevistados que no cuenten aquello que podemos adivinar que dirán antes de que abran la boca y con más peso de los secundarios con muchas vidas que interpretar, con mucho más por interrunpir durante el show. Falta la paciencia para que el contenido regrese a los que le desconocen, a los olvidadizos y a los decepcionados que le conocieron. Eso debería ser en septiembre. Cuando volvamos a la monotonía después de cuando llega el amor y los chicos se enamoran.
El programa no acaba de asentarse en La Sexta. Las causas.
20MINUTOS.ES – Televisión
El éxito y el fracaso va muy de la mano de las expectativas. Y Cara al show nació con muchas expectativas. Ya las promos pintaban a Marc Giró a lo marqués de la buena vida. Perfecta idea para alimentar el relato a los que se enfadan cuando alguien cambia de canal. De nuevo, las expectativas, que nos pueden empujar a comparaciones desequilibradas. No es lo mismo un programa en La 1 que en La Sexta. Uno compite con Antena 3 y Telecinco (el Telecinco de antes). Otro con Cuatro. Tampoco es lo mismo ir sin publicidad tras La Revuelta que ir después de un cansino refrito deEl Gran Wyoming que ayuda al tramo final de El Hormiguero.. Pero Marc Giró fichó por La Sexta para movilizar la conversación social sobre el canal, que sufre un problema de imagen que nace del mismo lugar que la crisis de Telecinco: poner los huevos en la misma cesta termina agotando. Más aún cuando la polarización arrasa intencionadamente al periodismo en un peligroso reducionismo de buenos y malos, que nos ha hecho confundir periodistas con defensores. Y no, no es lo mismo.. Pero la televisión debe acudir a los públicos generalistas, no quedarse magnetizada por conquistar al ultra de las redes que hace mucho ruido. Sin embargo, no representa a las grandes audiencias que conviven en la calle sin tanto zasca y tanta deshumanización. En esta plaza pública de verbena a la que debe parecerse a la tele, Marc Giró tiene mucho potencial. Sobre todo si su programa se parece más a su radio que a la predicación, que la viralidad ha puesto de moda y que termina expulsando a una audiencia que siente que ya sabe lo que va a pasar. La ideología se nota en cada acto cotidiano que ejercemos, no requiere incidir que eres de izquierdas o derechas en cada paso. Lo que provoca que el espectador sienta que está viendo un programa repetitivo. O directamente una reposición. Porque el patrón de enfoque es siempre el clónico. Le sucede también a Henar Álvarez. La gracia es que cada monólogo trate temas de actualidad desde tu mirada que ya es progresista, no solo desde el «soy de izquierdas» que ya se sabe.. Ahí está la otra clave para mejorar Cara al show: debería grabarse más pegado a la emisión para ir al compás de los sentimientos de la audiencia. O da la sensación de pescado muy enlatado. En las últimas semanas, se ha sentido despegado de lo que pasa y encima muchos entrevistados parece que ya han pasado por otros programas previamente. Marc Giró puede arriesgar más con personalidades (lo ha hecho esta semana con Héctor Bellerín y Drexler) que se salgan de la rueda de mismos personajes conocidos. Porque él pone el carisma que favorece la fidelidad del público. Y su show cuenta con una familia de personajes que crean un hogar televisivo que transmite modernidad mediterránea, de la que está huérfana la tele de hoy y que es un aliciente para recuperar públicos perdidos. La dificultad extra radica en que estamos en tiempos tan hiperestimulados de historias audiovisuales que nos olvidamos de cuándo y dónde se emite el programa. Más aún cuando consumimos shows desde la susceptibilidad del sometimiento ideológico que no es lo mismo que el ideal ideológico. Como consecuencia, algunos fans de la bandera de La 1 actual se han sentido decepcionados por Giró y no cambian de canal porque estamos en la sociedad que da carnés de fieles e infieles. Cosa que nunca ha sido sana. Y muy carca, por cierto.. Para el progreso, mejor que los medidores de fidelidad e infidelidad es la lealtad de la honestidad. Marc Giró es buen representante de esa honestidad. Es transparente. Es incontinente. Es bocachancla. Es libre. Y la tele necesita gente libre hasta para equivocarse. Él lo es. Su potencial se amplificaría si la exposición no se redujera a solo una oportunidad a la semana. Como late show clonado de los norteamericanos, su cita se cimienta en la tira diaria, donde el programa baila como última ilusión del día con los hábitos cotidianos de la audiencia, la duración de cada capítulo deja con ganas de más porque no se estira de más y la adrenalina de un día relaja la intensidad porque se salpica en cuatro entregas.. Los canales más pequeños necesitan rutina como nunca para paliar los olvidadizos efectos de la sociedad hiperconectada. Y el porvenir de La Sexta pasa por autorías que no solo hablan: sobre todo hacen televisión bien filmada. Un buen ejemplo son los programas de Évole: atesoran un clímax de inicio, un punto de inflexión y un colofón contundente. La historia por encima de los discursos. Marc Giró cuenta con estos mimbres desde uno de los platós más bonitamente aprovechados de la tele actual. Acogedor y hay riqueza de sets utilizados. Toca, ahora, más contenido propio relevante, con entrevistados que no cuenten aquello que podemos adivinar que dirán antes de que abran la boca y con más peso de los secundarios con muchas vidas que interpretar, con mucho más por interrunpir durante el show. Falta la paciencia para que el contenido regrese a los que le desconocen, a los olvidadizos y a los decepcionados que le conocieron. Eso debería ser en septiembre. Cuando volvamos a la monotonía después de cuando llega el amor y los chicos se enamoran.
