Después de calificar en titulares el «singular retorno» de León XIV de Tenerife a Roma «L’ Osservatore Romano» recordaba sucintamente otro accidentado vuelo papal: el que en septiembre de1988 obligó a Juan Pablo II a aterrizar en Johannesburgo.. Yo iba en ese avión y puedo narrar la odisea que vivimos los periodistas que acompañábamos al Papa polaco. Habíamos despegado de Bostwana el 14 por la mañana con algún retraso debido a unas condiciones metereológicas no muy favorables. Volábamos en un viejo avión que había pertenecido a la Lutfhansa, vendido posteriormente a Air Zimbabwe, primera etapa de este viaje.. Capitaneaba los mandos del aparato un comandante inglés con mucha experiencia: al entrar en el espacio aéreo del reino de Lesotho el tiempo había empeorado mucho y el piloto intentó temerariamente por tres veces consecutivas aterrizar en el aeropuerto de Maseru sin lograrlo. Interrogado por el organizador de los viajes pontificios, Alberto Gasbarri, su respuesta fue que la única alternativa posible era el aeropuerto de Johannesburgo, el mejor equipado de la zona.. Era sabido que el Papa polaco no quería pisar tierra surafricana mientras estuviese vigente el «apartheid», pero no tuvo más remedio que resignarse. Para las autoridades la inesperada noticia fue acogida con fervor y el ministro de Asuntos Exteriores Pick Botha acudió a cumplimentar al Pontífice.. En apenas tres horas se organizó el viaje por tierra hacia Lesotho, donde llegamos entrada la noche, no sin antes una imprevista parada del Papa en un bar de la autopista para tomarse un café servido por su propietario que no daba crédito a sus ojos.
En 1998 el vuelo de Juan Pablo II tuvo que aterrizar en Johannesburgo debido al mal tiempo
Después de calificar en titulares el «singular retorno» de León XIV de Tenerife a Roma «L’ Osservatore Romano» recordaba sucintamente otro accidentado vuelo papal: el que en septiembre de1988 obligó a Juan Pablo II a aterrizar en Johannesburgo.. Yo iba en ese avión y puedo narrar la odisea que vivimos los periodistas que acompañábamos al Papa polaco. Habíamos despegado de Bostwana el 14 por la mañana con algún retraso debido a unas condiciones metereológicas no muy favorables. Volábamos en un viejo avión que había pertenecido a la Lutfhansa, vendido posteriormente a Air Zimbabwe, primera etapa de este viaje.. Capitaneaba los mandos del aparato un comandante inglés con mucha experiencia: al entrar en el espacio aéreo del reino de Lesotho el tiempo había empeorado mucho y el piloto intentó temerariamente por tres veces consecutivas aterrizar en el aeropuerto de Maseru sin lograrlo. Interrogado por el organizador de los viajes pontificios, Alberto Gasbarri, su respuesta fue que la única alternativa posible era el aeropuerto de Johannesburgo, el mejor equipado de la zona.. Era sabido que el Papa polaco no quería pisar tierra surafricana mientras estuviese vigente el «apartheid», pero no tuvo más remedio que resignarse. Para las autoridades la inesperada noticia fue acogida con fervor y el ministro de Asuntos Exteriores Pick Botha acudió a cumplimentar al Pontífice.. En apenas tres horas se organizó el viaje por tierra hacia Lesotho, donde llegamos entrada la noche, no sin antes una imprevista parada del Papa en un bar de la autopista para tomarse un café servido por su propietario que no daba crédito a sus ojos.
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