Hay lugares que impresionan por sus paisajes y otros que lo hacen por las historias que guardan. El Monte do Facho, en Donón, reúne ambas cosas. Situado en el extremo occidental de la península de O Morrazo, sobre un acantilado de más de 180 metros de altura, este enclave domina el Atlántico con unas vistas privilegiadas sobre las Islas Cíes, Ons y la Costa da Vela.. Pero su verdadero valor no está únicamente en el paisaje. Bajo la superficie se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes y singulares de Galicia.. El Monte do Facho alberga un santuario galaico-romano considerado único en la Península Ibérica. Su singularidad se debe a la aparición de más de 175 aras votivas dedicadas a una misma divinidad indígena, conocida como Lar Berobreo.. Estas pequeñas estelas de piedra eran transportadas por los peregrinos hasta la cima del monte como ofrenda al dios. En muchas de ellas se conservan inscripciones en latín relacionadas con peticiones de salud y protección. Con el paso de los siglos, la acumulación de altares llegó a formar un auténtico «bosque de aras», convirtiendo el lugar en uno de los principales centros religiosos del noroeste peninsular durante la época romana.. Lo más llamativo es que este dios permaneció completamente desconocido para la historiografía hasta el descubrimiento de las excavaciones arqueológicas.. Mucho antes de los romanos. La historia del Facho es mucho más antigua que la del propio santuario. Los arqueólogos han documentado presencia humana en el monte desde finales de la Edad del Bronce, alrededor del siglo IX antes de Cristo. Posteriormente surgió un gran castro-santuario cuyos restos todavía son visibles en las laderas del monte.. Murallas, estructuras habitacionales, petroglifos y grabados rupestres evidencian que este lugar fue un espacio destacado durante más de mil años, antes incluso de la llegada de Roma.. El viaje al Más Allá. Además de su importancia histórica, el Facho está rodeado de leyendas. Según la tradición popular gallega, desde los acantilados próximos partían las ánimas en su camino hacia el otro mundo. Las creencias locales situaban aquí uno de los puntos desde los que las almas emprendían su viaje hacia las Islas Cíes y Ons antes de alcanzar el Más Allá.. Durante generaciones, los marineros afirmaron haber visto luces misteriosas sobre los acantilados, identificándolas con la Santa Compaña o con las almas de los difuntos iniciando su travesía.. La garita que vigila el Atlántico. Coronando la cima se encuentra la característica garita circular que hoy se ha convertido en uno de los símbolos del lugar. La construcción actual data de los siglos XVII y XVIII y formaba parte de un sistema de vigilancia costera que utilizaba señales de humo y fuego para alertar de posibles amenazas marítimas.. De hecho, la palabra «facho» significa precisamente antorcha o señal de fuego, una referencia directa a la función que desempeñó este monte durante siglos.. Pocos lugares concentran tanta historia en un espacio tan reducido. Petroglifos de la Edad del Bronce, un castro, un santuario dedicado a un dios celta, leyendas sobre el mundo de los muertos y una antigua garita militar conviven en un mismo promontorio frente al océano.. Por eso, más allá de sus espectaculares vistas, el Monte do Facho sigue siendo uno de los lugares más fascinantes y enigmáticos de Galicia. Un rincón donde la arqueología, la naturaleza y las leyendas continúan caminando juntas dos mil años después.
En lo alto del acantilado, los peregrinos entregaban ofrendas a una divinidad céltica y comenzaba el camino de las almas hacia el Más Allá
Hay lugares que impresionan por sus paisajes y otros que lo hacen por las historias que guardan. El Monte do Facho, en Donón, reúne ambas cosas. Situado en el extremo occidental de la península de O Morrazo, sobre un acantilado de más de 180 metros de altura, este enclave domina el Atlántico con unas vistas privilegiadas sobre las Islas Cíes, Ons y la Costa da Vela.. Pero su verdadero valor no está únicamente en el paisaje. Bajo la superficie se encuentra uno de los yacimientos arqueológicos más importantes y singulares de Galicia.. El Monte do Facho alberga un santuario galaico-romano considerado único en la Península Ibérica. Su singularidad se debe a la aparición de más de 175 aras votivas dedicadas a una misma divinidad indígena, conocida como Lar Berobreo.. Estas pequeñas estelas de piedra eran transportadas por los peregrinos hasta la cima del monte como ofrenda al dios. En muchas de ellas se conservan inscripciones en latín relacionadas con peticiones de salud y protección. Con el paso de los siglos, la acumulación de altares llegó a formar un auténtico «bosque de aras», convirtiendo el lugar en uno de los principales centros religiosos del noroeste peninsular durante la época romana.. Lo más llamativo es que este dios permaneció completamente desconocido para la historiografía hasta el descubrimiento de las excavaciones arqueológicas.. Mucho antes de los romanos. La historia del Facho es mucho más antigua que la del propio santuario. Los arqueólogos han documentado presencia humana en el monte desde finales de la Edad del Bronce, alrededor del siglo IX antes de Cristo. Posteriormente surgió un gran castro-santuario cuyos restos todavía son visibles en las laderas del monte.. Murallas, estructuras habitacionales, petroglifos y grabados rupestres evidencian que este lugar fue un espacio destacado durante más de mil años, antes incluso de la llegada de Roma.. El viaje al Más Allá. Además de su importancia histórica, el Facho está rodeado de leyendas. Según la tradición popular gallega, desde los acantilados próximos partían las ánimas en su camino hacia el otro mundo. Las creencias locales situaban aquí uno de los puntos desde los que las almas emprendían su viaje hacia las Islas Cíes y Ons antes de alcanzar el Más Allá.. Durante generaciones, los marineros afirmaron haber visto luces misteriosas sobre los acantilados, identificándolas con la Santa Compaña o con las almas de los difuntos iniciando su travesía.. La garita que vigila el Atlántico. Coronando la cima se encuentra la característica garita circular que hoy se ha convertido en uno de los símbolos del lugar. La construcción actual data de los siglos XVII y XVIII y formaba parte de un sistema de vigilancia costera que utilizaba señales de humo y fuego para alertar de posibles amenazas marítimas.. De hecho, la palabra «facho» significa precisamente antorcha o señal de fuego, una referencia directa a la función que desempeñó este monte durante siglos.. Pocos lugares concentran tanta historia en un espacio tan reducido. Petroglifos de la Edad del Bronce, un castro, un santuario dedicado a un dios celta, leyendas sobre el mundo de los muertos y una antigua garita militar conviven en un mismo promontorio frente al océano.. Por eso, más allá de sus espectaculares vistas, el Monte do Facho sigue siendo uno de los lugares más fascinantes y enigmáticos de Galicia. Un rincón donde la arqueología, la naturaleza y las leyendas continúan caminando juntas dos mil años después.
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