Entre la multitudinaria vigilia de Montjuïc del martes y la histórica bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia que culminó su viaje apostólico a Cataluña, el Papa León XIV quiso reservar unas horas para una visita mucho más discreta, alejada de los grandes focos, pero cargada de simbolismo. El Pontífice se desplazó este mediodía a la iglesia de San Agustín, en pleno barrio del Raval, para encontrarse con representantes de diversas entidades dedicadas a la atención de los más vulnerables.. No era una elección casual. Situada en uno de los barrios con mayores dificultades sociales de Barcelona, San Agustín se ha convertido desde hace décadas en un referente para la atención a personas en situación de pobreza, exclusión y soledad. La parroquia, regentada por los agustinos, es además un importante punto de referencia para la comunidad filipina de la ciudad y desarrolla una intensa actividad social en colaboración con numerosas organizaciones benéficas.. La condición agustina del propio León XIV otorgaba además un carácter especialmente personal a la visita. El Papa conoce desde hace años esta comunidad religiosa y quiso subrayarlo nada más tomar la palabra. «Gracias por la acogida. Aquí de verdad me siento en casa», afirmó entre aplausos. A continuación recordó que la primera vez que visitó aquel templo fue en 1984. «Vine a visitarla, pero estaba cerrada. Qué hermoso es encontrarla hoy abierta, con una comunidad de agustinos y con tanta gente que vive entregada».. En primera fila seguían atentamente el encuentro numerosas autoridades civiles y eclesiásticas. Entre ellas se encontraban el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el consejero de Justicia, Ramon Espadaler; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el ministro Óscar Puente; la consellera de Derechos Sociales del Govern, Mónica Martínez Bravo; y el presidente del Parlamento catalán, Josep Rull. También estaban el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, así como los obispos auxiliares David Abadías y Javier Vilanova.. El acto inició con el testimonio de tres representantes de entidades sociales. Después llegó la proyección de un emotivo vídeo titulado «Abre la carta». En él se relataba la historia de Renzo, un niño de una familia humilde de Barcelona que observa las dificultades de las personas que le rodean y decide escribir una carta al Papa para preguntarle sobre algunas de las cuestiones más profundas que puede plantearse un niño: el sufrimiento, la pobreza, la soledad o el perdón. Al concluir el vídeo, León XIV sonrió y aplaudió con afecto. Entonces apareció el propio Renzo entre el público para leer sus preguntas.. Diálogo con un niño del Raval. Le preguntó si le gustaba el fútbol, si alguna vez soñó con ser Papa, por qué sus padres estaban preocupados, por qué algunas personas sufren más que otras, por qué existen personas que viven en la calle, si Dios quiere que haya pobres y ricos, por qué tantos ancianos terminan solos o si realmente hay que perdonar siempre. Aquellas preguntas infantiles terminaron marcando el tono de todo el encuentro.. El Papa comenzó respondiendo con cercanía. Explicó que siempre ha sido un gran aficionado al tenis, aunque también aprecia el fútbol y, de hecho, de jóven jugaba de defensa. Aprovechando la pregunta, desarrolló una reflexión que arrancó sonrisas entre los asistentes. «El fútbol nos recuerda algo que no podemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar la pelota, aunque tenga talento, no ha entendido el juego; y quien no sabe vivir con los otros y para los otros, no ha entendido la vida».. Sobre su propia vocación, confesó que nunca pensó en convertirse en Papa. Sin embargo, desde muy joven sintió el deseo de dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás. «Cada niño es un sueño de Dios», afirmó. Y añadió que la pregunta verdaderamente importante no es qué profesión o cargo alcanzará una persona, sino si desea convertirse en amiga de Jesucristo. «La amistad de Jesús nos da alegría», aseguró.. Las cuestiones más delicadas llegaron cuando Renzo preguntó por el sufrimiento y las injusticias. León XIV reconoció que no existen respuestas sencillas para explicar por qué unas personas padecen más que otras, pero invitó a mirar a la figura de Cristo. Recordó que Jesús conoció el dolor, la incomprensión y la muerte, pero que su resurrección muestra que el mal no tiene la última palabra. «Aunque haya sufrimiento, Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos», afirmó. «Tengamos confianza. Jesús está con nosotros, nos ayuda y nos acompaña».. El Pontífice también se detuvo en dos realidades que aparecieron repetidamente durante el encuentro: la pobreza y la soledad. En una barrio donde cada día trabajan organizaciones que acompañan a personas sin hogar, exreclusos, inmigrantes, ancianos y mujeres víctimas de explotación, León XIV insistió en que la dignidad humana debe situarse siempre en el centro de toda acción social. «Parece que en nuestro tiempo se ha perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano», dijo.. El encuentro también contó con una reflexión sobre el perdón, uno de los temas recurrentes durante la visita de León XIV a Cataluña. El Papa reiteró que el perdón forma parte esencial del mensaje cristiano, aunque precisó que no debe confundirse con justificar el mal o ignorar las injusticias. «Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni dejar que alguien siga haciendo daño», explicó. «Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón».. Entidades. A lo largo de la tarde intervinieron representantes de diversas entidades que desarrollan su labor en el ámbito social. Entre ellas se encontraban Cáritas, la Obra de Integración Social (OBINSO), dedicada a la reinserción de exconvictos y personas con adicciones, y las Adoratrices, que trabajan acompañando a mujeres que intentan reconstruir sus vidas tras haber sufrido situaciones de prostitución o explotación. También destacaba la presencia de las Misioneras de la Caridad, reconocibles por el característico hábito blanco y azul de Santa Teresa de Calcuta y que diariamente atienden a centenares de personas necesitadas en Barcelona.. Dirigiéndose a todos ellos, León XIV quiso agradecer una labor que describió como una manifestación concreta del Evangelio. «Es una alegría encontrarme con vosotros, que de diferentes maneras estáis vinculados a la asistencia, al acompañamiento y a la promoción de quienes más lo necesitan». El Papa recordó que la caridad cristiana no consiste únicamente en prestar ayuda material, sino en reconocer en cada persona necesitada el rostro mismo de Cristo. «El cristiano, además de ser bondadoso y amable, debe ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás». En ese sentido, afirmó que toda comunidad cristiana está llamada a acercarse «con discreción y delicadeza» a las heridas de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y combatir la pobreza.. Antes de despedirse, el Pontífice animó a las entidades presentes a perseverar en su trabajo junto a los más vulnerables y a seguir mostrando, mediante obras concretas, el rostro misericordioso de la Iglesia. «Os aliento a continuar dando testimonio del Evangelio y mostrando al mundo la belleza de la vida cristiana».. La visita a San Agustín fue probablemente el acto más pequeño de cuantos integraron la agenda de León XIV en Cataluña. Sin embargo, también fue uno de los más significativos. En medio de una visita marcada por grandes celebraciones, estadios llenos y acontecimientos históricos, el Papa quiso detenerse unas horas en el corazón del Raval para recordar que la Iglesia encuentra una parte esencial de su misión allí donde hay sufrimiento, pobreza y personas necesitadas de esperanza.
El Pontífice tuvo un encuentro en la Iglesia de San Agustín
Entre la multitudinaria vigilia de Montjuïc del martes y la histórica bendición de la Torre de Jesús de la Sagrada Familia que culminó su viaje apostólico a Cataluña, el Papa León XIV quiso reservar unas horas para una visita mucho más discreta, alejada de los grandes focos, pero cargada de simbolismo. El Pontífice se desplazó este mediodía a la iglesia de San Agustín, en pleno barrio del Raval, para encontrarse con representantes de diversas entidades dedicadas a la atención de los más vulnerables.. No era una elección casual. Situada en uno de los barrios con mayores dificultades sociales de Barcelona, San Agustín se ha convertido desde hace décadas en un referente para la atención a personas en situación de pobreza, exclusión y soledad. La parroquia, regentada por los agustinos, es además un importante punto de referencia para la comunidad filipina de la ciudad y desarrolla una intensa actividad social en colaboración con numerosas organizaciones benéficas.. La condición agustina del propio León XIV otorgaba además un carácter especialmente personal a la visita. El Papa conoce desde hace años esta comunidad religiosa y quiso subrayarlo nada más tomar la palabra. «Gracias por la acogida. Aquí de verdad me siento en casa», afirmó entre aplausos. A continuación recordó que la primera vez que visitó aquel templo fue en 1984. «Vine a visitarla, pero estaba cerrada. Qué hermoso es encontrarla hoy abierta, con una comunidad de agustinos y con tanta gente que vive entregada».. En primera fila seguían atentamente el encuentro numerosas autoridades civiles y eclesiásticas. Entre ellas se encontraban el presidente de la Generalitat, Salvador Illa; el consejero de Justicia, Ramon Espadaler; el alcalde de Barcelona, Jaume Collboni; el ministro Óscar Puente; la consellera de Derechos Sociales del Govern, Mónica Martínez Bravo; y el presidente del Parlamento catalán, Josep Rull. También estaban el arzobispo de Barcelona, el cardenal Juan José Omella, así como los obispos auxiliares David Abadías y Javier Vilanova.. El acto inició con el testimonio de tres representantes de entidades sociales. Después llegó la proyección de un emotivo vídeo titulado «Abre la carta». En él se relataba la historia de Renzo, un niño de una familia humilde de Barcelona que observa las dificultades de las personas que le rodean y decide escribir una carta al Papa para preguntarle sobre algunas de las cuestiones más profundas que puede plantearse un niño: el sufrimiento, la pobreza, la soledad o el perdón. Al concluir el vídeo, León XIV sonrió y aplaudió con afecto. Entonces apareció el propio Renzo entre el público para leer sus preguntas.. Diálogo con un niño del Raval. Le preguntó si le gustaba el fútbol, si alguna vez soñó con ser Papa, por qué sus padres estaban preocupados, por qué algunas personas sufren más que otras, por qué existen personas que viven en la calle, si Dios quiere que haya pobres y ricos, por qué tantos ancianos terminan solos o si realmente hay que perdonar siempre. Aquellas preguntas infantiles terminaron marcando el tono de todo el encuentro.. El Papa comenzó respondiendo con cercanía. Explicó que siempre ha sido un gran aficionado al tenis, aunque también aprecia el fútbol y, de hecho, de jóven jugaba de defensa. Aprovechando la pregunta, desarrolló una reflexión que arrancó sonrisas entre los asistentes. «El fútbol nos recuerda algo que no podemos olvidar: la vida no es una carrera para lucirse en solitario, sino un camino que aprendemos a recorrer juntos. Quien no sabe pasar la pelota, aunque tenga talento, no ha entendido el juego; y quien no sabe vivir con los otros y para los otros, no ha entendido la vida».. Sobre su propia vocación, confesó que nunca pensó en convertirse en Papa. Sin embargo, desde muy joven sintió el deseo de dedicar su vida al servicio de Dios y de los demás. «Cada niño es un sueño de Dios», afirmó. Y añadió que la pregunta verdaderamente importante no es qué profesión o cargo alcanzará una persona, sino si desea convertirse en amiga de Jesucristo. «La amistad de Jesús nos da alegría», aseguró.. Las cuestiones más delicadas llegaron cuando Renzo preguntó por el sufrimiento y las injusticias. León XIV reconoció que no existen respuestas sencillas para explicar por qué unas personas padecen más que otras, pero invitó a mirar a la figura de Cristo. Recordó que Jesús conoció el dolor, la incomprensión y la muerte, pero que su resurrección muestra que el mal no tiene la última palabra. «Aunque haya sufrimiento, Dios nunca abandona a ninguno de sus hijos», afirmó. «Tengamos confianza. Jesús está con nosotros, nos ayuda y nos acompaña».. El Pontífice también se detuvo en dos realidades que aparecieron repetidamente durante el encuentro: la pobreza y la soledad. En una barrio donde cada día trabajan organizaciones que acompañan a personas sin hogar, exreclusos, inmigrantes, ancianos y mujeres víctimas de explotación, León XIV insistió en que la dignidad humana debe situarse siempre en el centro de toda acción social. «Parece que en nuestro tiempo se ha perdido el sentido de la dignidad sagrada del ser humano», dijo.. El encuentro también contó con una reflexión sobre el perdón, uno de los temas recurrentes durante la visita de León XIV a Cataluña. El Papa reiteró que el perdón forma parte esencial del mensaje cristiano, aunque precisó que no debe confundirse con justificar el mal o ignorar las injusticias. «Perdonar no significa decir que lo malo estuvo bien ni dejar que alguien siga haciendo daño», explicó. «Perdonar significa no dejar que el odio se convierta en dueño de nuestro corazón».. Entidades. A lo largo de la tarde intervinieron representantes de diversas entidades que desarrollan su labor en el ámbito social. Entre ellas se encontraban Cáritas, la Obra de Integración Social (OBINSO), dedicada a la reinserción de exconvictos y personas con adicciones, y las Adoratrices, que trabajan acompañando a mujeres que intentan reconstruir sus vidas tras haber sufrido situaciones de prostitución o explotación. También destacaba la presencia de las Misioneras de la Caridad, reconocibles por el característico hábito blanco y azul de Santa Teresa de Calcuta y que diariamente atienden a centenares de personas necesitadas en Barcelona.. Dirigiéndose a todos ellos, León XIV quiso agradecer una labor que describió como una manifestación concreta del Evangelio. «Es una alegría encontrarme con vosotros, que de diferentes maneras estáis vinculados a la asistencia, al acompañamiento y a la promoción de quienes más lo necesitan». El Papa recordó que la caridad cristiana no consiste únicamente en prestar ayuda material, sino en reconocer en cada persona necesitada el rostro mismo de Cristo. «El cristiano, además de ser bondadoso y amable, debe ser compasivo, amar sin interés y buscar el bien de los demás». En ese sentido, afirmó que toda comunidad cristiana está llamada a acercarse «con discreción y delicadeza» a las heridas de los más pequeños y vulnerables para aliviar sus sufrimientos y combatir la pobreza.. Antes de despedirse, el Pontífice animó a las entidades presentes a perseverar en su trabajo junto a los más vulnerables y a seguir mostrando, mediante obras concretas, el rostro misericordioso de la Iglesia. «Os aliento a continuar dando testimonio del Evangelio y mostrando al mundo la belleza de la vida cristiana».. La visita a San Agustín fue probablemente el acto más pequeño de cuantos integraron la agenda de León XIV en Cataluña. Sin embargo, también fue uno de los más significativos. En medio de una visita marcada por grandes celebraciones, estadios llenos y acontecimientos históricos, el Papa quiso detenerse unas horas en el corazón del Raval para recordar que la Iglesia encuentra una parte esencial de su misión allí donde hay sufrimiento, pobreza y personas necesitadas de esperanza.
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