El alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán para dar margen a las negociaciones que pongan fin a la guerra lanzada por el Ejército estadounidense junto a Israel cumple dos meses, en medio de un conflicto reactivado con los últimos intercambios de ataques entre Washington y Teherán, mientras que las negociaciones avanzan lentamente y se han convertido en una baza más del conflicto.. Después de que Irán respondiera a la guerra con ataques a países del Golfo que albergan bases estadounidenses y bloqueara el paso por Ormuz, generando una crisis de calado global, el conflicto entró el pasado 7 de abril en una nueva fase con una tregua de 15 días a la que le sucedieron varias extensiones con distintos pretextos pero con la vista puesta en lograr una salida negociada.. En este contexto la estrategia de una tregua flexible y sin aparente fecha de caducidad ha dejado la crisis en Irán en un extraño ‘impasse’ en el que el dirigente norteamericano reitera sus amenazas y avisos, mientras tiende la mano a los negociadores iraníes para un acuerdo que desbloquee el paso en Ormuz, a cambio de aliviar las sanciones internacionales. Esta actitud de continuos tira y afloja de Washington unida a los recientes ataques y contraataques llevan al catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea, José María Peredo, a señalar que forman parte de los elementos de presión para una negociación que, en sí misma, se ha convertido en una parte del conflicto. «La negociación se abre más o menos en cada momento y además está apoyada de ataques puntuales en el marco regional», sostiene.. «Hemos entrado en una dinámica más larga, en donde no solo la guerra y el ataque son parte del conflicto sino que la propia negociación es parte del conflicto», afirma, para reconocer que en este momento no se sabe si las conversaciones avanzan o siguen estancadas. «No se sabe si Israel y Estados Unidos siguen con una alianza firme o se han deshecho como consecuencia de una acción de Netanyahu. No se sabe si los comentarios que hace Trump fuera de tono son determinantes o sirven solo como medida presión», resume Peredo, que achaca esta situación a la tremenda complejidad de las relaciones internacionales actuales. Todo pese a que las partes han dado señales de acercamiento con distintas propuestas para detener las hostilidades y empezar a reabrir Ormuz.. Así, Estados Unidos habló a finales de mayo de un principio de acuerdo con Irán para extender la tregua durante dos meses más y garantizar el paso por el estrecho de Ormuz. Según dicha propuesta el alto el fuego de 60 días vendría acompañado del paso sin restricciones por Ormuz, esto es sin peajes ni acosos a buques mercantes. Para una segunda etapa se abriría la negociación nuclear con Washington, enfocada en debatir la eliminación del uranio altamente enriquecido y el compromiso de la República Islámica de no desarrollar un arma nuclear, asunto que según el secretario de Estado, Marco Rubio, Teherán ya ha aceptado como punto de partida.. Enfrente, Irán circuló otra iniciativa con elementos más ventajosos para su posición como que la gestión y la ruta de los buques por Ormuz se llevará a cabo por las autoridades iraníes en cooperación con Omán, lo que ‘de facto’ otorga el control a Teherán sobre el estratégico paso.. El borrador iraní señalaba también que Estados Unidos se ha comprometido a retirar sus fuerzas militares de la periferia de Irán, aunque queda por negociar el alcance de esta medida. Las conversaciones de todos modos van más allá de Estados Unidos e Irán, así como el mediador Pakistán, y tienen un magnitud global. Tanto Israel, como los países del Golfo, así como China están trabajando entre bambalinas para encauzar una guerra que ha sumido en la inestabilidad a Oriente Próximo y que tiene consecuencias económicas, en especial sobre el mercado energético, que van mucho más allá del plano regional.. De todos modos, Peredo considera probable que continúe el proceso de negociación porque no ha habido una escalada militar incontrolada y en todo momento los golpes han sido medidos y los contactos han continuado. Explica que mientras Estados Unidos tiene como principal objetivo garantizar la apertura de Ormuz y reactivar negociaciones sobre el programa nuclear, Irán lucha por preservar el régimen y evitar que la negociación se interprete como una rendición.. Enfrente Israel, actor indispensable de la guerra, busca sus propios intereses tendría que dar por concluida su campaña de debilitamiento de Irán y sus aliados regionales. Como telón de fondo de la negociación está en todo caso la situación política estadounidense con el plazo de noviembre y las elecciones de medio mandato como elemento que empuja a Trump a cerrar un acuerdo.. La parte norteamericana «tiene urgencia por llegar a algún tipo de acuerdo», explica el catedrático de la Universidad Europea, al tiempo que atribuye cierta improvisación al enfoque de Trum respecto a la guerra en Irán. «No responde a una gran estrategia», señala sobre los pasos de Washington desde que lanzó el ataque a gran escala contra Irán aprovechando un momento de debilidad.. «Se ha venido a complicar porque no se encuentra una solución suficientemente aceptable», indica, sugiriendo que Washington esperaba que el cambio de régimen en Irán viniera de la mano de un cambio de políticas sobre cuestiones como el programa nuclear.. Conversaciones nucleares. En última instancia, independientemente de cuando cesen las hostilidades bélicas y acabe la crisis en Ormuz, el siguiente paso en la complicada relación entre Estados Unidos e Irán parece conducir a un proceso diplomático para limitar el programa nuclear iraní. A este respecto, las partes han intercambiado mensajes sobre el futuro del material nuclear que todavía alojan las instalaciones nucleares de Irán, objetivo principal de Trump que prioriza su eliminación como prueba de que Teherán no persiga el desarrollo del arma nuclear.. A juicio de Peredo, la crisis bélica puede suponer un «avance» en el asunto nuclear. «Irán tiene muy poco que ganar manteniendo la actitud actual frentista y mucho que perder», explica, insistiendo en que llegar a un acuerdo sobre la cuestión nuclear «no sería una rendición, sino una rectificación». Y subraya que en el pasado los líderes iraníes, desde la moderación, han aproximado la posibilidad del acuerdo de limitación nuclear como el negociado en 2015 con Estados Unidos en la época de Barack Obama y que hizo trizas Donald Trump durante su primera etapa en la Casa Blanca.
El alto el fuego acordado entre Estados Unidos e Irán para dar margen a las negociaciones que pongan fin a la guerra lanzada por el Ejército estadounidense junto a Israel cumple dos meses, en medio de un conflicto reactivado con los últimos intercambios de ataques entre Washington y Teherán, mientras que las negociaciones avanzan lentamente y se han convertido en una baza más del conflicto.. Después de que Irán respondiera a la guerra con ataques a países del Golfo que albergan bases estadounidenses y bloqueara el paso por Ormuz, generando una crisis de calado global, el conflicto entró el pasado 7 de abril en una nueva fase con una tregua de 15 días a la que le sucedieron varias extensiones con distintos pretextos pero con la vista puesta en lograr una salida negociada.. En este contexto la estrategia de una tregua flexible y sin aparente fecha de caducidad ha dejado la crisis en Irán en un extraño ‘impasse’ en el que el dirigente norteamericano reitera sus amenazas y avisos, mientras tiende la mano a los negociadores iraníes para un acuerdo que desbloquee el paso en Ormuz, a cambio de aliviar las sanciones internacionales. Esta actitud de continuos tira y afloja de Washington unida a los recientes ataques y contraataques llevan al catedrático de Comunicación y Política Internacional de la Universidad Europea, José María Peredo, a señalar que forman parte de los elementos de presión para una negociación que, en sí misma, se ha convertido en una parte del conflicto. «La negociación se abre más o menos en cada momento y además está apoyada de ataques puntuales en el marco regional», sostiene.. «Hemos entrado en una dinámica más larga, en donde no solo la guerra y el ataque son parte del conflicto sino que la propia negociación es parte del conflicto», afirma, para reconocer que en este momento no se sabe si las conversaciones avanzan o siguen estancadas. «No se sabe si Israel y Estados Unidos siguen con una alianza firme o se han deshecho como consecuencia de una acción de Netanyahu. No se sabe si los comentarios que hace Trump fuera de tono son determinantes o sirven solo como medida presión», resume Peredo, que achaca esta situación a la tremenda complejidad de las relaciones internacionales actuales. Todo pese a que las partes han dado señales de acercamiento con distintas propuestas para detener las hostilidades y empezar a reabrir Ormuz.. Así, Estados Unidos habló a finales de mayo de un principio de acuerdo con Irán para extender la tregua durante dos meses más y garantizar el paso por el estrecho de Ormuz. Según dicha propuesta el alto el fuego de 60 días vendría acompañado del paso sin restricciones por Ormuz, esto es sin peajes ni acosos a buques mercantes. Para una segunda etapa se abriría la negociación nuclear con Washington, enfocada en debatir la eliminación del uranio altamente enriquecido y el compromiso de la República Islámica de no desarrollar un arma nuclear, asunto que según el secretario de Estado, Marco Rubio, Teherán ya ha aceptado como punto de partida.. Enfrente, Irán circuló otra iniciativa con elementos más ventajosos para su posición como que la gestión y la ruta de los buques por Ormuz se llevará a cabo por las autoridades iraníes en cooperación con Omán, lo que ‘de facto’ otorga el control a Teherán sobre el estratégico paso.. El borrador iraní señalaba también que Estados Unidos se ha comprometido a retirar sus fuerzas militares de la periferia de Irán, aunque queda por negociar el alcance de esta medida. Las conversaciones de todos modos van más allá de Estados Unidos e Irán, así como el mediador Pakistán, y tienen un magnitud global. Tanto Israel, como los países del Golfo, así como China están trabajando entre bambalinas para encauzar una guerra que ha sumido en la inestabilidad a Oriente Próximo y que tiene consecuencias económicas, en especial sobre el mercado energético, que van mucho más allá del plano regional.. De todos modos, Peredo considera probable que continúe el proceso de negociación porque no ha habido una escalada militar incontrolada y en todo momento los golpes han sido medidos y los contactos han continuado. Explica que mientras Estados Unidos tiene como principal objetivo garantizar la apertura de Ormuz y reactivar negociaciones sobre el programa nuclear, Irán lucha por preservar el régimen y evitar que la negociación se interprete como una rendición.. Enfrente Israel, actor indispensable de la guerra, busca sus propios intereses tendría que dar por concluida su campaña de debilitamiento de Irán y sus aliados regionales. Como telón de fondo de la negociación está en todo caso la situación política estadounidense con el plazo de noviembre y las elecciones de medio mandato como elemento que empuja a Trump a cerrar un acuerdo.. La parte norteamericana «tiene urgencia por llegar a algún tipo de acuerdo», explica el catedrático de la Universidad Europea, al tiempo que atribuye cierta improvisación al enfoque de Trum respecto a la guerra en Irán. «No responde a una gran estrategia», señala sobre los pasos de Washington desde que lanzó el ataque a gran escala contra Irán aprovechando un momento de debilidad.. «Se ha venido a complicar porque no se encuentra una solución suficientemente aceptable», indica, sugiriendo que Washington esperaba que el cambio de régimen en Irán viniera de la mano de un cambio de políticas sobre cuestiones como el programa nuclear.. Conversaciones nucleares. En última instancia, independientemente de cuando cesen las hostilidades bélicas y acabe la crisis en Ormuz, el siguiente paso en la complicada relación entre Estados Unidos e Irán parece conducir a un proceso diplomático para limitar el programa nuclear iraní. A este respecto, las partes han intercambiado mensajes sobre el futuro del material nuclear que todavía alojan las instalaciones nucleares de Irán, objetivo principal de Trump que prioriza su eliminación como prueba de que Teherán no persiga el desarrollo del arma nuclear.. A juicio de Peredo, la crisis bélica puede suponer un «avance» en el asunto nuclear. «Irán tiene muy poco que ganar manteniendo la actitud actual frentista y mucho que perder», explica, insistiendo en que llegar a un acuerdo sobre la cuestión nuclear «no sería una rendición, sino una rectificación». Y subraya que en el pasado los líderes iraníes, desde la moderación, han aproximado la posibilidad del acuerdo de limitación nuclear como el negociado en 2015 con Estados Unidos en la época de Barack Obama y que hizo trizas Donald Trump durante su primera etapa en la Casa Blanca.
Expertos pronostican una «larga dinámica» en medio de «golpes medidos» con «impactos calculados»
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