Decirlas y repetirlas cada uno de nosotros es urgente. Yo, persona sin iglesia, estoy profundamente de acuerdo con la mayoría de las palabras que nos decía Francisco y ahora nos dice León. Recordemos algunas del Papa presente: “La notable ceguera espiritual y cultural de nuestro tiempo conduce a un falso realismo basado no sólo en la lógica arraigada de la fuerza, sino también a la convicción cultural y antropológica de que la guerra es inevitablemente parte de la naturaleza humana”. Qué penosa e inmensa verdad. La guerra y la violencia como parte esencial de la naturaleza humana ha justificado lo peor que los humanos han tenido que sufrir desde que el mundo es mundo. Algunos antropólogos sociales aseguran, sin embargo, que ha habido sociedades que han vivido sin ellas y demuestran no solo haberlo conseguido, sino que, además, han sido y son las sociedades más venturosas. Saben, además, ¿que esos pueblos pacíficos son asimismo aquellos en los que el patriarcado ha tenido apenas o ningún dominio? Así lo cuentan expertos y sabios como Claudio Naranjo, hombre que ha dado las razones más recónditas y sesudas sobre este asunto. A mí me convence, me convence porque no me cabe duda de que hombres y mujeres somos esencialmente distintos en nuestra manera de sentir y pensar. Lo somos por genética, por cultura, por vocación. Y las hembras tenemos la facultad de hacer algo que nos marca para siempre hacia la paz, gestar y parir hijos Esa fortaleza no nos permite ir contra la vida. Y no, no confundamos, no es la naturaleza, es el sistema patriarcal el que hace que incluso mujeres, inmersas en esta creencia general y normativa, justifiquen las guerras. Dicho esto, creo humildemente que nuestra iglesia y sus Papas tendrán que otorgar a las mujeres que así lo deseen, y por un principio de justicia inviolable, altas responsabilidades, incluido el sacerdocio; aceptar sus criterios y clamar por la igualdad y diversidad en todos los ámbitos. Es una asignatura pendiente y difícil, lo sé, que nos traerá grandes hitos y bondades.
Nuestra iglesia tendrá que otorgar a las mujeres que así lo deseen altas responsabilidades, incluido el sacerdocio
Decirlas y repetirlas cada uno de nosotros es urgente. Yo, persona sin iglesia, estoy profundamente de acuerdo con la mayoría de las palabras que nos decía Francisco y ahora nos dice León. Recordemos algunas del Papa presente: “La notable ceguera espiritual y cultural de nuestro tiempo conduce a un falso realismo basado no sólo en la lógica arraigada de la fuerza, sino también a la convicción cultural y antropológica de que la guerra es inevitablemente parte de la naturaleza humana”. Qué penosa e inmensa verdad. La guerra y la violencia como parte esencial de la naturaleza humana ha justificado lo peor que los humanos han tenido que sufrir desde que el mundo es mundo. Algunos antropólogos sociales aseguran, sin embargo, que ha habido sociedades que han vivido sin ellas y demuestran no solo haberlo conseguido, sino que, además, han sido y son las sociedades más venturosas. Saben, además, ¿que esos pueblos pacíficos son asimismo aquellos en los que el patriarcado ha tenido apenas o ningún dominio? Así lo cuentan expertos y sabios como Claudio Naranjo, hombre que ha dado las razones más recónditas y sesudas sobre este asunto. A mí me convence, me convence porque no me cabe duda de que hombres y mujeres somos esencialmente distintos en nuestra manera de sentir y pensar. Lo somos por genética, por cultura, por vocación. Y las hembras tenemos la facultad de hacer algo que nos marca para siempre hacia la paz, gestar y parir hijos Esa fortaleza no nos permite ir contra la vida. Y no, no confundamos, no es la naturaleza, es el sistema patriarcal el que hace que incluso mujeres, inmersas en esta creencia general y normativa, justifiquen las guerras. Dicho esto, creo humildemente que nuestra iglesia y sus Papas tendrán que otorgar a las mujeres que así lo deseen, y por un principio de justicia inviolable, altas responsabilidades, incluido el sacerdocio; aceptar sus criterios y clamar por la igualdad y diversidad en todos los ámbitos. Es una asignatura pendiente y difícil, lo sé, que nos traerá grandes hitos y bondades.
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