El Primavera Sound esconde entre sus bastidores una realidad paralela que pocos asistentes logran vislumbrar, un enclave bautizado como Motel que funciona como una burbuja dentro del frenesí acústico. Este espacio, caracterizado por un ambiente donde impera la calma y la sombra, se ha convertido en el punto de encuentro predilecto para una mezcla de personalidades influyentes que rara vez coinciden en otros escenarios, desde directivos de las principales empresas de restauración y presidentes de clubes de fútbol de primera división hasta actores, cineastas, políticos de primer nivel y comunicadores radiofónicos. Todos ellos comparten el privilegio de disfrutar de «una hospitalidad sin límites» en la que las bebidas circulan sin control.. La realidad culinaria de un espacio exclusivo. Pese a lo que la etiqueta de exclusividad podría sugerir, el Motel renuncia voluntariamente a cualquier tentativa de alta cocina, optando por una lógica simple. La oferta gastronómica se bifurca claramente en dos vertientes: una propuesta vegetal de la mano del restaurante Fat Veggies y un repertorio de corte clásico que incluye hamburguesas tipo smash, croquetas, patatas bravas y brownies. Durante la jornada del viernes, Fat Veggies articuló su menú en tres tiempos que iban desde entrantes como el hummus o el falafel hasta principales como el risotto de tomate seco o la hamburguesa de lentejas, culminando en postres como el pudding de chía o el bizcocho de calabaza. No obstante, el rasgo distintivo de estas raciones no es la finura, sino una abundancia que obliga al comensal a replantear su estrategia para no sucumbir a una digestión demasiado pesada, pues la energía es necesaria, pero existe un límite que la cocina del espacio roza constantemente debido a sus abundantes raciones.. Eficacia frente a sofisticación en el festival. La propuesta gastronómica del Motel responde, en última instancia, a una necesidad evidente: servir comida rápida, eficaz y satisfactoria para sostener el ritmo de un evento de larga duración. Si bien fuera de la zona VIP el festival despliega una oferta diversa y representativa del panorama urbano, con opciones que van desde el ramen o el pescado con patatas hasta puestos de café de especialidad donde cada servicio tiene un precio, en el Motel todo forma parte del decorado, incluso las colas y la espera. A pesar de esta aparente cotidianidad, existen excepciones que elevan el nivel, como un brownie vegano con tahini que los presentes definen como «absolutamente delicioso». En definitiva, la gastronomía en este rincón privado del Primavera Sound no aspira a deslumbrar a los paladares exigentes, sino a ofrecer una versión reforzada y coherente de la comida de festival, asegurando que sus ilustres invitados mantengan la energía necesaria para afrontar la noche sin mayores complicaciones, mientras la barra libre y los encuentros inesperados cumplen su función de dinamizar el entorno.
El espacio privado denominado Motel funciona como un refugio de calma y conexiones sociales donde la alta cocina brilla por su ausencia, priorizando la operatividad del festival frente a la sofisticación culinaria esperada en un entorno de acceso restringido
El Primavera Sound esconde entre sus bastidores una realidad paralela que pocos asistentes logran vislumbrar, un enclave bautizado como Motel que funciona como una burbuja dentro del frenesí acústico. Este espacio, caracterizado por un ambiente donde impera la calma y la sombra, se ha convertido en el punto de encuentro predilecto para una mezcla de personalidades influyentes que rara vez coinciden en otros escenarios, desde directivos de las principales empresas de restauración y presidentes de clubes de fútbol de primera división hasta actores, cineastas, políticos de primer nivel y comunicadores radiofónicos. Todos ellos comparten el privilegio de disfrutar de «una hospitalidad sin límites» en la que las bebidas circulan sin control.. La realidad culinaria de un espacio exclusivo. Pese a lo que la etiqueta de exclusividad podría sugerir, el Motel renuncia voluntariamente a cualquier tentativa de alta cocina, optando por una lógica simple. La oferta gastronómica se bifurca claramente en dos vertientes: una propuesta vegetal de la mano del restaurante Fat Veggies y un repertorio de corte clásico que incluye hamburguesas tipo smash, croquetas, patatas bravas y brownies. Durante la jornada del viernes, Fat Veggies articuló su menú en tres tiempos que iban desde entrantes como el hummus o el falafel hasta principales como el risotto de tomate seco o la hamburguesa de lentejas, culminando en postres como el pudding de chía o el bizcocho de calabaza. No obstante, el rasgo distintivo de estas raciones no es la finura, sino una abundancia que obliga al comensal a replantear su estrategia para no sucumbir a una digestión demasiado pesada, pues la energía es necesaria, pero existe un límite que la cocina del espacio roza constantemente debido a sus abundantes raciones.. Eficacia frente a sofisticación en el festival. La propuesta gastronómica del Motel responde, en última instancia, a una necesidad evidente: servir comida rápida, eficaz y satisfactoria para sostener el ritmo de un evento de larga duración. Si bien fuera de la zona VIP el festival despliega una oferta diversa y representativa del panorama urbano, con opciones que van desde el ramen o el pescado con patatas hasta puestos de café de especialidad donde cada servicio tiene un precio, en el Motel todo forma parte del decorado, incluso las colas y la espera. A pesar de esta aparente cotidianidad, existen excepciones que elevan el nivel, como un brownie vegano con tahini que los presentes definen como «absolutamente delicioso». En definitiva, la gastronomía en este rincón privado del Primavera Sound no aspira a deslumbrar a los paladares exigentes, sino a ofrecer una versión reforzada y coherente de la comida de festival, asegurando que sus ilustres invitados mantengan la energía necesaria para afrontar la noche sin mayores complicaciones, mientras la barra libre y los encuentros inesperados cumplen su función de dinamizar el entorno.
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