Volvíamos de Sevilla para encontrarnos con un tiempazo, la corrida de Juan Pedro Domecq, que repetía en el serial (y había sido buena), como también lo hacía Pablo Aguado respecto al Corpus. Revoloteaba todavía por la plaza la idea de que Víctor Hernández se había salvado de manera incomprensible y dos veces con espeluznantes cogidas. Los milagros así son: actos de fe que no atienden a razones. Lo que no teníamos la menor idea es que hoy asistiríamos a otro cuando nos acercábamos al final del festejo. Tres milagros en apenas 24 horas es un abuso de la suerte o un billete en blanco para agradecer y no parar. Fue en el quinto. El de Clemente. Con el que se había ido a recibirlo a portagayola y justo ahí tuvimos el primer momento de peligro. Tras la larga, él mismo se hizo el quite con el capote. El toro que tuvo más carbón, encastadito y también con ese punto de ser agradecido. Cuando la muleta iba más volandera, como en el primer tramo de la faena, el toro soltaba la cara que no había manera de estar por delante. Cuando impuso orden Clemente cambió y tragó, torero primero y animal después. Mérito porque el toro exigía. Y ahí estaba, en esos código de querer, cuando le retiró la muleta para cruzarse y el animal se le fue derecho sin ánimo de perdón. Lo cogió muy feo porque le tuvo mucho tiempo arriba colgado del extenso pitón y cuando lo soltó quedó desplomado. Impactante imagen. Si lo había calado la cosa era honda. Las fotos que llegaban eran tenebrosas, porque había entrada y salida del pitón. Las noticias que vinieron tiempo después fueron tremendas: se había salvado de la cornada, el pitón enhebró la taleguilla, esquivando el cuerpo y al caer sufrió una luxación del codo. Milagroso. ¿O no? Mató el toro Uceda y respiramos cuando nos trasladaron las primeras noticias en son de paz.. Lote de UCeda. Fue Uceda el que abrió plaza con un toro incómodo. Soltaba la cara el animal sin demasiada gracia en las telas y optó por abreviar. Bonito fue el saludo capotero al cuarto, con el que dejó una faena desigual con muletazos de buen trazo a un toro que fue a menos y sin raza. La cosa no cuajó.. Clemente había puesto oficio con su primero ante esas embestidas que iban y venían y mato con solvencia sin más historia.. Espartaco volvió a hacer las cosas bien en el tercio de varas del tercero, que era el toro de Aguado.. Ya en la muleta, la faena se fue diluyendo a la misma velocidad con la que el toro fue desarrollando sentido. Aguado nunca terminó de encontrarse ante un animal cada vez más incómodo. No iba a mejorar la cosa con el sexto, con el que anduvo brillante Iván García y no se lo puso fácil. El toro se frenaba en seco a metro y medio de clavar, pero el peón tiene unos recursos que son una maravilla. Pablo se fue largo después con un animal que nos dejó poco en claro, como la faena, e incluso la tarde más allá de resultar un auténtico petardo.. Ficha del festejo. Las Ventas. Vigésimo quinta de San Isidro. Lleno de «No hay billetes». Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación. El 1º, repetidor y orientado; 2º, como sobrero, noble y bajo de raza; 3º, complicado; 4º, deslucido; 5º, encastado y complicado; 6º, va y viene.. Uceda Leal, de rioja y oro, media, tres descabellos (silencio); estocada perpendicular (silencio); estocada, cinco descabellos (silencio).. Clemente, de sangre de toro y azabache, estocada desprendida (silencio); herido.. Pablo Aguado, de maquillaje y oro, dos pinchazos, media baja, descabello, dos descabellos (silencio); estocada (silencio).
Deslucido y con mal estilo encierro de Juampedro en la Feria de San Isidro
Volvíamos de Sevilla para encontrarnos con un tiempazo, la corrida de Juan Pedro Domecq, que repetía en el serial (y había sido buena), como también lo hacía Pablo Aguado respecto al Corpus. Revoloteaba todavía por la plaza la idea de que Víctor Hernández se había salvado de manera incomprensible y dos veces con espeluznantes cogidas. Los milagros así son: actos de fe que no atienden a razones. Lo que no teníamos la menor idea es que hoy asistiríamos a otro cuando nos acercábamos al final del festejo. Tres milagros en apenas 24 horas es un abuso de la suerte o un billete en blanco para agradecer y no parar. Fue en el quinto. El de Clemente. Con el que se había ido a recibirlo a portagayola y justo ahí tuvimos el primer momento de peligro. Tras la larga, él mismo se hizo el quite con el capote. El toro que tuvo más carbón, encastadito y también con ese punto de ser agradecido. Cuando la muleta iba más volandera, como en el primer tramo de la faena, el toro soltaba la cara que no había manera de estar por delante. Cuando impuso orden Clemente cambió y tragó, torero primero y animal después. Mérito porque el toro exigía. Y ahí estaba, en esos código de querer, cuando le retiró la muleta para cruzarse y el animal se le fue derecho sin ánimo de perdón. Lo cogió muy feo porque le tuvo mucho tiempo arriba colgado del extenso pitón y cuando lo soltó quedó desplomado. Impactante imagen. Si lo había calado la cosa era honda. Las fotos que llegaban eran tenebrosas, porque había entrada y salida del pitón. Las noticias que vinieron tiempo después fueron tremendas: se había salvado de la cornada, el pitón enhebró la taleguilla, esquivando el cuerpo y al caer sufrió una luxación del codo. Milagroso. ¿O no? Mató el toro Uceda y respiramos cuando nos trasladaron las primeras noticias en son de paz.. Lote de UCeda. Fue Uceda el que abrió plaza con un toro incómodo. Soltaba la cara el animal sin demasiada gracia en las telas y optó por abreviar. Bonito fue el saludo capotero al cuarto, con el que dejó una faena desigual con muletazos de buen trazo a un toro que fue a menos y sin raza. La cosa no cuajó.. Clemente había puesto oficio con su primero ante esas embestidas que iban y venían y mato con solvencia sin más historia.. Espartaco volvió a hacer las cosas bien en el tercio de varas del tercero, que era el toro de Aguado.. Ya en la muleta, la faena se fue diluyendo a la misma velocidad con la que el toro fue desarrollando sentido. Aguado nunca terminó de encontrarse ante un animal cada vez más incómodo. No iba a mejorar la cosa con el sexto, con el que anduvo brillante Iván García y no se lo puso fácil. El toro se frenaba en seco a metro y medio de clavar, pero el peón tiene unos recursos que son una maravilla. Pablo se fue largo después con un animal que nos dejó poco en claro, como la faena, e incluso la tarde más allá de resultar un auténtico petardo.. Ficha del festejo. Las Ventas. Vigésimo quinta de San Isidro. Lleno de «No hay billetes». Toros de Juan Pedro Domecq, desiguales de presentación. El 1º, repetidor y orientado; 2º, como sobrero, noble y bajo de raza; 3º, complicado; 4º, deslucido; 5º, encastado y complicado; 6º, va y viene.. Uceda Leal, de rioja y oro, media, tres descabellos (silencio); estocada perpendicular (silencio); estocada, cinco descabellos (silencio).. Clemente, de sangre de toro y azabache, estocada desprendida (silencio); herido.. Pablo Aguado, de maquillaje y oro, dos pinchazos, media baja, descabello, dos descabellos (silencio); estocada (silencio).
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