Dicen que quien peca y reza empata. Todo apunta a que ese será el plan de muchos en Madrid el fin de semana del 6 y 7 de junio. Por un lado, dar rienda suelta al lado más fiestero en alguno de los conciertos que Bad Bunny ha desplegado por la capital; por otro, encontrar un rato para la oración aprovechando la visita del Papa, prevista para las mismas fechas. Entre una cosa y otra —y los previsibles problemas de movilidad—, la ciudad promete estar especialmente agitada.. Seguir leyendo
Hacerse las uñas en The Cocoon Beauty, un masaje en Marte o un helado en Lolli Gelato
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Dicen que quien peca y reza empata. Todo apunta a que ese será el plan de muchos en Madrid el fin de semana del 6 y 7 de junio. Por un lado, dar rienda suelta al lado más fiestero en alguno de los conciertos que Bad Bunny ha desplegado por la capital; por otro, encontrar un rato para la oración aprovechando la visita del Papa, prevista para las mismas fechas. Entre una cosa y otra —y los previsibles problemas de movilidad—, la ciudad promete estar especialmente agitada.. Para quienes prefieran apartarse del ruido sin renunciar a un buen plan, Madrid te enreda recomienda tres refugios donde escapar del gentío y, aun así, pasarlo igual de bien: hacerse las uñas en The Cocoon Beauty, dejarse llevar con un masaje en Marte o pedir un helado en Lolli Gelato.. Un paréntesis de cuidado en Chamberí. The Cocoon Beauty (Calle Alfonso Cano, 12) funciona como un pequeño refugio en mitad del ritmo de Madrid. La idea nace de una convicción muy personal de su fundadora, que tras más de 25 años en entornos donde la excelencia en el servicio es clave detectó un vacío: “Encontraba buenos profesionales y buenos tratamientos, pero pocas veces una experiencia realmente completa, donde el cliente se sintiera cuidado de principio a fin”.. Ese es justamente el objetivo del espacio: que cada visita se sienta como un escape dentro de la ciudad. El ambiente es “cálido, cuidado y elegante”, pero cercano, y todo gira en torno a la atención personalizada y al detalle. “Queríamos un lugar donde la calidad de los tratamientos fuera tan importante como la atención”, explica. Se recomienda hacerse tanto las uñas como los pies en el lugar.. El plan encaja con un día tranquilo por el barrio, enlazando cafés, terrazas o una comida sin prisas. El ticket medio oscila entre los 40 y los 90 euros y recomiendan reservar con antelación, aunque a veces atienden sin cita.. Parar (de verdad) en Marte. En Marte (calle de Juan Hurtado de Mendoza, 17) no se entra: se baja el ritmo. El proyecto nace de una necesidad muy concreta ligada al dolor, la inflamación y la fatiga de una de sus fundadoras, y de la idea de que el masaje puede ser algo más que un lujo puntual. “Nos dimos cuenta de que muchas veces el masaje se entendía como un capricho, cuando en realidad puede convertirse en una herramienta de bienestar”, explica su portavoz.. View this post on Instagram. Todo el espacio está pensado para eso: la iluminación, el sonido, los silencios, la forma de recibir. Antes del masaje hay un pequeño estudio previo para entender cómo llega cada cliente. “Muchas personas vienen corriendo a relajarse y este aterrizaje previo es fundamental”, dicen. El tratamiento se adapta completamente a la persona y no al revés. Se recomienda probar los masajes y tratamientos especialmente diseñados para favorecer la ligereza, la luminosidad y el equilibrio entre mente y cuerpo.. “De ahí nace Un billete a Marte, una propuesta para convertir el autocuidado en una experiencia real: desconectar del ruido, recuperar la sensación de ligereza y llegar mejor a lo que está por venir. Más allá del concepto, se trata de un ritual de bienestar que encaja tanto en la preparación del cuerpo para el verano como en momentos especiales como bodas o celebraciones”, explican.. Después del masaje, la experiencia continúa en una sala pensada para volver poco a poco al ritmo exterior. El ticket medio se sitúa entre los 90 y los 150 euros.. Un helado en la plaza. A dos pasos de la plaza de Olavide, Lolli Gelato propone uno de esos planes sencillos que funcionan siempre. Su creadora lo explica así: “Comer un helado es como un pequeño viaje a la niñez, algo simple pero muy especial”. Tras años en hostelería y una etapa en Melbourne, decidió traer a Madrid esa mezcla de producto cuidado, estética y experiencia.. El local deja ver el proceso en directo, con el laboratorio a la vista, y pone el acento en lo artesanal. “Queríamos mezclar lo tradicional del gelato con algo más contemporáneo y personal”, cuenta. Los sabores son intensos pero equilibrados y el espacio cuida cada detalle, desde los materiales hasta la música.. Muchos clientes se llevan el helado y se sientan en la plaza, entre los árboles, en un plan muy de barrio. El ticket medio ronda los cinco euros.. View this post on Instagram
