Antes de que las ballenas se convirtieran en un símbolo de conservación y turismo sostenible, hubo un tiempo en el que eran una fuente de riqueza. Y pocos lugares en Galicia lo saben mejor que Cangas. Durante buena parte del siglo XX, esta localidad de la ría de Vigo vivió una auténtica edad de oro ligada a la caza de cetáceos, una actividad que generó empleo, impulsó la economía local y dejó una huella en la memoria.. Hoy apenas quedan algunos vestigios y recuerdos de aquella época, pero durante décadas las ballenas formaron parte del paisaje cotidiano de la villa.. La relación entre Cangas y los cetáceos no comenzó con la industria moderna. Durante siglos, las ballenas fueron visitantes habituales de las costas gallegas. Los grandes mamíferos marinos aprovechaban las rutas migratorias del Atlántico y podían ser observados desde numerosos puntos del litoral.. Las poblaciones costeras aprendieron pronto a detectar su presencia. En los primeros tiempos, las capturas se realizaban de forma artesanal. Los marineros se acercaban en pequeñas embarcaciones y trataban de arponear a los cetáceos, una actividad tan peligrosa como rentable. El aceite obtenido de la grasa de las ballenas era un producto muy valioso y se utilizaba para iluminación, lubricantes y numerosos usos industriales.. La revolución industrial de la caza. Sin embargo, la auténtica transformación llegó a finales del siglo XIX. La invención del cañón lanzaarpones por parte de los noruegos y la aparición de los barcos de vapor permitieron capturar especies que hasta entonces resultaban demasiado rápidas para los cazadores.. Fue precisamente el capital noruego el que impulsó el renacimiento de la actividad ballenera en Galicia durante la década de 1920. Y Cangas tuvo un papel protagonista desde el principio.. En 1924 la Sociedad Anónima Corona, con sede en Vigo y vinculada a empresas noruegas, comenzó a operar desde la ensenada de Barra y posteriormente desde la ría de Aldán. Aquella experiencia marcó el inicio de la industria ballenera moderna en el entorno de la ría de Vigo.. La factoría que cambió la economía de la villa. La gran explosión económica llegó en 1955 con la puesta en marcha de la factoría de Balea, situada en Salgueirón y vinculada al grupo Massó. Desde entonces y durante tres décadas, Cangas se convirtió en uno de los principales centros balleneros de España.. Los barcos especializados partían de madrugada hacia zonas situadas entre 40 y 50 millas de la costa. Desde las elevadas cofas, los vigías rastreaban el horizonte en busca de los chorros que delataban la presencia de los cetáceos. Una vez localizados, comenzaba la persecución.. Los buques estaban equipados con potentes cañones lanzaarpones instalados en la proa. Cuando alcanzaban a la presa, remolcaban el enorme cuerpo hasta la factoría para su procesamiento inmediato. El tiempo era fundamental para evitar la pérdida de calidad de la materia prima.. La actividad generaba decenas de puestos de trabajo directos y numerosos empleos indirectos. Muchos vecinos de Cangas encontraron en la factoría una forma de ganarse la vida, contribuyendo al crecimiento económico de la villa durante los años de mayor actividad.. Más de 11.000 cetáceos capturados. Las cifras de aquella industria resultan hoy difíciles de imaginar. Entre 1951 y 1985, las factorías gallegas de Cee, Cangas y Xove procesaron más de 11.000 grandes cetáceos. Entre ellos figuraban cachalotes, rorcuales comunes, rorcuales norteños e incluso algunas ballenas azules, el animal más grande que ha existido jamás sobre la Tierra.. En la factoría de Balea llegaron a procesarse ejemplares de más de veinte metros de longitud. Las imágenes de aquellos gigantes suspendidos sobre las rampas de despiece forman parte de una etapa histórica que hoy provoca sentimientos encontrados.. El final de una época. A medida que avanzaban las décadas, las poblaciones de cetáceos comenzaron a disminuir y la presión internacional contra la caza de ballenas fue creciendo. Los movimientos ecologistas denunciaban el impacto de una actividad que estaba afectando gravemente a algunas especies.. La moratoria aprobada por la Comisión Ballenera Internacional entró en vigor en 1986 y puso fin definitivamente a la caza comercial de ballenas en Europa. El año anterior se habían realizado las últimas capturas gallegas. Con ello desapareció una industria que había marcado durante décadas la vida de Cangas.
Hasta hace no mucho, los vigías oteaban el horizonte, los barcos perseguían cetáceos y la factoría de Balea transformaba miles de toneladas de grasa y carne
Antes de que las ballenas se convirtieran en un símbolo de conservación y turismo sostenible, hubo un tiempo en el que eran una fuente de riqueza. Y pocos lugares en Galicia lo saben mejor que Cangas. Durante buena parte del siglo XX, esta localidad de la ría de Vigo vivió una auténtica edad de oro ligada a la caza de cetáceos, una actividad que generó empleo, impulsó la economía local y dejó una huella en la memoria.. Hoy apenas quedan algunos vestigios y recuerdos de aquella época, pero durante décadas las ballenas formaron parte del paisaje cotidiano de la villa.. La relación entre Cangas y los cetáceos no comenzó con la industria moderna. Durante siglos, las ballenas fueron visitantes habituales de las costas gallegas. Los grandes mamíferos marinos aprovechaban las rutas migratorias del Atlántico y podían ser observados desde numerosos puntos del litoral.. Las poblaciones costeras aprendieron pronto a detectar su presencia. En los primeros tiempos, las capturas se realizaban de forma artesanal. Los marineros se acercaban en pequeñas embarcaciones y trataban de arponear a los cetáceos, una actividad tan peligrosa como rentable. El aceite obtenido de la grasa de las ballenas era un producto muy valioso y se utilizaba para iluminación, lubricantes y numerosos usos industriales.. La revolución industrial de la caza. Sin embargo, la auténtica transformación llegó a finales del siglo XIX. La invención del cañón lanzaarpones por parte de los noruegos y la aparición de los barcos de vapor permitieron capturar especies que hasta entonces resultaban demasiado rápidas para los cazadores.. Fue precisamente el capital noruego el que impulsó el renacimiento de la actividad ballenera en Galicia durante la década de 1920. Y Cangas tuvo un papel protagonista desde el principio.. En 1924 la Sociedad Anónima Corona, con sede en Vigo y vinculada a empresas noruegas, comenzó a operar desde la ensenada de Barra y posteriormente desde la ría de Aldán. Aquella experiencia marcó el inicio de la industria ballenera moderna en el entorno de la ría de Vigo.. La factoría que cambió la economía de la villa. La gran explosión económica llegó en 1955 con la puesta en marcha de la factoría de Balea, situada en Salgueirón y vinculada al grupo Massó. Desde entonces y durante tres décadas, Cangas se convirtió en uno de los principales centros balleneros de España.. Los barcos especializados partían de madrugada hacia zonas situadas entre 40 y 50 millas de la costa. Desde las elevadas cofas, los vigías rastreaban el horizonte en busca de los chorros que delataban la presencia de los cetáceos. Una vez localizados, comenzaba la persecución.. Los buques estaban equipados con potentes cañones lanzaarpones instalados en la proa. Cuando alcanzaban a la presa, remolcaban el enorme cuerpo hasta la factoría para su procesamiento inmediato. El tiempo era fundamental para evitar la pérdida de calidad de la materia prima.. La actividad generaba decenas de puestos de trabajo directos y numerosos empleos indirectos. Muchos vecinos de Cangas encontraron en la factoría una forma de ganarse la vida, contribuyendo al crecimiento económico de la villa durante los años de mayor actividad.. Más de 11.000 cetáceos capturados. Las cifras de aquella industria resultan hoy difíciles de imaginar. Entre 1951 y 1985, las factorías gallegas de Cee, Cangas y Xove procesaron más de 11.000 grandes cetáceos. Entre ellos figuraban cachalotes, rorcuales comunes, rorcuales norteños e incluso algunas ballenas azules, el animal más grande que ha existido jamás sobre la Tierra.. En la factoría de Balea llegaron a procesarse ejemplares de más de veinte metros de longitud. Las imágenes de aquellos gigantes suspendidos sobre las rampas de despiece forman parte de una etapa histórica que hoy provoca sentimientos encontrados.. El final de una época. A medida que avanzaban las décadas, las poblaciones de cetáceos comenzaron a disminuir y la presión internacional contra la caza de ballenas fue creciendo. Los movimientos ecologistas denunciaban el impacto de una actividad que estaba afectando gravemente a algunas especies.. La moratoria aprobada por la Comisión Ballenera Internacional entró en vigor en 1986 y puso fin definitivamente a la caza comercial de ballenas en Europa. El año anterior se habían realizado las últimas capturas gallegas. Con ello desapareció una industria que había marcado durante décadas la vida de Cangas.
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