Hace diez años, Vicky Sevilla se lanzó a la aventura. «Quería volver a casa», dice. Llevaba ya más de un lustro aprendiendo a cocinar y con tan solo 25 años, se sintió preparada para lanzar su propio restaurante. La natural de Quart de les Valls, en la Plana Baja de Castellón, buscaba algo cerca, y lo encontró a lomos del espectacular castillo de Sagunto, en las antiguas caballerizas del Palacio de los Duques de Gaeta, un edificio medieval del siglo XVI.. Como cualquier joven adolescente, a los 17 años no sabía qué hacer con su futuro laboral, y una amiga le animó a ir a Formentera. No tenía contactos ni pasado familiar ni una billetera grande para pagarse cursos de cocina, pero sí tenía una cosa clara: «Comer es mi gran pasión», ríe. «La cocina se aprende. Mis padres son personas muy humildes que no han podido llevarme a restaurantes, yo empecé a comer fuera cuando empecé en la cocina», afirma.. Ahora dice que esa es la base de su éxito: cada semana come entre tres y cuatro veces, aprovechando el descanso laboral los domingos y lunes. «Llevo catorce años saliendo a comer probando restaurantes y entrenando la memoria gustativa. Igual que un escritor tiene que leer mucho, un cocinero tiene que salir a comer para encontrar tu gusto personal».. Un estilo que en su restaurante tuvo que comenzar con los pies en la tierra. «Me considero una persona bastante coherente y lo apliqué al restaurante. Empecé con productos humildes, me hubiera encantando con caviar pero aplicaba más la cabeza para sacar adelante las cuentas. Empezar así humildemente también me enseño a cocinar productos muy humildes pero que son grandes productos pero no se saben cocinar bien», afirma. Ese estilo también le llevó al nombre: Arrels. «Signifca raíces raíces porque volvía a casa, pero también porque nos sentimos cómodos reinterpretando el territorio», afirma.. Porque en Arrels no te encontrarás un ceviche, pero sí una coca de tomate o un salpicón reinterpretado, elevado a una calidad que solo Vicky Sevilla sabe llevar. «Viajo un montón por trabajo y cuando voy a otros países me gusta comer las cosas que se hacen allí y yo en mi casa quiero que coman el territorio y nuestras raíces».. Esa apuesta le guio con tan solo 29 años a convertirse en la mujer española más joven en obtener una estrella Michelin. «Lo de la mujer más joven es bastante anecdótico, al final lo importante es que lo conseguimos por todo el equipo», dice, pero afirma que les dio un impulso que lleva por allí cada día a turistas japoneses o estadounidenses. «La estrella Michelin fue un alivio porque nos dio alas a cocinar lo que quisiéramos, pero también es mucha responsabilidad porque hay un equipo humano y muchas bocas que alimentar», dice. En el equipo son nueve personas con Yelko Suárez, el sumiller de Arrels, nombrado hace apenas un mes mejor sumiller por la Academia de la Gastronomía de la Comunidad Valenciana.. Un trabajo que ha permitido también elevar el nivel de su cocina, y con ello, el estándar y precio. Cuando abrió, los menús costaban 15, 27 y 37 euros porque era «lo que podía y sabía cocinar», afirma, pero ahora están por 72 euros el menú a la carta, 120 euros el menú Saba o 148 el menú Arrels, el más completo, con ocho pases salados y tres postres. «Ahora ya nos vemos capacitados de ser un negocio serio y sabemos cómo manejarlo o venderlo», afirma una Sevilla que defiende a capa y espada a la profesión y el valor del trabajo que hay detrás.. «A mí me sabe mal cuando se dice que es caro: las cosas no son caras o baratas, sino el valor que quieras darle. Hay bolsos de 3.000 euros: ¿son caros o baratos? Pues depende del valor que le quieras dar», dice. Sevilla explica que está el valor de la persona cualificada, pero también de detalles como la cristalería – «una copa nuestra nos puede costar 50 euros»- y, sobre todo, del producto: «Este mes he comprado cinco kilos de guisante lágrima por 1.300 euros, pero es lo que valen».. La chef afirma que ha tenido que subir 15 euros el precio de sus menús este año por el aumento de precios: «No los subimos por hacernos más ricos, pero nos tenemos que adaptar porque los costes han subido muchísimo», razona, y lamenta que de entrada no se aprecie el trabajo que hay detrás, defendiendo a su profesión. «La hostelería está muy prostituida. pero cuando la gente va a celebrar y llorar lo hace alrededor de una mesa. Todo pasa alrededor de una mesa, pero somos el saco de boxeo de la gente», concluye.. Este 2026, busca renovar por quinto año su estrella Michelin.
Con 25 años se convirtió en la mujer española más joven en recibir una estrella Michelin por su restaurante Arrels en Sagunto y recibió el Premio Gastronomía de los IX Premios La Razón
Hace diez años, Vicky Sevilla se lanzó a la aventura. «Quería volver a casa», dice. Llevaba ya más de un lustro aprendiendo a cocinar y con tan solo 25 años, se sintió preparada para lanzar su propio restaurante. La natural de Quart de les Valls, en la Plana Baja de Castellón, buscaba algo cerca, y lo encontró a lomos del espectacular castillo de Sagunto, en las antiguas caballerizas del Palacio de los Duques de Gaeta, un edificio medieval del siglo XVI.. Como cualquier joven adolescente, a los 17 años no sabía qué hacer con su futuro laboral, y una amiga le animó a ir a Formentera. No tenía contactos ni pasado familiar ni una billetera grande para pagarse cursos de cocina, pero sí tenía una cosa clara: «Comer es mi gran pasión», ríe. «La cocina se aprende. Mis padres son personas muy humildes que no han podido llevarme a restaurantes, yo empecé a comer fuera cuando empecé en la cocina», afirma.. Ahora dice que esa es la base de su éxito: cada semana come entre tres y cuatro veces, aprovechando el descanso laboral los domingos y lunes. «Llevo catorce años saliendo a comer probando restaurantes y entrenando la memoria gustativa. Igual que un escritor tiene que leer mucho, un cocinero tiene que salir a comer para encontrar tu gusto personal».. Un estilo que en su restaurante tuvo que comenzar con los pies en la tierra. «Me considero una persona bastante coherente y lo apliqué al restaurante. Empecé con productos humildes, me hubiera encantando con caviar pero aplicaba más la cabeza para sacar adelante las cuentas. Empezar así humildemente también me enseño a cocinar productos muy humildes pero que son grandes productos pero no se saben cocinar bien», afirma. Ese estilo también le llevó al nombre: Arrels. «Signifca raíces raíces porque volvía a casa, pero también porque nos sentimos cómodos reinterpretando el territorio», afirma.. Porque en Arrels no te encontrarás un ceviche, pero sí una coca de tomate o un salpicón reinterpretado, elevado a una calidad que solo Vicky Sevilla sabe llevar. «Viajo un montón por trabajo y cuando voy a otros países me gusta comer las cosas que se hacen allí y yo en mi casa quiero que coman el territorio y nuestras raíces».. Esa apuesta le guio con tan solo 29 años a convertirse en la mujer española más joven en obtener una estrella Michelin. «Lo de la mujer más joven es bastante anecdótico, al final lo importante es que lo conseguimos por todo el equipo», dice, pero afirma que les dio un impulso que lleva por allí cada día a turistas japoneses o estadounidenses. «La estrella Michelin fue un alivio porque nos dio alas a cocinar lo que quisiéramos, pero también es mucha responsabilidad porque hay un equipo humano y muchas bocas que alimentar», dice. En el equipo son nueve personas con Yelko Suárez, el sumiller de Arrels, nombrado hace apenas un mes mejor sumiller por la Academia de la Gastronomía de la Comunidad Valenciana.. Un trabajo que ha permitido también elevar el nivel de su cocina, y con ello, el estándar y precio. Cuando abrió, los menús costaban 15, 27 y 37 euros porque era «lo que podía y sabía cocinar», afirma, pero ahora están por 72 euros el menú a la carta, 120 euros el menú Saba o 148 el menú Arrels, el más completo, con ocho pases salados y tres postres. «Ahora ya nos vemos capacitados de ser un negocio serio y sabemos cómo manejarlo o venderlo», afirma una Sevilla que defiende a capa y espada a la profesión y el valor del trabajo que hay detrás.. «A mí me sabe mal cuando se dice que es caro: las cosas no son caras o baratas, sino el valor que quieras darle. Hay bolsos de 3.000 euros: ¿son caros o baratos? Pues depende del valor que le quieras dar», dice. Sevilla explica que está el valor de la persona cualificada, pero también de detalles como la cristalería – «una copa nuestra nos puede costar 50 euros»- y, sobre todo, del producto: «Este mes he comprado cinco kilos de guisante lágrima por 1.300 euros, pero es lo que valen».. La chef afirma que ha tenido que subir 15 euros el precio de sus menús este año por el aumento de precios: «No los subimos por hacernos más ricos, pero nos tenemos que adaptar porque los costes han subido muchísimo», razona, y lamenta que de entrada no se aprecie el trabajo que hay detrás, defendiendo a su profesión. «La hostelería está muy prostituida. pero cuando la gente va a celebrar y llorar lo hace alrededor de una mesa. Todo pasa alrededor de una mesa, pero somos el saco de boxeo de la gente», concluye.. Este 2026, busca renovar por quinto año su estrella Michelin.
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