Por querer parecerse al original y primigenio, o sea, al del cuerpo humano, les ha tocado también ocupar el sitio de abajo y cargar con todo el peso, al pie de la montaña, al de la lámpara, al de los árboles y las plantas, al de las ilustraciones y fotografías. Y otro tanto le pasa al pie de página, que es donde los eruditos amontonan esos rimeros de notas de letra tan menuda que luego nadie lee.. Creer a pie juntillas, seguir al pie de la letra… o buscarle los tres (o los cinco) pies al gato.. Andar a pie, que es lo más sano y lo más viejo, y aguantar a pie firme aunque alguien nos haya puesto a los de los caballos, y sortear a pie enjuto zozobras y peligros.. Mejor andar con los de plomo que en el de guerra.. Además de su recinto habitual, que son los calcetines y las medias, los pies se pueden sacar de las alforjas, del plato y del tiesto.. Malo el que los arrastra y el que se levanta con el izquierdo, el que tiene uno dentro y otro fuera, el que lo pierde, y malo asimismo el que no se tiene en él, el que no lo da con bola, el que se ve obligado a ponerlos en polvorosa (y gritar aquello de: “pies, ¿para qué os quiero?”), el que no sabe de cuál cojea y los que por no tener no tienen ni cabeza. Claro que es peor aún cuando uno lo tiene ya en el estribo o le sacan con ellos por delante.. Y hablemos ahora de la cabeza, que es la parte del cuerpo a la que obedecen todas las demás, porque en ella están la mente y la razón, el juicio y el talento, la inteligencia y el entendimiento.. De la de chorlito, y refiriéndose a su dueño, puede decirse también que la tiene a pájaros.. Además de los seres humanos y los animales, tienen también cabeza los alfileres, los tornillos y los clavos, las vigas, los puentes y los ríos, las manifestaciones, los rebaños y la Iglesia (que es el papa). Y la cabeza puede asimismo ser cuadrada, loca, rapada, de ajo, de familia, de partido judicial, de serie, de turco… Sin contar con que se puede agachar, bajar, doblar, calentar (voluntaria o involuntariamente, por culpa propia o ajena), dar con ella en las paredes, levantar, perder, romper (a otro o a uno mismo), sacar, sentar, tenerla buena o mala, torcer, volver, e incluso puede ocurrir que, en un descuido, se le suba algo sin que el interesado se percate de ello.. Y si por casualidad o mala suerte se juntan los dos, resulta entonces que algo no tiene pies ni cabeza, es decir, que no tiene sentido, como tantas cosas que vemos y oímos y hacemos cada día
Malo el que los arrastra y el que se levanta con el izquierdo, el que tiene uno dentro y otro fuera
Por querer parecerse al original y primigenio, o sea, al del cuerpo humano, les ha tocado también ocupar el sitio de abajo y cargar con todo el peso, al pie de la montaña, al de la lámpara, al de los árboles y las plantas, al de las ilustraciones y fotografías. Y otro tanto le pasa al pie de página, que es donde los eruditos amontonan esos rimeros de notas de letra tan menuda que luego nadie lee.. Creer a pie juntillas, seguir al pie de la letra… o buscarle los tres (o los cinco) pies al gato.. Andar a pie, que es lo más sano y lo más viejo, y aguantar a pie firme aunque alguien nos haya puesto a los de los caballos, y sortear a pie enjuto zozobras y peligros.. Mejor andar con los de plomo que en el de guerra.. Además de su recinto habitual, que son los calcetines y las medias, los pies se pueden sacar de las alforjas, del plato y del tiesto.. Malo el que los arrastra y el que se levanta con el izquierdo, el que tiene uno dentro y otro fuera, el que lo pierde, y malo asimismo el que no se tiene en él, el que no lo da con bola, el que se ve obligado a ponerlos en polvorosa (y gritar aquello de: “pies, ¿para qué os quiero?”), el que no sabe de cuál cojea y los que por no tener no tienen ni cabeza. Claro que es peor aún cuando uno lo tiene ya en el estribo o le sacan con ellos por delante.. Y hablemos ahora de la cabeza, que es la parte del cuerpo a la que obedecen todas las demás, porque en ella están la mente y la razón, el juicio y el talento, la inteligencia y el entendimiento.. De la de chorlito, y refiriéndose a su dueño, puede decirse también que la tiene a pájaros.. Además de los seres humanos y los animales, tienen también cabeza los alfileres, los tornillos y los clavos, las vigas, los puentes y los ríos, las manifestaciones, los rebaños y la Iglesia (que es el papa). Y la cabeza puede asimismo ser cuadrada, loca, rapada, de ajo, de familia, de partido judicial, de serie, de turco… Sin contar con que se puede agachar, bajar, doblar, calentar (voluntaria o involuntariamente, por culpa propia o ajena), dar con ella en las paredes, levantar, perder, romper (a otro o a uno mismo), sacar, sentar, tenerla buena o mala, torcer, volver, e incluso puede ocurrir que, en un descuido, se le suba algo sin que el interesado se percate de ello.. Y si por casualidad o mala suerte se juntan los dos, resulta entonces que algo no tiene pies ni cabeza, es decir, que no tiene sentido, como tantas cosas que vemos y oímos y hacemos cada día
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