Durante buena parte del siglo XX, llegar a la Luna fue una cuestión de velocidad. Estados Unidos y la Unión Soviética competían en una carrera tecnológica donde lo importante era quién llegaba primero. El 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong descendió del módulo Eagle y apoyó el pie sobre el regolito lunar, la meta parecía cumplida. Habían ganado. Y entonces ocurrió algo extraño.. Después de seis misiones tripuladas y doce astronautas caminando sobre la superficie lunar, la humanidad dejó de ir. La Luna pasó de obsesión global a reliquia histórica. Durante más de cincuenta años, las huellas del programa Apollo permanecieron intactas bajo un cielo sin viento. Pero ahora la NASA quiere volver. Y esta vez no pretende plantar una bandera y marcharse. Quiere construir una base.. La agencia espacial estadounidense acaba de presentar nuevos detalles de su programa “Moon Base”, un ambicioso proyecto que busca establecer una presencia humana permanente cerca del polo sur lunar. La diferencia respecto al programa Apollo es radical: aquellas misiones duraban apenas unos días; la nueva estrategia pretende crear infraestructura estable, vehículos permanentes, sistemas energéticos y redes logísticas capaces de sostener astronautas durante largos periodos. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, resumió el cambio de filosofía con una frase sencilla: “El objetivo es quedarse”.. La elección del polo sur lunar no es casual. Durante años, las imágenes enviadas por sondas orbitales revelaron algo inesperado en los cráteres permanentemente oscuros de esa región: hielo de agua. Y en el espacio, el agua vale casi tanto como el combustible. Puede beberse, utilizarse para producir oxígeno e incluso dividirse en hidrógeno y oxígeno para fabricar propelente para cohetes. En otras palabras: el polo sur podría convertirse en una “gasolinera espacial”.. Pero levantar una base lunar implica resolver problemas enormes. La Luna no tiene atmósfera protectora. Las temperaturas pueden oscilar desde más de 120 grados bajo cero hasta superar los 100 positivos. La radiación cósmica golpea directamente la superficie. El polvo lunar, además, es extraordinariamente abrasivo: durante las misiones Apollo se introducía en trajes, instrumentos y pulmones.. Por eso la NASA está diseñando algo que se parece menos a un campamento y más a una pequeña ciudad robótica. De acuerdo con el comunicado, el programa consta de tres etapas, Moon Base I, II y III y comenzará a construirse este año y contará con la colaboración de la Agencia Espacial Europea y su contraparte coreana.. Entre 2026 y 2029 llegarán misiones automáticas destinadas a probar tecnologías, transportar carga y cartografiar el terreno. Según la agencia, esta primera etapa incluirá más de veinte aterrizajes robóticos y decenas de toneladas de equipamiento.. Uno de los elementos más llamativos serán los nuevos vehículos lunares. La NASA ya ha adjudicado contratos para desarrollar rovers capaces de desplazarse autónomamente por la superficie incluso antes de la llegada de astronautas. Algunos funcionarán como vehículos presurizados; otros actuarán como plataformas de carga o exploración científica.. Aunque la Luna prácticamente no tiene atmósfera y un dron convencional no podría volar allí, la agencia planea utilizar pequeños vehículos saltadores capaces de desplazarse mediante impulsos controlados. Estos sistemas explorarán cráteres, pendientes y regiones demasiado peligrosas para los astronautas. La NASA cree que ayudarán a delimitar la futura extensión de la base lunar, que podría ocupar cientos de kilómetros cuadrados.. “La base lunar será el primer puesto avanzado de Estados Unidos y de la humanidad en otro mundo celestial – señaló Isaacman -. Cada misión, tripulada o no tripulada, será una oportunidad de aprendizaje a medida que regresemos a la superficie lunar, construyamos la infraestructura necesaria para permanecer allí y dominemos las habilidades requeridas para vivir y operar en uno de los entornos más exigentes y peligrosos imaginables. Prevemos que la base lunar abarcará cientos de kilómetros cuadrados, con diferentes recursos que contribuirán al objetivo de establecer una presencia lunar permanente”. La agencia también estudia reactores nucleares compactos para suministrar energía durante las larguísimas noches lunares, que duran aproximadamente catorce días terrestres.. Pero detrás del discurso científico también existe una dimensión estratégica. La NASA sabe que Estados Unidos no es el único país mirando hacia la Luna. China desarrolla junto a Rusia su propio proyecto de estación lunar internacional, y varios gobiernos consideran ya el satélite como una futura plataforma científica, industrial y geopolítica. Por eso algunas declaraciones de la agencia tienen un tono con muchas interpretaciones posibles: “Estados Unidos no abandonará nunca más la Luna”, Jared Isaacman.
Comenzará a construirse este año y el objetivo es terminarla en 2030 según el máximo responsable de la agencia.
Durante buena parte del siglo XX, llegar a la Luna fue una cuestión de velocidad. Estados Unidos y la Unión Soviética competían en una carrera tecnológica donde lo importante era quién llegaba primero. El 20 de julio de 1969, cuando Neil Armstrong descendió del módulo Eagle y apoyó el pie sobre el regolito lunar, la meta parecía cumplida. Habían ganado. Y entonces ocurrió algo extraño.. Después de seis misiones tripuladas y doce astronautas caminando sobre la superficie lunar, la humanidad dejó de ir. La Luna pasó de obsesión global a reliquia histórica. Durante más de cincuenta años, las huellas del programa Apollo permanecieron intactas bajo un cielo sin viento. Pero ahora la NASA quiere volver. Y esta vez no pretende plantar una bandera y marcharse. Quiere construir una base.. La agencia espacial estadounidense acaba de presentar nuevos detalles de su programa “Moon Base”, un ambicioso proyecto que busca establecer una presencia humana permanente cerca del polo sur lunar. La diferencia respecto al programa Apollo es radical: aquellas misiones duraban apenas unos días; la nueva estrategia pretende crear infraestructura estable, vehículos permanentes, sistemas energéticos y redes logísticas capaces de sostener astronautas durante largos periodos. El administrador de la NASA, Jared Isaacman, resumió el cambio de filosofía con una frase sencilla: “El objetivo es quedarse”.. La elección del polo sur lunar no es casual. Durante años, las imágenes enviadas por sondas orbitales revelaron algo inesperado en los cráteres permanentemente oscuros de esa región: hielo de agua. Y en el espacio, el agua vale casi tanto como el combustible. Puede beberse, utilizarse para producir oxígeno e incluso dividirse en hidrógeno y oxígeno para fabricar propelente para cohetes. En otras palabras: el polo sur podría convertirse en una “gasolinera espacial”.. Pero levantar una base lunar implica resolver problemas enormes. La Luna no tiene atmósfera protectora. Las temperaturas pueden oscilar desde más de 120 grados bajo cero hasta superar los 100 positivos. La radiación cósmica golpea directamente la superficie. El polvo lunar, además, es extraordinariamente abrasivo: durante las misiones Apollo se introducía en trajes, instrumentos y pulmones.. Por eso la NASA está diseñando algo que se parece menos a un campamento y más a una pequeña ciudad robótica. De acuerdo con el comunicado, el programa consta de tres etapas, Moon Base I, II y III y comenzará a construirse este año y contará con la colaboración de la Agencia Espacial Europea y su contraparte coreana.. Entre 2026 y 2029 llegarán misiones automáticas destinadas a probar tecnologías, transportar carga y cartografiar el terreno. Según la agencia, esta primera etapa incluirá más de veinte aterrizajes robóticos y decenas de toneladas de equipamiento.. Uno de los elementos más llamativos serán los nuevos vehículos lunares. La NASA ya ha adjudicado contratos para desarrollar rovers capaces de desplazarse autónomamente por la superficie incluso antes de la llegada de astronautas. Algunos funcionarán como vehículos presurizados; otros actuarán como plataformas de carga o exploración científica.. Aunque la Luna prácticamente no tiene atmósfera y un dron convencional no podría volar allí, la agencia planea utilizar pequeños vehículos saltadores capaces de desplazarse mediante impulsos controlados. Estos sistemas explorarán cráteres, pendientes y regiones demasiado peligrosas para los astronautas. La NASA cree que ayudarán a delimitar la futura extensión de la base lunar, que podría ocupar cientos de kilómetros cuadrados.. “La base lunar será el primer puesto avanzado de Estados Unidos y de la humanidad en otro mundo celestial – señaló Isaacman -. Cada misión, tripulada o no tripulada, será una oportunidad de aprendizaje a medida que regresemos a la superficie lunar, construyamos la infraestructura necesaria para permanecer allí y dominemos las habilidades requeridas para vivir y operar en uno de los entornos más exigentes y peligrosos imaginables. Prevemos que la base lunar abarcará cientos de kilómetros cuadrados, con diferentes recursos que contribuirán al objetivo de establecer una presencia lunar permanente”. La agencia también estudia reactores nucleares compactos para suministrar energía durante las larguísimas noches lunares, que duran aproximadamente catorce días terrestres.. Pero detrás del discurso científico también existe una dimensión estratégica. La NASA sabe que Estados Unidos no es el único país mirando hacia la Luna. China desarrolla junto a Rusia su propio proyecto de estación lunar internacional, y varios gobiernos consideran ya el satélite como una futura plataforma científica, industrial y geopolítica. Por esoalgunas declaraciones de la agencia tienen un tono con muchas interpretaciones posibles: “Estados Unidos no abandonará nunca más la Luna”, Jared Isaacman.
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