El cerebro es plástico y gracias a ello aprendemos. Sin embargo, esa misma plasticidad que nos permite darle forma para codificar en él nuevos recuerdos, nos condena a olvidar aquellos datos o habilidades que no practiquemos con la suficiente frecuencia. Lo que no se usa, se pierde, y eso tiene sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo: imagina que mañana mismo te quedaras ciego. Tu corteza visual dejaría de recibir impulsos eléctricos y, en lugar de tener “parada” toda esa superficie cerebral, tus conexiones neuronales se reorganizarán de tal forma que puedas dotarla de una nueva función, expandiéndose así las regiones que dedicas a otros sentidos, agudizándolos. Pero, si cuando cierras los ojos otras regiones cerebrales empiezan a disputarse el “territorio” con la corteza visual… ¿Por qué no nos quedamos ciegos tras una larga siesta?. Eso plantea David Eagleman en su muy controvertida línea de investigación y sugiere que es la actividad visual de los sueños la que mantiene a raya la expansión de otras regiones cerebrales. Sin embargo, no razones de peso para aceptar sus especulaciones frente a las explicaciones más consensuadas sobre por qué soñamos. Ni nuestras siestas ni nuestras noches más largas duran lo suficiente como para poner en riesgo la arquitectura de nuestra corteza visual. No obstante… sabemos que, si tapamos el ojo de un niño durante varias semanas, su cerebro cambia, adaptando la forma en que procesa la información del otro ojo. Y aquí viene la duda: ¿cuánto tiempo es suficiente para que empiece a “redefinirse” la frontera entre estas estructuras? Conocer la respuesta puede ayudarnos a comprender mejor la plasticidad cerebral que entra en juego después de un ictus, por ejemplo, y si la clave puede estar en “sueños largos”, preguntarnos por un caso más extremo: el de los animales que hibernan.. Más manejable que un oso. Un oso puede hibernar durante más de 5 meses. Casi medio año durante el que pasa la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados. ¿Cómo es posible que, al despertar, tenga una visión funcional? La propuesta de Eagleman no funciona aquí, porque lo más probable es que durante la mayor parte de la hibernación no haya sueños. En este caso, investigadores del National Eye Institute han decidido analizar los cambios cerebrales que tienen lugar durante la hibernación, pero como es bastante complicado manejar una muestra de decenas de osos hibernantes, han decidido centrarse en otros animales hibernantes: concretamente ardillas de tierra de trece franjas.. El estudio consistió en dividir las ardillas en dos grupos de tal forma que solo uno de ellos hibernara. Durante la investigación, los expertos pudieron analizar cambios en dos tipos de neuronas en la corteza visual primaria de las ardillas. El grupo de ardillas hibernantes se comportó como lo habría hecho en la naturaleza: entraban en periodos de torpor (más profundo que cualquier sueño que hayas experimentado) de 10 o 15 días, entre los cuales, salían temporalmente del estado de letargo durante 12 o 24 horas donde podían presentarse breves periodos de vigilia. ¿Podría estar ahí la clave?. Plasticidad acelerada. Tras analizar los dos tipos de neuronas, los investigadores descubrieron que solo uno de los dos mostraba cambios durante los periodos de torpor. Ahora bien, esos cambios eran temporales y, a los seis meses, los dos tipos de neuronas eran indistinguibles entre los dos grupos de ardillas. Pero eso era relativamente esperable. La verdadera sorpresa vino del factor tiempo. Durante los periodos de vigilia entre torpor y torpor, los cambios que hubieran podido experimentar las neuronas se revertían en poco más de 90 minutos. Esto apunta a unos mecanismos de plasticidad neuronal realmente acelerados. Y, si eso se confirma, podría tener la clave para potenciar la recuperación del cerebro tras sufrir determinadas lesiones.. En palabras de Hendrikje Nienborg, investigadora principal del estudio: “Sabemos que estos cambios estructurales tienen implicaciones para la comunicación neural, el aprendizaje y la recuperación después de afecciones como el ictus. Ver que hay un mecanismo en el cerebro de estos animales hibernantes que [cambia tan rápidamente] es emocionante porque si pudiéramos descubrir cómo aprovechar este mecanismo, potencialmente podemos ayudar a que los cerebros adultos humanos sean más [adaptables] también, especialmente durante la recuperación después de un ictus. Sabemos mucho sobre cómo las áreas cerebrales apoyan el procesamiento visual, por lo que explorar los cambios funcionales en los cerebros visuales de las ardillas es un paso muy probable a continuación».. QUE NO TE LA CUELEN:. A pesar de lo que pueda parecer, la mayor parte de la hibernación no consiste en dormir. En los periodos de torpor, la actividad cerebral a niveles mínimos y el metabolismo se desploma. De hecho, buena parte del tiempo que pasan entre torpor y torpor no lo dedican a la vigilia, sino a dormir.. REFERENCIAS (MLA):. Nienborg, Hendrikje, et al. «Pronounced Neuroplasticity in the Primary Visual Cortex of the Thirteen-Lined Ground Squirrel During Hibernation.» JNeurosci, vol. 46, no. 21, 18 May 2026, doi:10.1523/JNEUROSCI.0077-26.2026.
Un nuevo estudio ha analizado el tiempo que tardan un cerebro en recuperarse de los cambios que tienen lugar durante la hibernación y es sorprendentemente breve
El cerebro es plástico y gracias a ello aprendemos. Sin embargo, esa misma plasticidad que nos permite darle forma para codificar en él nuevos recuerdos, nos condena a olvidar aquellos datos o habilidades que no practiquemos con la suficiente frecuencia. Lo que no se usa, se pierde, y eso tiene sus ventajas e inconvenientes. Por ejemplo: imagina que mañana mismo te quedaras ciego. Tu corteza visual dejaría de recibir impulsos eléctricos y, en lugar de tener “parada” toda esa superficie cerebral, tus conexiones neuronales se reorganizarán de tal forma que puedas dotarla de una nueva función, expandiéndose así las regiones que dedicas a otros sentidos, agudizándolos. Pero, si cuando cierras los ojos otras regiones cerebrales empiezan a disputarse el “territorio” con la corteza visual… ¿Por qué no nos quedamos ciegos tras una larga siesta?. Eso plantea David Eagleman en su muy controvertida línea de investigación y sugiere que es la actividad visual de los sueños la que mantiene a raya la expansión de otras regiones cerebrales. Sin embargo, no razones de peso para aceptar sus especulaciones frente a las explicaciones más consensuadas sobre por qué soñamos. Ni nuestras siestas ni nuestras noches más largas duran lo suficiente como para poner en riesgo la arquitectura de nuestra corteza visual. No obstante… sabemos que, si tapamos el ojo de un niño durante varias semanas, su cerebro cambia, adaptando la forma en que procesa la información del otro ojo. Y aquí viene la duda: ¿cuánto tiempo es suficiente para que empiece a “redefinirse” la frontera entre estas estructuras? Conocer la respuesta puede ayudarnos a comprender mejor la plasticidad cerebral que entra en juego después de un ictus, por ejemplo, y si la clave puede estar en “sueños largos”, preguntarnos por un caso más extremo: el de los animales que hibernan.. Un oso puede hibernar durante más de 5 meses. Casi medio año durante el que pasa la mayor parte del tiempo con los ojos cerrados. ¿Cómo es posible que, al despertar, tenga una visión funcional? La propuesta de Eagleman no funciona aquí, porque lo más probable es que durante la mayor parte de la hibernación no haya sueños. En este caso, investigadores del National Eye Institute han decidido analizar los cambios cerebrales que tienen lugar durante la hibernación, pero como es bastante complicado manejar una muestra de decenas de osos hibernantes, han decidido centrarse en otros animales hibernantes: concretamente ardillas de tierra de trece franjas.. El estudio consistió en dividir las ardillas en dos grupos de tal forma que solo uno de ellos hibernara. Durante la investigación, los expertos pudieron analizar cambios en dos tipos de neuronas en la corteza visual primaria de las ardillas. El grupo de ardillas hibernantes se comportó como lo habría hecho en la naturaleza: entraban en periodos de torpor (más profundo que cualquier sueño que hayas experimentado) de 10 o 15 días, entre los cuales, salían temporalmente del estado de letargo durante 12 o 24 horas donde podían presentarse breves periodos de vigilia. ¿Podría estar ahí la clave?. Tras analizar los dos tipos de neuronas, los investigadores descubrieron que solo uno de los dos mostraba cambios durante los periodos de torpor. Ahora bien, esos cambios eran temporales y, a los seis meses, los dos tipos de neuronas eran indistinguibles entre los dos grupos de ardillas. Pero eso era relativamente esperable. La verdadera sorpresa vino del factor tiempo. Durante los periodos de vigilia entre torpor y torpor, los cambios que hubieran podido experimentar las neuronas se revertían en poco más de 90 minutos. Esto apunta a unos mecanismos de plasticidad neuronal realmente acelerados. Y, si eso se confirma, podría tener la clave para potenciar la recuperación del cerebro tras sufrir determinadas lesiones.. En palabras de Hendrikje Nienborg, investigadora principal del estudio: “Sabemos que estos cambios estructurales tienen implicaciones para la comunicación neural, el aprendizaje y la recuperación después de afecciones como el ictus. Ver que hay un mecanismo en el cerebro de estos animales hibernantes que [cambia tan rápidamente] es emocionante porque si pudiéramos descubrir cómo aprovechar este mecanismo, potencialmente podemos ayudar a que los cerebros adultos humanos sean más [adaptables] también, especialmente durante la recuperación después de un ictus. Sabemos mucho sobre cómo las áreas cerebrales apoyan el procesamiento visual, por lo que explorar los cambios funcionales en los cerebros visuales de las ardillas es un paso muy probable a continuación».. QUE NO TE LA CUELEN:. A pesar de lo que pueda parecer, la mayor parte de la hibernación no consiste en dormir. En los periodos de torpor, la actividad cerebral a niveles mínimos y el metabolismo se desploma. De hecho, buena parte del tiempo que pasan entre torpor y torpor no lo dedican a la vigilia, sino a dormir.. REFERENCIAS (MLA):. Nienborg, Hendrikje, et al. «Pronounced Neuroplasticity in the Primary Visual Cortex of the Thirteen-Lined Ground Squirrel During Hibernation.» JNeurosci, vol. 46, no. 21, 18 May 2026, doi:10.1523/JNEUROSCI.0077-26.2026.
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