La honestidad y la autenticidad, deberían ser los pilares del poder. Por eso hay en la política figuras decisivas y pasajeras. Pero eso solamente sucede cuando el sentido de servir y ser útil, la compasión y la capacidad, coinciden en la identidad del político, de cualquier político.. «Existe una fuerza poderosa que condiciona cualquier rumbo en política: el peso de la realidad». La frase pertenece a Imelda Rodríguez Escanciano, autora de ‘Imagen política. Modelo y método». Un libro del que Luis Bassat ha dicho que «tiene una profundidad envidiable y algo que te hace ir diciendo que si con la cabeza conforme lo vas leyendo».. Imelda Rodríguez es adicta, en toda su obra, a la palabra compasión, término que, para muchos, tiene connotaciones religiosas, o por lo menos éticas; pero, después de leer a esta escritora de inteligencia serena, uno llega a la conclusión de que la compasión es imprescindible en la vida de un político.. Porque no se trata sólo de un sentimiento de proximidad al sufrimiento ajeno; la compasión es ponerse en la piel del otro. Y, digámoslo sin miedo, escasean los políticos indulgentes. Dice también la autora de este libro «de envidiable profundidad», según Bassat, reconocido mundialmente como experto en comunicación, que «Existe una fuerza poderosa que machaca el rumbo del político: el peso de la realidad».. Y así es, ciertamente, la realidad es muy tozuda y, aunque demasiados la ignoren, termina imponiéndose. Porque importa lo que importa: transformar el orden social. Mejorarlo para todo el mundo, para los que te hayan votado y para los que no. Sólo de esta manera se puede conseguir esa imagen tan necesaria, como poco común, de no ser admirado por unos y odiado por otros.. Los auténticos líderes son los que no despiertan rechazos a un lado ni a otro; los que viven el liderazgo auténtico, que no es otro que defender el bienestar de todos. No hay más. La pregunta ahora es esta: ¿qué es lo que más necesita la política actual de España? Muy sencillo: honestidad y autenticidad; y cuanto mayores sean, mayor será la complacencia de los ciudadanos.. Por el contrario, la impostura acaba con todo. Decía Ortega que «la belleza atrae, la inteligencia encanta y la bondad retiene». En una sociedad como la nuestra, que tiende a la mentira y a la precipitación, la bondad se hace imprescindible. Imelda Rodríguez dedica su libro a eso, precisamente: a defender hasta qué punto no hay liderazgo sino se da esa actitud.. Llevo años diciendo y escribiendo que, la legitimidad de los políticos, se mide por su capacidad de transformación social, a través de la práctica permanente de valores como la valentía, la prudencia, la justicia, el amor, la fe y la esperanza. Si: el amor, la fe y la esperanza. Los verdaderos líderes son aquellos que están de parte de la solución y no del problema y son capaces, además, de hacer sentir a los ciudadanos que tienen un papel activo -y no pasivo-en la toma de decisiones.
«Existe una fuerza poderosa que condiciona cualquier rumbo en política: el peso de la realidad»
La honestidad y la autenticidad, deberían ser los pilares del poder. Por eso hay en la política figuras decisivas y pasajeras. Pero eso solamente sucede cuando el sentido de servir y ser útil, la compasión y la capacidad, coinciden en la identidad del político, de cualquier político.. «Existe una fuerza poderosa que condiciona cualquier rumbo en política: el peso de la realidad». La frase pertenece a Imelda Rodríguez Escanciano, autora de ‘Imagen política. Modelo y método». Un libro del que Luis Bassat ha dicho que «tiene una profundidad envidiable y algo que te hace ir diciendo que si con la cabeza conforme lo vas leyendo».. Imelda Rodríguez es adicta, en toda su obra, a la palabra compasión, término que, para muchos, tiene connotaciones religiosas, o por lo menos éticas; pero, después de leer a esta escritora de inteligencia serena, uno llega a la conclusión de que la compasión es imprescindible en la vida de un político.. Porque no se trata sólo de un sentimiento de proximidad al sufrimiento ajeno; la compasión es ponerse en la piel del otro. Y, digámoslo sin miedo, escasean los políticos indulgentes. Dice también la autora de este libro «de envidiable profundidad», según Bassat, reconocido mundialmente como experto en comunicación, que «Existe una fuerza poderosa que machaca el rumbo del político: el peso de la realidad».. Y así es, ciertamente, la realidad es muy tozuda y, aunque demasiados la ignoren, termina imponiéndose. Porque importa lo que importa: transformar el orden social. Mejorarlo para todo el mundo, para los que te hayan votado y para los que no. Sólo de esta manera se puede conseguir esa imagen tan necesaria, como poco común, de no ser admirado por unos y odiado por otros.. Los auténticos líderes son los que no despiertan rechazos a un lado ni a otro; los que viven el liderazgo auténtico, que no es otro que defender el bienestar de todos. No hay más. La pregunta ahora es esta: ¿qué es lo que más necesita la política actual de España? Muy sencillo: honestidad y autenticidad; y cuanto mayores sean, mayor será la complacencia de los ciudadanos.. Por el contrario, la impostura acaba con todo. Decía Ortega que «la belleza atrae, la inteligencia encanta y la bondad retiene». En una sociedad como la nuestra, que tiende a la mentira y a la precipitación, la bondad se hace imprescindible. Imelda Rodríguez dedica su libro a eso, precisamente: a defender hasta qué punto no hay liderazgo sino se da esa actitud.. Llevo años diciendo y escribiendo que, la legitimidad de los políticos, se mide por su capacidad de transformación social, a través de la práctica permanente de valores como la valentía, la prudencia, la justicia, el amor, la fe y la esperanza. Si: el amor, la fe y la esperanza. Los verdaderos líderes son aquellos que están de parte de la solución y no del problema y son capaces, además, de hacer sentir a los ciudadanos que tienen un papel activo -y no pasivo-en la toma de decisiones.
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