Casi al inicio de la hipnótica “El amigo silencioso”, el profesor Wong (Tony Leung) nos explica que los bebés tienen lo que denomina una “conciencia de linterna”, que barre la realidad como un haz de luz sobre la oscuridad, poniendo en relación, con la curiosidad como guía, elementos dispares del mundo que lo rodea. Es una manera neuropoética de definir la sensibilidad a la comunicación interespecies tan cara a los ensayos posthumanos de Donna Haraway, y que Ildikó Enyedi ha abordado con un espíritu ambiciosamente transhistórico.. No era nada fácil asumir la centralidad de un árbol, un imponente gingko biloba en los jardines de una universidad alemana, como testigo sintiente del paso del tiempo y su efecto en sus vínculos con el ecosistema, y a la vez apostar por una estructura rizomática, que uniera los nodos de sentido de tres épocas (1908, 1972 y 2020) a través del interés que científicos de ayer y hoy muestran por el giro afectivo de las plantas. Enyedi sabe evitar las trampas de las rimas temporales, y nunca se somete a la dictadura de la progresión dramática, aunque da la impresión de que sus personajes aprenden algo del mundo y de sí mismos cuando escuchan al reino vegetal, y se toman su tiempo en responderle.. Como esas Mimosas Púdicas que repliegan sus hojas cuando se las toca, en defensa propia, la película se retrae porque luego quiere expandirse en una experiencia sensible, generosa, en la que los primeros planos de capullos abriéndose y de tallos lacrimosos se combinan con las imágenes psicodélicas que representan una presunta respiración botánica. Sabemos que el ecocine intenta desplazar la mirada del hombre para darle agencia a la naturaleza, pero “El amigo silencioso” prefiere oscilar entre uno y otro, como para narrarse desde un intervalo, desde un espacio intermedio que simboliza el lugar colaborativo donde una planta puede convertirse en imagen pero también puede tomar decisiones. Puede ser cine y directora de cine.. Lo mejor:. Su complejidad estructural y su sensibilidad visual al trabajar la fusión afectiva entre sujetos humanos y plantas.. Lo peor:. Acaso la desaparición de algún personaje (el viejo fotógrafo) que resulta en exceso instrumental.
Director: Ildikó Enyedi. Guion: Craig Mazin basado en la novela de Leonie Swann. Intérpretes: Tony Leung Chiu-Wai, Luna Wedler, Léa Seydoux, Enzo Brumm. Hungría, 2025. Duración: 145 minutos. Drama.
Casi al inicio de la hipnótica “El amigo silencioso”, el profesor Wong (Tony Leung) nos explica que los bebés tienen lo que denomina una “conciencia de linterna”, que barre la realidad como un haz de luz sobre la oscuridad, poniendo en relación, con la curiosidad como guía, elementos dispares del mundo que lo rodea. Es una manera neuropoética de definir la sensibilidad a la comunicación interespecies tan cara a los ensayos posthumanos de Donna Haraway, y que Ildikó Enyedi ha abordado con un espíritu ambiciosamente transhistórico.. No era nada fácil asumir la centralidad de un árbol, un imponente gingko biloba en los jardines de una universidad alemana, como testigo sintiente del paso del tiempo y su efecto en sus vínculos con el ecosistema, y a la vez apostar por una estructura rizomática, que uniera los nodos de sentido de tres épocas (1908, 1972 y 2020) a través del interés que científicos de ayer y hoy muestran por el giro afectivo de las plantas. Enyedi sabe evitar las trampas de las rimas temporales, y nunca se somete a la dictadura de la progresión dramática, aunque da la impresión de que sus personajes aprenden algo del mundo y de sí mismos cuando escuchan al reino vegetal, y se toman su tiempo en responderle.. Como esas Mimosas Púdicas que repliegan sus hojas cuando se las toca, en defensa propia, la película se retrae porque luego quiere expandirse en una experiencia sensible, generosa, en la que los primeros planos de capullos abriéndose y de tallos lacrimosos se combinan con las imágenes psicodélicas que representan una presunta respiración botánica. Sabemos que el ecocine intenta desplazar la mirada del hombre para darle agencia a la naturaleza, pero “El amigo silencioso” prefiere oscilar entre uno y otro, como para narrarse desde un intervalo, desde un espacio intermedio que simboliza el lugar colaborativo donde una planta puede convertirse en imagen pero también puede tomar decisiones. Puede ser cine y directora de cine.. Lo mejor:. Su complejidad estructural y su sensibilidad visual al trabajar la fusión afectiva entre sujetos humanos y plantas.. Lo peor:. Acaso la desaparición de algún personaje (el viejo fotógrafo) que resulta en exceso instrumental.
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