La “obra francesa” de Juan Rojo ve la luz hasta el próximo 30 de mayo en la Galerie 21 de Toulouse, que exhibe el trabajo de estudio realizado por el artista vallisoletano durante los últimos tres años, desde que cerró su etapa estadounidense (donde se estableció durante dos décadas) para afincarse en el país vecino. ‘La mise en abyme’ reúne 22 lienzos sobre tabla de diferentes formatos y catorce tondos, creados sobre pequeños tocones de árbol de desecho. En todas las piezas plantea “falsos autorretratos” con los que intenta “atrapar el tiempo y la vida antes de que se evaporen”, a partir de imágenes de sus seres más cercanos, que no dejan de representar su propio reflejo.. Tras jugar con el concepto de las bolas de nieve en su anterior individual (‘Vanitas’, en la Jay Etkin Gallery de Memphis, en 2022), como una forma simbólica de capturar el tiempo compartido, ahora insiste, desde una nueva perspectiva, en su propósito de “pintar un tiempo que nunca se va a repetir”, al plasmar las poses de familiares o amigos a quienes previamente ha fotografiado. “Ahí están mis relaciones, la gente que conozco, a través de la cual aparece el autor dentro del propio cuadro”, señala sobre una muestra que considera “un poco nostálgica”. “Me debo estar haciendo mayor”, bromea, “porque el tema de la muerte está muy presente en toda mi obra últimamente. No está directamente, pero está ahí”, asegura antes de apuntar que dos de las obras escogidas reflejan la misma pose de su modelo, con apenas cinco segundos de diferencia entre sí, en los cuales “la luz cambia ligeramente”.. Según confiesa en declaraciones a Ical, es en esa fase previa del proceso cuando más disfruta: “La sesión de fotos es el momento más excitante para mí, porque es ahí cuando todo es posible. Me gusta más encontrar y descubrir cosas que imponerlas; mi idea de la creación no es rígida, sino maleable”, señala sobre un método que tiene “mucho de performance” en su puesta en escena, y que, salvando las distancias, remite en cierto modo a la obra de artista estadounidense Cindy Sherman.. En las obras de Rojo, impregnadas de una atmósfera inequívocamente onírica, son dos las miradas femeninas que acaparan prácticamente todo el protagonismo: su hija, adolescente, y una amiga holandesa que conoció mientras ambos estudiaban el idioma en la Alianza Francesa, a la que no sabe si volverá a ver en el futuro. “No sé si es por las sucesivas mudanzas que he tenido en mi vida, pero la verdad es que ya solo pinto a gente que me importa realmente”, reflexiona.. La búsqueda formal. En sus retratos, las protagonistas aparecen en diálogo (a veces en comunión y otras en tensión) con diferentes elementos que irrumpen al modo de contrapunto, como un peluche de Desdentao (el protagonista de la saga animada ‘Cómo entrenar a tu dragón’), la Campanilla compañera de aventuras de Peter Pan o alguno de los pájaros que rodeaban la cabeza de Roger Rabbit cada vez que este recibía un golpe en el clásico de Robert Zemeckis. Esa decisión obedece, según explica, a dos motivos, por un lado, desgrana, se trata de “ilusiones” que remiten directamente a su infancia, una apuesta “muy emocional” que el artista vincula con su forma de entender el oficio. “Es así como yo he aprendido a pintar, de una forma muy emocional, donde de repente irrumpe algo completamente irracional que rompe con la lectura de la obra”, explica.. El otro gran motivo que le empuja a proponer ese juego al espectador tiene más que ver con la propuesta formal, ya que confiesa sentirse incómodo siempre que las obras no encierran “una pequeña lucha” o “algo intrigante formalmente”. “Sin ello, no dejaría de ser una repetición de modos de pintar del pasado, por eso siempre me atrae jugar con elementos visuales más contemporáneos, ya sean dibujos o gestos que no pertenecen a ese cuadro”, relata.. “Me gusta pensar que tengo como dos artistas dentro que luchan por el control. El realismo y el expresionismo siempre están en pugna, tratando de establecer un diálogo interno. A veces estoy pintando un cuadro donde todo está en su sitio, perfecto, y necesito darle un guantazo, coger un spray y vandalizarlo, como si lo estuviera haciendo a otro artista”, aclara. Todo ello, además del convencimiento de que “los recuerdos son borrosos, no son perfectos”: “No quiero que los cuadros sean fotos, sino la plasmación de un recuerdo, y los recuerdos muchas veces se transforman en nuestra cabeza. Por eso no quiero que las obras sean demasiado limpias, porque lo que quiero evocar no es así en realidad”.. Es por ello que en un lienzo que puede plasmar una descripción pictórica barroca o clásica, el personaje está sujetando un peluche de un dragón, o que en una obra que parece una pintura holandesa, al estilo de Vermeer, la mujer tenga sobre la cabeza algo tan español como una pajarita de papel, en un nuevo guiño a la infancia del artista.. Esos contrastes, como los choques que se producen en sus lienzos entre los tonos sombríos como el negro y “bofetadas de color”, son parte de la misma propuesta, que propone “diálogos entre la tradición y el graffiti”, técnicas que el vallisoletano afronta “con el mismo cuidado” en la composición y aplicación, y que le permiten “añadir un elemento más a la paleta”, para incluir elementos nuevos y que cada cuadro sea diferente del anterior.. “Si revisas lo que llevo pintando en los últimos veinte años se aprecia una línea común, pero no puedo hacer dos exposiciones iguales; antes me daría un tiro. Necesito experimentar una búsqueda formal más allá y descubrí que incorporar elementos ajenos a la pintura más tradicional me ayudaba a ir hacia adelante”, resume.. Respecto a los pequeños tondos que completan la muestra, en ellos condensa detalles o fragmentos de retratos en la misma propuesta estética de sus lienzos. Es una línea de trabajo que emprendió hace cosa de ocho meses, cuando un amigo que compra leña al por mayor para calentar su casa le entregó los restos inservibles que le quedaban. Rojo se confiesa enamorado de las posibilidades que ha encontrado en este nuevo formato, donde tras lijar cuidadosamente cada pieza, le elimina la corteza antes de darle varias imprimaciones e impregna sus bordes con pan de oro al modo de un marco. “Es madera natural, que imagino no será tan diferente del material sobre el que trabajaron muchos artistas renacentistas. Me encanta, es como tocar la pachamama; es un material extraordinariamente sensible, muy receptivo al acrílico, y el resultado es precioso, muy kistch. Son como pequeñas joyas”, resume con entusiasmo.. Más de una década después de sus últimas exposiciones en su Valladolid natal (la última fue ‘Baroque’, en Vinyl & Wine en 2015, y un año antes protagonizó ‘7-38-55’ en el Lava, donde reunía sus trabajos de videoarte hasta la fecha), Juan Rojo (cuyo trabajo está representado en España por la Juarranz Art Gallery, de Aranda de Duero, Burgos) confiesa que le gustaría volver a exponer su obra en la ciudad. El 30 de mayo, día del cierre de ‘La mise en Abyme’ en Toulouse, protagonizará un ‘Café ou T’ en la galería, un encuentro informal donde el público asistente podrá compartir con él sus inquietudes y dudas respecto a las piezas exhibidas.
La Galerie 21 de Toulouse acoge hasta el 30 de mayo su trabajo de los últimos tres años, una combinación de lienzos y tondos donde refleja su “lucha interna” entre realismo y expresionismo
La “obra francesa” de Juan Rojo ve la luz hasta el próximo 30 de mayo en la Galerie 21 de Toulouse, que exhibe el trabajo de estudio realizado por el artista vallisoletano durante los últimos tres años, desde que cerró su etapa estadounidense (donde se estableció durante dos décadas) para afincarse en el país vecino. ‘La mise en abyme’ reúne 22 lienzos sobre tabla de diferentes formatos y catorce tondos, creados sobre pequeños tocones de árbol de desecho. En todas las piezas plantea “falsos autorretratos” con los que intenta “atrapar el tiempo y la vida antes de que se evaporen”, a partir de imágenes de sus seres más cercanos, que no dejan de representar su propio reflejo.. Tras jugar con el concepto de las bolas de nieve en su anterior individual (‘Vanitas’, en la Jay Etkin Gallery de Memphis, en 2022), como una forma simbólica de capturar el tiempo compartido, ahora insiste, desde una nueva perspectiva, en su propósito de “pintar un tiempo que nunca se va a repetir”, al plasmar las poses de familiares o amigos a quienes previamente ha fotografiado. “Ahí están mis relaciones, la gente que conozco, a través de la cual aparece el autor dentro del propio cuadro”, señala sobre una muestra que considera “un poco nostálgica”. “Me debo estar haciendo mayor”, bromea, “porque el tema de la muerte está muy presente en toda mi obra últimamente. No está directamente, pero está ahí”, asegura antes de apuntar que dos de las obras escogidas reflejan la misma pose de su modelo, con apenas cinco segundos de diferencia entre sí, en los cuales “la luz cambia ligeramente”.. Según confiesa en declaraciones a Ical, es en esa fase previa del proceso cuando más disfruta: “La sesión de fotos es el momento más excitante para mí, porque es ahí cuando todo es posible. Me gusta más encontrar y descubrir cosas que imponerlas; mi idea de la creación no es rígida, sino maleable”, señala sobre un método que tiene “mucho de performance” en su puesta en escena, y que, salvando las distancias, remite en cierto modo a la obra de artista estadounidense Cindy Sherman.. En las obras de Rojo, impregnadas de una atmósfera inequívocamente onírica, son dos las miradas femeninas que acaparan prácticamente todo el protagonismo: su hija, adolescente, y una amiga holandesa que conoció mientras ambos estudiaban el idioma en la Alianza Francesa, a la que no sabe si volverá a ver en el futuro. “No sé si es por las sucesivas mudanzas que he tenido en mi vida, pero la verdad es que ya solo pinto a gente que me importa realmente”, reflexiona.. La búsqueda formal. En sus retratos, las protagonistas aparecen en diálogo (a veces en comunión y otras en tensión) con diferentes elementos que irrumpen al modo de contrapunto, como un peluche de Desdentao (el protagonista de la saga animada ‘Cómo entrenar a tu dragón’), la Campanilla compañera de aventuras de Peter Pan o alguno de los pájaros que rodeaban la cabeza de Roger Rabbit cada vez que este recibía un golpe en el clásico de Robert Zemeckis. Esa decisión obedece, según explica, a dos motivos, por un lado, desgrana, se trata de “ilusiones” que remiten directamente a su infancia, una apuesta “muy emocional” que el artista vincula con su forma de entender el oficio. “Es así como yo he aprendido a pintar, de una forma muy emocional, donde de repente irrumpe algo completamente irracional que rompe con la lectura de la obra”, explica.. El otro gran motivo que le empuja a proponer ese juego al espectador tiene más que ver con la propuesta formal, ya que confiesa sentirse incómodo siempre que las obras no encierran “una pequeña lucha” o “algo intrigante formalmente”. “Sin ello, no dejaría de ser una repetición de modos de pintar del pasado, por eso siempre me atrae jugar con elementos visuales más contemporáneos, ya sean dibujos o gestos que no pertenecen a ese cuadro”, relata.. “Me gusta pensar que tengo como dos artistas dentro que luchan por el control. El realismo y el expresionismo siempre están en pugna, tratando de establecer un diálogo interno. A veces estoy pintando un cuadro donde todo está en su sitio, perfecto, y necesito darle un guantazo, coger un spray y vandalizarlo, como si lo estuviera haciendo a otro artista”, aclara. Todo ello, además del convencimiento de que “los recuerdos son borrosos, no son perfectos”: “No quiero que los cuadros sean fotos, sino la plasmación de un recuerdo, y los recuerdos muchas veces se transforman en nuestra cabeza. Por eso no quiero que las obras sean demasiado limpias, porque lo que quiero evocar no es así en realidad”.. Es por ello que en un lienzo que puede plasmar una descripción pictórica barroca o clásica, el personaje está sujetando un peluche de un dragón, o que en una obra que parece una pintura holandesa, al estilo de Vermeer, la mujer tenga sobre la cabeza algo tan español como una pajarita de papel, en un nuevo guiño a la infancia del artista.. Esos contrastes, como los choques que se producen en sus lienzos entre los tonos sombríos como el negro y “bofetadas de color”, son parte de la misma propuesta, que propone “diálogos entre la tradición y el graffiti”, técnicas que el vallisoletano afronta “con el mismo cuidado” en la composición y aplicación, y que le permiten “añadir un elemento más a la paleta”, para incluir elementos nuevos y que cada cuadro sea diferente del anterior.. “Si revisas lo que llevo pintando en los últimos veinte años se aprecia una línea común, pero no puedo hacer dos exposiciones iguales; antes me daría un tiro. Necesito experimentar una búsqueda formal más allá y descubrí que incorporar elementos ajenos a la pintura más tradicional me ayudaba a ir hacia adelante”, resume.. Respecto a los pequeños tondos que completan la muestra, en ellos condensa detalles o fragmentos de retratos en la misma propuesta estética de sus lienzos. Es una línea de trabajo que emprendió hace cosa de ocho meses, cuando un amigo que compra leña al por mayor para calentar su casa le entregó los restos inservibles que le quedaban. Rojo se confiesa enamorado de las posibilidades que ha encontrado en este nuevo formato, donde tras lijar cuidadosamente cada pieza, le elimina la corteza antes de darle varias imprimaciones e impregna sus bordes con pan de oro al modo de un marco. “Es madera natural, que imagino no será tan diferente del material sobre el que trabajaron muchos artistas renacentistas. Me encanta, es como tocar la pachamama; es un material extraordinariamente sensible, muy receptivo al acrílico, y el resultado es precioso, muy kistch. Son como pequeñas joyas”, resume con entusiasmo.. Más de una década después de sus últimas exposiciones en su Valladolid natal (la última fue ‘Baroque’, en Vinyl & Wine en 2015, y un año antes protagonizó ‘7-38-55’ en el Lava, donde reunía sus trabajos de videoarte hasta la fecha), Juan Rojo (cuyo trabajo está representado en España por la Juarranz Art Gallery, de Aranda de Duero, Burgos) confiesa que le gustaría volver a exponer su obra en la ciudad. El 30 de mayo, día del cierre de ‘La mise en Abyme’ en Toulouse, protagonizará un ‘Café ou T’ en la galería, un encuentro informal donde el público asistente podrá compartir con él sus inquietudes y dudas respecto a las piezas exhibidas.
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