En tiempos de guerra, en todos los tiempos de guerra, hasta un pequeño trozo de pan blanco con mantequilla y miel puede parecer un deseo inalcanzable, extravagante, como perteneciente a un mundo que ya se extinguió y a un pasado que alguien ha hecho reventar por los aires. Isla alemana de Amrum, situada en el mar del Norte; primavera de 1945, últimos días de la Segunda Guerra Mundial: Nanning, un niño de 12 años, intenta alimentar a su familia como puede, cazando conejos, focas, pescando de noche junto a un hombre que intenta abrirle los ojos sobre el nazismo. Incluso rogándole a un familiar que le dé un poco de azúcar. Pero, sobre todo,él quiere que su madre, ferviente defensora de Hitler que acaba de parir a otro bebé mientras el marido está aún en el frente y no quiere comer nada porque se le ha cerrado el estómago ante el desplome del nazismo, se lleve a la boca ese trozo dulzón de hogaza. Nanning también trabaja duro, igual que un adulto, en los campos de la cercana granja Bendixen (que lidera una mujer de fuerte temperamento encarnada por Diane Kruger) mientras llegan al pueblo varios menores polacos, los refugiados, los que nadie quiere cerca. Y hay el mismo desprecio hacia ellos entonces al que provocan en demasiadas ocasiones los migrantes actualmente.. Hermann, amigo del protagonista, le pide un libro, «Moby Dick», y habla de un abuelo que odia al Führer. Sorprende que sea Fatih Akin (director, asimismo, de filmes como «Contra la pared», «Al otro lado», «Goodbye, Berlín»… un cine por lo general enfadado, nervioso, sobre identidades híbridas y choques culturales) el realizador de esta película tan sobria, tan serenamente dolorosa, tan dura, tan emotiva aunque jamás pise terrenos en exceso almibarados, y, asimismo, que se conmueva de esa forma ante ese crío que solo quiere llorar en el regazo de alguien que lo ame y que padeció, al cabo, un camino hacia la madurez salpicado de espinas. Sí, la guerra ha terminado, ahora solamente falta recomponer los despojos.. Lo mejor: Se trata de un drama duro, sereno y conmovedor, sin demasiadas estridencias. Lo peor: Las contadas apariciones de Diane Kruger y que habrá quien prefiera al Akin más salvaje
Director: Fatih Akin. Guion: Fatih Akin, Hark Bohm. Intérpretes: Jasper Billerbeck, Diane Kruger, Laura Tonke, Detlev Buck, Lisa Hagmeister. Alemania, 2025. Duración: 93 minutos. Drama.
En tiempos de guerra, en todos los tiempos de guerra, hasta un pequeño trozo de pan blanco con mantequilla y miel puede parecer un deseo inalcanzable, extravagante, como perteneciente a un mundo que ya se extinguió y a un pasado que alguien ha hecho reventar por los aires. Isla alemana de Amrum, situada en el mar del Norte; primavera de 1945, últimos días de la Segunda Guerra Mundial: Nanning, un niño de 12 años, intenta alimentar a su familia como puede, cazando conejos, focas, pescando de noche junto a un hombre que intenta abrirle los ojos sobre el nazismo. Incluso rogándole a un familiar que le dé un poco de azúcar. Pero, sobre todo,él quiere que su madre, ferviente defensora de Hitler que acaba de parir a otro bebé mientras el marido está aún en el frente y no quiere comer nada porque se le ha cerrado el estómago ante el desplome del nazismo, se lleve a la boca ese trozo dulzón de hogaza. Nanning también trabaja duro, igual que un adulto, en los campos de la cercana granja Bendixen (que lidera una mujer de fuerte temperamento encarnada por Diane Kruger) mientras llegan al pueblo varios menores polacos, los refugiados, los que nadie quiere cerca. Y hay el mismo desprecio hacia ellos entonces al que provocan en demasiadas ocasiones los migrantes actualmente.. Hermann, amigo del protagonista, le pide un libro, «Moby Dick», y habla de un abuelo que odia al Führer. Sorprende que sea Fatih Akin (director, asimismo, de filmes como «Contra la pared», «Al otro lado», «Goodbye, Berlín»… un cine por lo general enfadado, nervioso, sobre identidades híbridas y choques culturales) el realizador de esta película tan sobria, tan serenamente dolorosa, tan dura, tan emotiva aunque jamás pise terrenos en exceso almibarados, y, asimismo, que se conmueva de esa forma ante ese crío que solo quiere llorar en el regazo de alguien que lo ame y que padeció, al cabo, un camino hacia la madurez salpicado de espinas. Sí, la guerra ha terminado, ahora solamente falta recomponer los despojos.. Lo mejor: Se trata de un drama duro, sereno y conmovedor, sin demasiadas estridencias. Lo peor: Las contadas apariciones de Diane Kruger y que habrá quien prefiera al Akin más salvaje
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