El Papa católico y la «papisa» anglicana, juntos en el Vaticano. León XIV recibió este lunes en audiencia a Sarah Mullally, la primera mujer en la historia que ha sido elegida arzobispo de Canterbury en cinco siglos de historia. Este encuentro la legitima como interlocutora directa del Papa al ser de facto la líder pastoral de la Iglesia anglicana, que tiene como cabeza institucional al rey Carlos de Inglaterra. No se trata de un detalle menor, teniendo en cuenta que su elección ha supuesto algo más que un terremoto con riesgo de cisma en esta confesión cristiana que profesan 97 millones de habitantes, en tanto que algunas facciones más conservadoras se resisten a reconocer su autoridad. Además, Roma no ha demorado el encuentro, teniendo en cuenta que Mullally tomó posesión el 25 de marzo en Londres y que León XIV ha estado dos semanas fuera, de gira por África.. «Sería un escándalo si no continuáramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy difíciles que puedan parecer», expuso el Papa durante el encuentro en el Palacio Apostólico, que no incluyó solo una reunión a puerta cerrada, sino también una oración compartida en el Capilla Urbano VIII. León XIV recordó a su interlocutora que su propio lema episcopal, tomado de san. Agustín, habla de esa necesidad de unidad entre los seguidores de Jesús de Nazaret: «In Illo uno unum», esto es, «En Aquel que es uno» –es decir, Cristo– «somos uno».. Camino complejo. Nada más arrancar su alocución, el Pontífice norteamericano trajo al presente el encuentro que mantuvieron hace sesenta años Pablo VI y el entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, en tanto que fue la primera cita entre un Papa y el mentor de los anglicanos desde el cisma protagonizado por Enrique VIII. En aquel entonces, ambos hablaron de buscar la «restauración de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental». León XIV admitió que «ciertamente, este camino ecuménico ha sido complejo». «Aunque se han logrado avances importantes en algunas cuestiones históricamente divisivas, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, lo que hace más difícil discernir el camino hacia la plena comunión», dejó caer el Papa.. Lo cierto es que estas palabras de búsqueda de puntos de encuentro del Papa agustino tienen lugar cuando en realidad las distancias entre anglicanos y católicos para lograr la plena comunión se acrecientan. El punto de partida de este distanciamiento arrancó en 1992, cuando la Iglesia de Inglaterra aprobó la ordenación sacerdotal de las mujeres, una decisión que abriría la puerta a nombrar obispas. Desde Roma, esta posibilidad es inviable hoy por hoy. Ni tan siquiera el Papa Francisco llegó a pronunciarse sobre el diaconado femenino y, menos aún, que este ministerio para las mujeres pudiera considerarse como una antesala para la ordenación sacerdotal. El otro asunto de disonancia es la acogida al colectivo homosexual.. Con estas diferencias por delante que parecen insalvables a corto plazo para una reconciliación y fusión, más allá de que el monarca británico reconociera la primacía del Papa de Roma, los responsables de ambos credos buscan poner el foco en aquello que sí comparten. Y ahí es donde juega un papel determinante lo que Francisco denominó «el ecumenismo de la caridad». O lo que es lo mismo, mientras no se puede avanzar en materia dogmática, sí se puede compartir sus obras sociales. En su discurso, Mullally enfatizó que «en nuestro camino ecuménico» hay que fortalecer «una práctica más profunda de la hospitalidad».
León XIV recibe a la primera mujer elegida arzobispa de Canterbury
El Papa católico y la «papisa» anglicana, juntos en el Vaticano. León XIV recibió este lunes en audiencia a Sarah Mullally, la primera mujer en la historia que ha sido elegida arzobispo de Canterbury en cinco siglos de historia. Este encuentro la legitima como interlocutora directa del Papa al ser de facto la líder pastoral de la Iglesia anglicana, que tiene como cabeza institucional al rey Carlos de Inglaterra. No se trata de un detalle menor, teniendo en cuenta que su elección ha supuesto algo más que un terremoto con riesgo de cisma en esta confesión cristiana que profesan 97 millones de habitantes, en tanto que algunas facciones más conservadoras se resisten a reconocer su autoridad. Además, Roma no ha demorado el encuentro, teniendo en cuenta que Mullally tomó posesión el 25 de marzo en Londres y que León XIV ha estado dos semanas fuera, de gira por África.. «Sería un escándalo si no continuáramos trabajando para superar nuestras diferencias, por muy difíciles que puedan parecer», expuso el Papa durante el encuentro en el Palacio Apostólico, que no incluyó solo una reunión a puerta cerrada, sino también una oración compartida en el Capilla Urbano VIII. León XIV recordó a su interlocutora que su propio lema episcopal, tomado de san. Agustín, habla de esa necesidad de unidad entre los seguidores de Jesús de Nazaret: «In Illo uno unum», esto es, «En Aquel que es uno» –es decir, Cristo– «somos uno».. Nada más arrancar su alocución, el Pontífice norteamericano trajo al presente el encuentro que mantuvieron hace sesenta años Pablo VI y el entonces arzobispo de Canterbury, Michael Ramsey, en tanto que fue la primera cita entre un Papa y el mentor de los anglicanos desde el cisma protagonizado por Enrique VIII. En aquel entonces, ambos hablaron de buscar la «restauración de la plena comunión en la fe y en la vida sacramental». León XIV admitió que «ciertamente, este camino ecuménico ha sido complejo». «Aunque se han logrado avances importantes en algunas cuestiones históricamente divisivas, en las últimas décadas han surgido nuevos problemas, lo que hace más difícil discernir el camino hacia la plena comunión», dejó caer el Papa.. Lo cierto es que estas palabras de búsqueda de puntos de encuentro del Papa agustino tienen lugar cuando en realidad las distancias entre anglicanos y católicos para lograr la plena comunión se acrecientan. El punto de partida de este distanciamiento arrancó en 1992, cuando la Iglesia de Inglaterra aprobó la ordenación sacerdotal de las mujeres, una decisión que abriría la puerta a nombrar obispas. Desde Roma, esta posibilidad es inviable hoy por hoy. Ni tan siquiera el Papa Francisco llegó a pronunciarse sobre el diaconado femenino y, menos aún, que este ministerio para las mujeres pudiera considerarse como una antesala para la ordenación sacerdotal. El otro asunto de disonancia es la acogida al colectivo homosexual.. Con estas diferencias por delante que parecen insalvables a corto plazo para una reconciliación y fusión, más allá de que el monarca británico reconociera la primacía del Papa de Roma, los responsables de ambos credos buscan poner el foco en aquello que sí comparten. Y ahí es donde juega un papel determinante lo que Francisco denominó «el ecumenismo de la caridad». O lo que es lo mismo, mientras no se puede avanzar en materia dogmática, sí se puede compartir sus obras sociales. En su discurso, Mullally enfatizó que «en nuestro camino ecuménico» hay que fortalecer «una práctica más profunda de la hospitalidad».
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