En el centro religioso de Asiria, junto a las estelas levantadas por reyes y altos funcionarios, se conserva una piedra inscrita por una mujer (actualmente en el Museo de Pérgamo, Berlín, Alemania). Su texto es breve y deliberado. Se titula a sí misma esposa de Shamshi-Adad y madre de Adad-nirari, ambos «reyes de Asiria y del universo» y de Asiria, y nuera de Salmanasar, «rey de los cuatro confines». La piedra se alzó en Aššur hacia el 810 a. C. y figura entre los tres únicos monumentos firmados por mujeres en aquel recinto sagrado. La firmó Sammu-ramat.. Su origen es incierto. Se la ha situado, sin pruebas firmes, en lugares tan dispares como Babilonia, el Levante, Armenia o algún reino arameo. Su primera mención cierta figura en una cuenta de ojo dedicada a Ishtar durante el reinado de su marido, Shamshi-Adad V (824-811 a. C.). Aquel reinado había empezado tras una guerra civil contra su hermano Aššur-danin-pal, que dejó al imperio fracturado y a la dinastía privada de la fuerza de tiempos de Salmanasar III. Sammu-ramat aparece como consorte en un escenario disminuido.. La reina madre. A la muerte del rey, en 811 a. C., el trono pasó a Adad-nirari III, su hijo, todavía demasiado joven para gobernar por sí solo. Por ello, la reina madre conservó el título de reina («mí.é.gal») tras la muerte de su esposo, algo que ningún otro testimonio asirio confirma para otra mujer. Se desconoce el estatus oficial, si fue regente formal, corregente o autoridad, pero el peso de los testimonios indica que ejerció un poder real en los primeros años del nuevo reinado.. La prueba más significativa de ese poder es la estela de Pazarcık, en el sureste de la actual Turquía. Erigida hacia 805 a. C. para fijar la frontera entre Kummuh y Gurgum, conmemora una expedición militar contra una coalición de ocho reyes encabezada por Atarshumki de Arpad. El texto nombra a Adad-nirari hijo de ambos progenitores, Shamshi-Adad y Sammu-ramat. Los reyes mencionaban siempre a sus padres, no a sus madres. Más adelante, la inscripción dice que Uspilulume de Kummuh «hizo cruzar el Éufrates» a Adad-nirari y a la reina Sammu-ramat. El verbo está en plural. La frase los sitúa juntos en la frontera, en la marcha, en el frente.. La batalla se atribuye al rey en singular, en cumplimiento de la ideología regia que reservaba al monarca el acto de combatir. Pero el establecimiento del límite, el gesto político que daba sentido a la campaña, regresa al plural y dice que «levantaron» la estela. Sammu-ramat es la única mujer documentada en la historia asiria como partícipe de una campaña al otro lado del Éufrates, tal y como haría posteriormente, en el imperio romano, Julia Domna. Sebastian Fink ha sugerido que la prominencia que la inscripción le concede podría indicar que dirigió ella misma la campaña.. Tiempo de silencio. Su huella se extiende a otros lugares. En Kalhu (la actual Nimrud), el gobernador Bel-tarsi-ilumma consagró dos estatuas idénticas al dios Nabû «por la vida» de Adad-nirari y Sammu-ramat, fórmula reservada al rey. Otra estela, la de Saba’a, se interpretó como prueba de cinco años de regencia en solitario, aunque la epigrafía posterior ha matizado la lectura. La reina debió de morir hacia 798 a. C., cuando su hijo gobernaba ya con plena autoridad.. Y entonces empezó el silencio. Las crónicas asirias posteriores no la nombran. Las listas de reyes la ignoran. La ideología real no podía acomodar a una figura femenina con tal grado de mando, y la borró de su memoria oficial. Sammu-ramat desapareció del registro cuneiforme con la misma rapidez con que había irrumpido en él.. La memoria de su poder, sin embargo, viajó por otras vías. Los griegos accedieron al saber asirio sobre todo a través de Ctesias de Cnido, médico de Artajerjes II en el siglo IV a. C., y lo hicieron en una versión muy alterada. La reina apareció con el nombre de Semíramis, hija de la diosa Derceto, criada por palomas, esposa del rey ficticio Nino, fundadora legendaria de Babilonia. Diodoro Sículo, en el siglo I a. C., la desarrolló con detalle y la convirtió en arquetipo. Heródoto la había mencionado antes con sobriedad. Muchos relatos se mezclan y la convierten en figura mitológica. La Semíramis griega bebe del culto a Astarté, de los relatos de Inanna y de la imaginación helena ante Oriente. Comparte poco con la mujer que firmó la piedra de Aššur.. La leyenda de Semíramis sobrevive en bibliotecas. El nombre de Sammu-ramat sobrevive seis o siete inscripciones repartidas entre Aššur, Kalhu y Pazarcık. La leyenda griega, en cambio, ocupa estantes enteros. Y sin embargo, cada vez que se pronuncia el nombre de Semíramis, se pronuncia también, deformado, el nombre de Sammu-ramat.
El origen de Sammut-ramat sigue siendo hoy un misterio. Estamos ante una mujer a laque se ha situado, sin pruebas firmes, en lugares tan dispares como Babilonia, el Levante o Armenia
En el centro religioso de Asiria, junto a las estelas levantadas por reyes y altos funcionarios, se conserva una piedra inscrita por una mujer (actualmente en el Museo de Pérgamo, Berlín, Alemania). Su texto es breve y deliberado. Se titula a sí misma esposa de Shamshi-Adad y madre de Adad-nirari, ambos «reyes de Asiria y del universo» y de Asiria, y nuera de Salmanasar, «rey de los cuatro confines». La piedra se alzó en Aššur hacia el 810 a. C. y figura entre los tres únicos monumentos firmados por mujeres en aquel recinto sagrado. La firmó Sammu-ramat.. Su origen es incierto. Se la ha situado, sin pruebas firmes, en lugares tan dispares como Babilonia, el Levante, Armenia o algún reino arameo. Su primera mención cierta figura en una cuenta de ojo dedicada a Ishtar durante el reinado de su marido, Shamshi-Adad V (824-811 a. C.). Aquel reinado había empezado tras una guerra civil contra su hermano Aššur-danin-pal, que dejó al imperio fracturado y a la dinastía privada de la fuerza de tiempos de Salmanasar III. Sammu-ramat aparece como consorte en un escenario disminuido.. La reina madre. A la muerte del rey, en 811 a. C., el trono pasó a Adad-nirari III, su hijo, todavía demasiado joven para gobernar por sí solo. Por ello, la reina madre conservó el título de reina («mí.é.gal») tras la muerte de su esposo, algo que ningún otro testimonio asirio confirma para otra mujer. Se desconoce el estatus oficial, si fue regente formal, corregente o autoridad, pero el peso de los testimonios indica que ejerció un poder real en los primeros años del nuevo reinado.. La prueba más significativa de ese poder es la estela de Pazarcık, en el sureste de la actual Turquía. Erigida hacia 805 a. C. para fijar la frontera entre Kummuh y Gurgum, conmemora una expedición militar contra una coalición de ocho reyes encabezada por Atarshumki de Arpad. El texto nombra a Adad-nirari hijo de ambos progenitores, Shamshi-Adad y Sammu-ramat. Los reyes mencionaban siempre a sus padres, no a sus madres. Más adelante, la inscripción dice que Uspilulume de Kummuh «hizo cruzar el Éufrates» a Adad-nirari y a la reina Sammu-ramat. El verbo está en plural. La frase los sitúa juntos en la frontera, en la marcha, en el frente.. La batalla se atribuye al rey en singular, en cumplimiento de la ideología regia que reservaba al monarca el acto de combatir. Pero el establecimiento del límite, el gesto político que daba sentido a la campaña, regresa al plural y dice que «levantaron» la estela. Sammu-ramat es la única mujer documentada en la historia asiria como partícipe de una campaña al otro lado del Éufrates, tal y como haría posteriormente, en el imperio romano, Julia Domna. Sebastian Fink ha sugerido que la prominencia que la inscripción le concede podría indicar que dirigió ella misma la campaña.. Tiempo de silencio. Su huella se extiende a otros lugares. En Kalhu (la actual Nimrud), el gobernador Bel-tarsi-ilumma consagró dos estatuas idénticas al dios Nabû «por la vida» de Adad-nirari y Sammu-ramat, fórmula reservada al rey. Otra estela, la de Saba’a, se interpretó como prueba de cinco años de regencia en solitario, aunque la epigrafía posterior ha matizado la lectura. La reina debió de morir hacia 798 a. C., cuando su hijo gobernaba ya con plena autoridad.. Y entonces empezó el silencio. Las crónicas asirias posteriores no la nombran. Las listas de reyes la ignoran. La ideología real no podía acomodar a una figura femenina con tal grado de mando, y la borró de su memoria oficial. Sammu-ramat desapareció del registro cuneiforme con la misma rapidez con que había irrumpido en él.. La memoria de su poder, sin embargo, viajó por otras vías. Los griegos accedieron al saber asirio sobre todo a través de Ctesias de Cnido, médico de Artajerjes II en el siglo IV a. C., y lo hicieron en una versión muy alterada. La reina apareció con el nombre de Semíramis, hija de la diosa Derceto, criada por palomas, esposa del rey ficticio Nino, fundadora legendaria de Babilonia. Diodoro Sículo, en el siglo I a. C., la desarrolló con detalle y la convirtió en arquetipo. Heródoto la había mencionado antes con sobriedad. Muchos relatos se mezclan y la convierten en figura mitológica. La Semíramis griega bebe del culto a Astarté, de los relatos de Inanna y de la imaginación helena ante Oriente. Comparte poco con la mujer que firmó la piedra de Aššur.. La leyenda de Semíramis sobrevive en bibliotecas. El nombre de Sammu-ramat sobrevive seis o siete inscripciones repartidas entre Aššur, Kalhu y Pazarcık. La leyenda griega, en cambio, ocupa estantes enteros. Y sin embargo, cada vez que se pronuncia el nombre de Semíramis, se pronuncia también, deformado, el nombre de Sammu-ramat.
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