A medio camino entre la emergencia energética y el distanciamiento de Washington, la Unión Europea buscaba en Nicosia una autonomía estratégica que no termina de llegar. La segunda jornada de la cumbre informal de líderes europeos dejó dos cosas claras: las medidas propuestas para hacer frente a la crisis energética no convencen a los Veintisiete, y la batalla por el presupuesto europeo para los próximos siete años no ha hecho más que empezar.. El paquete de recomendaciones presentado el miércoles por la Comisión Europea para atajar la escalada de precios fue recibido con escepticismo por varios Estados miembros. El documento evita, por ahora, impulsar un impuesto común sobre los beneficios extraordinarios de las grandes compañías, una medida defendida por países como España, Alemania o Italia. En su lugar, Bruselas opta por dejar esta decisión a cargo de cada gobierno nacional, sin articular un marco comunitario.. Esta falta de determinación fue uno de los principales puntos de fricción en la cumbre, donde varios líderes han reclamado una estrategia más contundente y coordinada a nivel europeo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue uno de los más críticos: “Hay empresas que ahora mismo se están beneficiando del alza del precio del crudo”, subrayó, defendiendo una acción conjunta que permita “financiar buena parte de las respuestas” destinadas a proteger a los ciudadanos. En la misma línea, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, consideró que las iniciativas europeas no implican “un paso adelante suficiente”.. Además del gravamen a las energéticas, España e Italia plantearon flexibilizar las reglas fiscales para facilitar inversiones en transición verde. Sánchez también propuso ampliar los fondos europeos de recuperación para reforzar la electrificación y el desarrollo de renovables, insistiendo en que “la gran lección de todos estos shocks energéticos” es la necesidad de acelerar ese proceso. Por su parte, el presidente chipriota y anfitrión de la cumbre, Níkos Christodoulídis, anunció que los líderes encargarán a los ministros de Economía la elaboración de medidas concretas para aplicar a corto plazo.. Pese a que la urgencia en Oriente Medio ha vuelto a marcar el ritmo de los líderes europeos, la negociación del presupuesto 2028-2034, que debía celebrarse originalmente en una cumbre el 19 de marzo, ha logrado abrirse paso en esta cita. Bajo la mediación de la presidencia chipriota y el impulso del presidente del Consejo Europeo, António Costa, los Estados miembros han iniciado el debate sobre el próximo marco financiero, valorado en 1,8 billones de euros, con el objetivo de presentar un primer borrador este verano.. Pero las fracturas internas en el seno de los Veintisiete quedaron al descubierto tras las rondas de negociación, dejando en el aire la posibilidad de un consenso antes de que termine el año. Mientras la Comisión y países como Francia abogan por un despliegue de recursos ambicioso, el bloque liderado por Alemania y los Países Bajos exige más austeridad. El canciller alemán, Friedrich Merz, señaló que la propuesta actual está desconectada de la realidad financiera de los socios: “En un momento en que casi todos los Estados miembros están llevando a cabo los esfuerzos de consolidación fiscal más rigurosos a nivel nacional, un aumento masivo del presupuesto de la UE, como propone la Comisión, no encaja con la situación”, sentenció, alineándose con la postura del primer ministro holandés, Rob Jetten, quien calificó de «inaceptable» el monto planteado.. El principal núcleo de fricción fue la creación de los llamados «recursos propios» -gravámenes sobre emisiones, residuos y beneficios empresariales con los que se planea recaudar 66.000 millones de euros anuales- para reducir la dependencia de las arcas nacionales. Pese al rechazo que estas tasas generan en gran parte de las capitales, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, mantiene esa hoja de ruta bajo la premisa de que “los recursos propios son indispensables”.. El debate sobre la autonomía estratégica de Europa dio un giro decisivo en la cumbre de Nicosia, donde la seguridad colectiva se consolidó como prioridad ante el distanciamiento de Washington respecto a sus socios atlánticos. La presión de Chipre por definir el artículo 42.7 -el mecanismo de defensa mutua de la UE- ha forzado a Bruselas a mover ficha. Aunque “el Tratado es muy claro sobre el qué”, según reconoció Von der Leyen ante los líderes europeos, “no es claro sobre cuándo y quién hace qué”. Al respecto, la alta representante para Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, dijo que ya se trabaja en una estrategia de respuesta integral que cubra desde ofensivas físicas hasta ciberataques. Christodoulídis instó a que los Estados miembros presenten “ideas específicas” con el fin de estructurar un plan estratégico eficaz.. Los socios comunitarios también aprovecharon el encuentro de este viernes para estrechar lazos con sus vecinos de Oriente Medio. En una reunión que incluyó a representantes de Egipto, Jordania, Líbano y Siria, se planteó que la misión europea en el mar Rojo deje de ser una “mera protección” para convertirse en una “coordinación conjunta sofisticada”, con el fin de reducir los costes que el bloqueo del estrecho de Ormuz genera a los países europeos. “Nuestras prioridades son claras: en primer lugar, restaurar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. En segundo lugar, trabajar hacia un alto al fuego estable y duradero que lleve a una paz duradera en la región”, señaló Costa en rueda de prensa.
A medio camino entre la emergencia energética y el distanciamiento de Washington, la Unión Europea buscaba en Nicosia una autonomía estratégica que no termina de llegar. La segunda jornada de la cumbre informal de líderes europeos dejó dos cosas claras: las medidas propuestas para hacer frente a la crisis energética no convencen a los Veintisiete, y la batalla por el presupuesto europeo para los próximos siete años no ha hecho más que empezar.. El paquete de recomendaciones presentado el miércoles por la Comisión Europea para atajar la escalada de precios fue recibido con escepticismo por varios Estados miembros. El documento evita, por ahora, impulsar un impuesto común sobre los beneficios extraordinarios de las grandes compañías, una medida defendida por países como España, Alemania o Italia. En su lugar, Bruselas opta por dejar esta decisión a cargo de cada gobierno nacional, sin articular un marco comunitario.. Esta falta de determinación fue uno de los principales puntos de fricción en la cumbre, donde varios líderes han reclamado una estrategia más contundente y coordinada a nivel europeo. El presidente del Gobierno, Pedro Sánchez, fue uno de los más críticos: “Hay empresas que ahora mismo se están beneficiando del alza del precio del crudo”, subrayó, defendiendo una acción conjunta que permita “financiar buena parte de las respuestas” destinadas a proteger a los ciudadanos. En la misma línea, la primera ministra italiana, Giorgia Meloni, consideró que las iniciativas europeas no implican “un paso adelante suficiente”.. Además del gravamen a las energéticas, España e Italia plantearon flexibilizar las reglas fiscales para facilitar inversiones en transición verde. Sánchez también propuso ampliar los fondos europeos de recuperación para reforzar la electrificación y el desarrollo de renovables, insistiendo en que “la gran lección de todos estos shocks energéticos” es la necesidad de acelerar ese proceso. Por su parte, el presidente chipriota y anfitrión de la cumbre, Níkos Christodoulídis, anunció que los líderes encargarán a los ministros de Economía la elaboración de medidas concretas para aplicar a corto plazo.. Pese a que la urgencia en Oriente Medio ha vuelto a marcar el ritmo de los líderes europeos, la negociación del presupuesto 2028-2034, que debía celebrarse originalmente en una cumbre el 19 de marzo, ha logrado abrirse paso en esta cita. Bajo la mediación de la presidencia chipriota y el impulso del presidente del Consejo Europeo, António Costa, los Estados miembros han iniciado el debate sobre el próximo marco financiero, valorado en 1,8 billones de euros, con el objetivo de presentar un primer borrador este verano.. Pero las fracturas internas en el seno de los Veintisiete quedaron al descubierto tras las rondas de negociación, dejando en el aire la posibilidad de un consenso antes de que termine el año. Mientras la Comisión y países como Francia abogan por un despliegue de recursos ambicioso, el bloque liderado por Alemania y los Países Bajos exige más austeridad. El canciller alemán, Friedrich Merz, señaló que la propuesta actual está desconectada de la realidad financiera de los socios: “En un momento en que casi todos los Estados miembros están llevando a cabo los esfuerzos de consolidación fiscal más rigurosos a nivel nacional, un aumento masivo del presupuesto de la UE, como propone la Comisión, no encaja con la situación”, sentenció, alineándose con la postura del primer ministro holandés, Rob Jetten, quien calificó de «inaceptable» el monto planteado.. El principal núcleo de fricción fue la creación de los llamados «recursos propios» -gravámenes sobre emisiones, residuos y beneficios empresariales con los que se planea recaudar 66.000 millones de euros anuales- para reducir la dependencia de las arcas nacionales. Pese al rechazo que estas tasas generan en gran parte de las capitales, la presidenta de la Comisión, Ursula von der Leyen, mantiene esa hoja de ruta bajo la premisa de que “los recursos propios son indispensables”.. El debate sobre la autonomía estratégica de Europa dio un giro decisivo en la cumbre de Nicosia, donde la seguridad colectiva se consolidó como prioridad ante el distanciamiento de Washington respecto a sus socios atlánticos. La presión de Chipre por definir el artículo 42.7 -el mecanismo de defensa mutua de la UE- ha forzado a Bruselas a mover ficha. Aunque “el Tratado es muy claro sobre el qué”, según reconoció Von der Leyen ante los líderes europeos, “no es claro sobre cuándo y quién hace qué”. Al respecto, la alta representante para Asuntos Exteriores de la UE, Kaja Kallas, dijo que ya se trabaja en una estrategia de respuesta integral que cubra desde ofensivas físicas hasta ciberataques. Christodoulídis instó a que los Estados miembros presenten “ideas específicas” con el fin de estructurar un plan estratégico eficaz.. Los socios comunitarios también aprovecharon el encuentro de este viernes para estrechar lazos con sus vecinos de Oriente Medio. En una reunión que incluyó a representantes de Egipto, Jordania, Líbano y Siria, se planteó que la misión europea en el mar Rojo deje de ser una “mera protección” para convertirse en una “coordinación conjunta sofisticada”, con el fin de reducir los costes que el bloqueo del estrecho de Ormuz genera a los países europeos. “Nuestras prioridades son claras: en primer lugar, restaurar la libertad de navegación en el estrecho de Ormuz. En segundo lugar, trabajar hacia un alto al fuego estable y duradero que lleve a una paz duradera en la región”, señaló Costa en rueda de prensa.
Las inversiones en transición verde, la negociación del presupuesto 2028-2034 ante la urgencia en Oriente Medio, y la seguridad colectiva ante el distanciamiento de EE UU fueron temas que también se trataron
Internacional: noticias internacionales de hoy en La Razón
